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Enfermedad - Curación

95 citas resueltas — Texto completo

Salmos (15citas)

Salmos — Sal 38,11

11Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.

Salmos — Sal 6

1Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David. 2Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues. 3Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados, 4desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo? 5Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor. 6Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar? 7Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama; 8mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores. 9Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos. 10Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración. 11¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

Salmos — Sal 32

1De David. Poema. ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado! 2Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude. 3Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos en mi rugir de cada día, 4mientras pesaba, día y noche, tu mano sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del estío. 5Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado. 6Por eso te suplica todo el que te ama en la hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le alcanzarán. 7Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas, estás en torno a mí para salvarme. 8Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero. 9No seas cual caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su brío, si no, no se te acercan. 10Copiosas son las penas del impío, al que confía en Yahveh el amor le envuelve. 11¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!

Salmos — Sal 38

1Salmo De David. En memoria. 2Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues. 3Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí; 4nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado. 5Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí; 6mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura; 7encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día. 8Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne; 9entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón. 10Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti. 11Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta. 12Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan; 13y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes. 14Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca; 15sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios. 16Que en ti, Yahveh, yo espero, tú reponderás, Señor, Dios mío. 17He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!». 18Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí. 19Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado. 20Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian, 21los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco. 22¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí! 23Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!

Salmos — Sal 39

1Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David. 2Yo me decía: «Guardaré mis caminos, sin pecar con mi lengua, pondré un freno en mi boca, mientras esté ante mí el impío.» 3Enmudecí, quedé en silencio y calma: mas al ver su dicha se enconó mi tormento. 4Dentro de mí mi corazón se acaloraba, de mi queja prendió el fuego, y mi lengua llegó a hablar: 5«Hazme saber, Yahveh, mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuán frágil soy. 6«Oh sí, de unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue, 7nada más una sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas que amontona, sin saber quién las recogerá.» 8Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar? En ti está mi esperanza. 9De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato. 10Me callo ya, no abro la boca, pues eres tú el que actúas. 11Retira de mí tus golpes, bajo el azote de tu mano me anonado. 12Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre, cual polilla corroes su anhelos. Un soplo sólo, todo hombre. Pausa. « 13Escucha mi súplica, Yahveh, presta oído a mi grito, no te hagas sordo a mis lágrimas. Pues soy un forastero junto a ti, un huésped como todos mis padres. 14¡Retira tu mirada para que respire antes que me vaya y ya no exista más!

Salmos — Sal 88

1Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema. De Hemán el indígena. 2Yahveh, Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche; 3llegue hasta tí mi súplica, presta oído a mi clamor. 4Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol; 5contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado: 6relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano. 7Me has echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos; 8sobre mí pesa tu furor, con todas tus olas me hundes. 9Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida, 10mi ojo se consume por la pena. Yo te llamo, Yahveh, todo el día, tiendo mis manos hacia ti. 11¿Acaso para los muertos haces maravillas, o las sombras se alzan a alabarte? 12¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición? 13¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido ?» 14Mas yo grito hacia ti, Yahveh, de madrugada va a tu encuentro mi oración; 15¿por qué, Yahveh, mi alma rechazas, lejos de mí tu rostro ocultas? 16Desdichado y agónico estoy desde mi infancia, he soportado tus terrores, y ya no puedo más; 17han pasado tus iras sobre mí, tus espantos me han aniquilado. 18Me envuelven como el agua todo el día, se aprietan contra mí todos a una. 19Has alejado de mí compañeros y amigos, son mi compañía las tinieblas.

