Salmos — Sal 22.23
23¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:
Salmos — Sal 104
1¡Alma mía, bendice a Yahveh! ¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad, 2arropado de luz como de un manto, tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda, 3levantas sobre las aguas tus altas moradas; haciendo de las nubes carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas; 4tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros. 5Sobre sus bases asentaste la tierra, inconmovible para siempre jamás. 6Del océano, cual vestido, la cubriste, sobre los montes persistían las aguas; 7al increparlas tú, emprenden la huída, se precipitan al oír tu trueno, 8y saltan por los montes, descienden por los valles, hasta el lugar que tú les asignaste; 9un término les pones que no crucen, por que no vuelvan a cubrir la tierra. 10Haces manar las fuentes en los valles, entre los montes se deslizan; 11a todas las bestias de los campos abrevan, en ellas su sed apagan los onagros; 12sobre ellas habitan las aves de los cielos, dejan oír su voz entre la fronda. 13De tus altas moradas abrevas las montañas, del fruto de tus obras se satura la tierra; 14la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan, 15y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre. 16Se empapan bien los árboles de Yahveh, los cedros del Líbano que él plantó; 17allí ponen los pájaros su nido, su casa en su copa la cigüeña; 18los altos montes, para los rebecos, para los damanes, el cobijo de las rocas. 19Hizo la luna para marcar los tiempos, conoce el sol su ocaso; 20mandas tú las tinieblas, y es la noche, en ella rebullen todos los animales de la selva, 21los leoncillos rugen por la presa, y su alimento a Dios reclaman. 22Cuando el sol sale, se recogen, y van a echarse a sus guaridas; 23el hombre sale a su trabajo, para hacer su faena hasta la tarde. 24¡Cuán numerosas tus obras, Yahveh! Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra. 25Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños; 26por allí circulan los navíos, y Leviatán que tú formaste para jugar con él. 27Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su alimento; 28tú se lo das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes. 29Escondes tu rostro y se anonadan, les retiras su soplo, y expiran y a su polvo retornan. 30Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra. 31¡Sea por siempre la gloria de Yahveh, en sus obras Yahveh se regocije! 32El que mira a la tierra y ella tiembla, toca los montes y echan humo. 33A Yahveh mientras viva he de cantar, mientras exista salmodiaré para mi Dios. 34¡Oh, que mi poema le complazca! Yo en Yahveh tengo mi gozo. 35¡Que se acaben los pecadores en la tierra, y ya no más existan los impíos! ¡Bendice a Yahveh, alma mía!
Salmos — Sal 105
0¡Aleluya! 1¡Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas! 2¡Cantadle, salmodiad para él, sus maravillas todas recitad; 3gloriaos en su santo nombre, se alegre el corazón de los que buscan a Yahveh! 4¡Buscad a Yahveh y su fuerza, id tras su rostro sin descanso, 5recordad las maravillas que él ha hecho, sus prodigios y los juicios de su boca! 6Raza de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: 7él, Yahveh, es nuestro Dios, por toda la tierra sus juicios. 8El se acuerda por siempre de su alianza, palabra que impuso a mil generaciones, 9lo que pactó con Abraham, el juramento que hizo a Isaac, 10y que puso a Jacob como precepto, a Israel como alianza eterna, 11diciendo: «Yo te daré la tierra de Canaán por parte de vuestra herencia». 12Aunque ellos eran poco numerosos, gente de paso y forasteros allí, 13cuando iban de nación en nación, desde un reino a otro pueblo, 14a nadie permitió oprimirles, por ellos castigó a los reyes: 15«Guardaos de tocar a mis ungidos, ni mal alguno hagáis a mis profetas.» 16Llamó al hambre sobre aquel país, todo bastón de pan rompió; 17delante de ellos envió a un hombre, José, vendido como esclavo. 18Sus pies vejaron con grilletes, por su cuello pasaron las cadenas, 19hasta que se cumplió su predicción, y le acreditó la palabra de Yahveh. 20El rey mandó a soltarle, el soberano de pueblos, a dejarle libre; 21le erigió señor sobre su casa, y de toda su hacienda soberano, 22para instruir a su gusto a sus magnates, y a sus ancianos hacer sabios. 23Entonces Israel entró en Egipto, Jacob residió en el país de Cam. 24El aumentó a su pueblo en gran manera, le hizo más fuerte que sus adversarios; 25cambió el corazón de éstos para que odiasen a su pueblo y a sus siervos pusieran asechanzas. 