Salmos — Sal 102

1Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante Yahveh. 2Yahveh, escucha mi oración, llegue hasta ti mi grito; 3ne ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia mí tu oído, ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme! 4Pues mis días en humo se disipan, mis huesos arden lo mismo que un brasero; 5trillado como el heno, mi corazón se seca, y me olvido de comer mi pan; 6ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado. 7Me parezco al búho del yermo, igual que la lechuza de las ruinas; 8insomne estoy y gimo cual solitario pájaro en tejado; 9me insultan todo el día mis enemigos, los que me alababan maldicen por mi nombre. 10El pan que como es la ceniza, mi bebida mezclo con mis lágrimas, 11ante tu cólera y tu enojo, pues tú me alzaste y después me has tirado: 12mis días son como la sombra que declina, y yo me seco como el heno. 13Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad. 14Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora; 15que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas. 16Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria; 17cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, 18volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará. 19Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh: 20que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra, 21para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte. 22Para pregonar en Sión el nombre de Yahveh, y su alabanza en Jerusalén, 23cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir a Yahveh. 24El ha enervado mi fuerza en el camino, ha abreviado mis días. 25Digo: ¡Dios mío, en la mitad de mis días no me lleves! ¡De edad en edad duran tus años! 26Desde antiguo, fundaste tú la tierra, y los cielos son la obra de tus manos; 27ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido los mudas tú, y se mudan. 28Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años. 29Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y su estirpe ante ti subsistirá.

Sal 93,11s — texto no disponible

Salmos — Sal 91,5s

5No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela, 6ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía.

Salmos — Sal 38,2-6

2Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues. 3Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí; 4nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado. 5Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí; 6mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;

Salmos — Sal 39,9-12

9De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato. 10Me callo ya, no abro la boca, pues eres tú el que actúas. 11Retira de mí tus golpes, bajo el azote de tu mano me anonado. 12Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre, cual polilla corroes su anhelos. Un soplo sólo, todo hombre. Pausa. «

Salmos — Sal 107,17

17Embotados de resultas de sus yerros, miserables a causa de sus culpas,

Salmos — Sal 41

1Del maestro de coro. Salmo. De David. 2¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En día de desgracia le libera Yahveh; 3Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos; 4le sostiene Yahveh en su lecho de dolor; tú rehaces entera la postración en que se sume. 5Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!» 6Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?» 7Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera. 8A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja: 9«Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.» 10Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar. 11Mas tú, Yahveh, tenme piedad, levántame y les daré su merecido; 12en esto sabré que tú eres mi amigo: si mi enemigo no lanza más su grito contra mí; 13y a mí me mantendrás en mi inocencia, y ante tu faz me admitirás por siempre. 14¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!

Sal 102. — texto no disponible

Salmos — Sal 38,12

12Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;

Salmos — Sal 41,6-10

6Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?» 7Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera. 8A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja: 9«Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.» 10Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.

Salmos — Sal 88,9

9Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida,

Sapienciales (7citas)

Eclesiastés — Ecl 12,1-6

1Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen encima años en que dirás: «No me agradan»; 2mientras no se nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubles tras la lluvia; 3cuando tiemblen los guardas de palacio y se doblen los guerreros, se paren las moledoras, por quedar pocas, se queden a oscuras las que miran por las ventanas, 4y se cierren las puertas de la calle, ahogándose el son del molino; cundo uno se levante al canto del pájaro, y se enmudezcan todas las canciones. 5También la altura da recelo, y hay sustos en el camino, florece el almendro, está grávida la langosta, y pierde su sabor la alcaparra; y es que el hombre se va a su eterna morada, y circulan por la calle los del duelo; 6mientras no se quiebre la hebra de plata, se rompa la bolita de oro, se haga añicos el cántaro contra la fuente, se caiga la polea dentro del pozo,

Job — Job 16,12ss

12Estaba yo tranquilo cuando él me golpeó, me agarró por la nuca para despedazarme. Me ha hecho blanco suyo: 13me cerca con sus tiros, traspasa mis entrañas sin piedad y derrama por tierra mi hiel. 14Abre en mí brecha sobre brecha, irrumpe contra mí como un guerrero.

Job — Job 19,21

21¡Piedad, piedad de mí, vosotros mis amigos, que es la mano de Dios la que me ha herido!

Job — Job 2,7

7El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.

Sabiduría — Sab 7,20

20la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces.

Eclesiástico — Eclo 38,1-8.12s

1Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor. 2Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe. 3La ciencia del médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado. 4El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña. 5¿No fue el agua endulzada con un leño para que se conociera su virtud? 6El mismo dio a los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas. 7Con ellas cura él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas. 8Así nunca se acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra. 12Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester. 13Hay momentos en que en su mano está la solución,

Eclesiástico — Eclo 38,9ss.14

9Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará. 10Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón. 11Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios. 