26Luego envió a Moisés su servidor, y Aarón, su escogido, 27que hicieron entre ellos sus señales anunciadas, prodigios en el país de Cam. 28Mandó tinieblas y tinieblas hubo, mas ellos desafiaron sus palabras. 29Trocó en sangre sus aguas y a sus peces dio muerte. 30Pululó de ranas su país, hasta en las moradas de sus reyes; 31mandó él, y vinieron los mosquitos, los cínifes por toda su comarca. 32Les dio por lluvia el granizo, llamas de fuego en su país; 33hirió sus viñedos, sus higueras, y los árboles quebró de su comarca. 34Dio la orden, y llegó la langosta, y el pulgón en número incontable; 35comieron toda hierba en su país, comieron el fruto de su suelo. 36E hirió en su país a todo primogénito, las primicias de todo su vigor; 37y a ellos los sacó con plata y oro, ni uno solo flaqueó de entre sus tribus. 38Egipto se alegró de su salida, pues era presa del terror. 39El desplegó una nube por cubierta, y un fuego para alumbrar de noche. 40Pidieron, y trajo codornices, de pan de los cielos los hartó; 41abrió la roca, y brotaron las aguas, como río corrieron por los sequedales. 42Recordando su palabra sagrada dada a Abraham su servidor, 43sacó a su pueblo en alborozo, a sus elegidos entre gritos de júbilo. 44Y las tierras les dio de las naciones, el trabajo de las gentes heredaron, 45a fin de que garden sus preceptos y sus leyes observen.
Salmos — Sal 65
1Del maestro de coro. Salmo. De David. Cántico. 2A ti se debe la alabanza, oh Dios, en Sión. A ti el voto se te cumple, 3tú que escuchas la oración. Hasta ti toda carne viene 4con sus obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, pero tú las borras. 5Dichoso tu elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa, de las cosas santas de tu Templo! 6Tú nos responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas; 7tú que afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido, 8y acallas el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en bullicio, 9por tus señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de la tarde haces tú gritar de júbilo. 10Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas: 11riegas sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos. 12Tú coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura; 13destilan los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría; 14las praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos de gozo, y las canciones!
Salmos — Sal 118
0¡Aleluya! 1¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor! 2¡Diga la casa de Israel: que es eterno su amor! 3¡Diga la casa de Aarón: que es eterno su amor! 4¡Digan los que temen a Yahveh: que es eterno su amor! 5En mi angustia hacia Yahveh grité, él me respondió y me dio respiro; 6Yahveh está por mí, no tengo miedo, ¿qué puede hacerme el hombre? 7Yahveh está por mí, entre los que me ayudan, y yo desafío a los que me odian. 8Mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en hombre; 9mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en magnates. 10Me rodeaban todos los gentiles: en el nombre de Yahveh los cercené; 11me rodeaban, me asediaban: en el nombre de Yahveh los cercené. 12Me rodeaban como avispas, llameaban como fuego de zarzas: en el nombre de Yahveh los cercené. 13Se me empujó, se me empujó para abatirme, pero Yahveh vino en mi ayuda; 14mi fuerza y mi cántico es Yahveh, él ha sido para mí la salvación. 15Clamor de júbilo y salvación, en las tiendas de los justos: «¡La diestra de Yahveh hace proezas, 16excelsa la diestra de Yahveh, la diestra de Yahveh hace proezas!» 17No, no he de morir, que viviré, y contaré las obras de Yahveh; 18me castigó, me castigó Yahveh, pero a la muerte no me entregó. 19¡Abridme las puertas de justicia, entraré por ellas, daré gracias a Yahveh! 20Aquí está la puerta de Yahveh, por ella entran los justos. 21Gracias te doy, porque me has respondido, y has sido para mí la salvación. 22La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido; 23esta ha sido la obra de Yahveh, una maravilla a nuestros ojos. 24¡Este es el día que Yahveh ha hecho, exultemos y gocémonos en él! 25¡Ah, Yahveh, da la salvación! ¡Ah, Yahveh, da el éxito! 26¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh! Desde la Casa de Yahveh os bendecimos. 27Yahveh es Dios, él nos ilumina. ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los cuernos del altar! 28Tú eres mi Dios, yo te doy gracias, Dios mío, yo te exalto. 29¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Salmos — Sal 40,6
6¡Cuántas maravillas has hecho, Yahveh, Dios mío, qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti! Yo quisiera publicarlos, pregonarlos, mas su número excede toda cuenta.
Salmos — Sal 99,3
3loen tu nombre grande y venerable: santo es él.
Salmos — Sal 40,10
10He publicado la justicia en la gran asamblea; mira, no he contenido mis labios, tú lo sabes, Yahveh.
Salmos — Sal 92,5s
5Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas, ante las obras de tus manos grito: 6«¡Qué grandes son tus obras, Yahveh, qué hondos tus pensamientos!»
Salmos — Sal 76,2
2En Judá Dios es conocido, grande es su nombre en Israel;
Salmos — Sal 106
1¡Aleluya! ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor! 2¿Quién dirá las proezas de Yahveh, hará oír toda su alabanza? 3¡Dichosos los que guardan el derecho, los que practican en todo tiempo la justicia! 4¡Acuérdate de mí, Yahveh, por amor de tu pueblo; con tu salvación visítame, 5que vea yo la dicha de tus elegidos, me alegre en la alegría de tu pueblo, con tu heredad me felicite! 6Hemos pecado como nuestros padres, hemos faltado, nos hemos hecho impíos; 7nuestros padres, en Egipto, no comprendieron tus prodigios. No se acordaron de tu inmenso amor, se rebelaron contra el Altísimo junto al mar de Suf. 8El los salvó por amor de su nombre, para dar a conocer su poderío. 9Increpó al mar de Suf y éste se secó, los llevó por los abismos como por un desierto, 10los salvó de la mano del que odíaba, de la mano del enemigo los libró. 11El agua cubrió a sus adversarios, ni uno solo quedó. 12Entonces ellos tuvieron fe en sus palabras y sus laudes cantaron. 13Mas pronto se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo; 14en el desierto ardían de avidez, a Dios tentaban en la estepa. 15El les concedió lo que pedían, mandó fiebre a sus almas. 16Y en el campamento, de Moisés tuvieron celos, de Aarón, el santo de Yahveh. 17Se abre la tierra, traga a Datán, y cubre a la cuadrilla de Abirón; 18un fuego se enciende contra su cuadrilla, una llama abrasa a los impíos 19En Horeb se fabricaron un becerro, se postraron ante un metal fundido, 20y cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come heno. 21Olvidaban a Dios que les salvaba, al autor de cosas grandes en Egipto, 22de prodigios en el país de Cam, de portentos en el mar de Suf. 23Hablaba ya de exterminarlos, si no es porque Moisés, su elegido, se mantuvo en la brecha en su presencia, para apartar su furor de destruirlos. 24Una tierra de delicias desdeñaron, en su palabra no tuvieron fe; 25murmuraron dentro de sus tiendas, no escucharon la voz de Yahveh. 26Y él, mano en alto, les juró hacerles caer en el desierto, 27desperdigar su raza entre las naciones, y dispersarlos por los países. 28Luego se vincularon a Baal Peor y comieron sacrificios de muertos. 29Así le irritaron con sus obras, y una plaga descargó sobre ellos. 30Entonces surgió Pinjás, zanjó, y la plaga se detuvo; 31esto se le contó como justicia de edad en edad, para siempre. 32En las aguas de Meribá le enojaron, y mal le fue a Moisés por culpa de ellos, 33pues le amargaron el espíritu, y habló a la ligera con sus labios. 34No exterminaron a los pueblos que Yahveh les había señalado, 35sino que se mezclaron con las gentes, aprendieron sus prácticas. 36Sirvieron a sus ídolos que fueron un lazo para ellos; 37sacrificaban sus hijos y sus hijas a demonios. 38Sangre inocente derramaban, la sangre de sus hijos y sus hijas, que inmolaban a los ídolos de Canaán, y fue el país profanado de sangre. 39Así se manchaban con sus obras, y se prostituían con sus prácticas. 40Entonces se inflamó la cólera de Yahveh contra su pueblo, y abominó de su heredad. 41Los entregó en mano de las gentes, y los dominaron los que los odiaban; 42sus enemigos los tiranizaron, bajo su mano quedaron humillados. 43Muchas veces los libró aunque ellos, en su propósito obstinados, se hundían en su culpa; 44y los miró cuando estaban en apuros, escuchando su clamor. 45Se acordó en favor de ellos de su alianza, se enterneció según su inmenso amor; 46hizo que de ellos se apiadaran aquellos que cautivos los tenían. 47¡Sálvanos, Yahveh, Dios nuestro, reúnenos de entre las naciones, para dar gracias a tu nombre santo, y gloriarnos en tu alabanza! 48¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, por eternidad de eternidades! Y el pueblo todo diga: ¡Amén!
Salmos — Sal 32,5
5Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado.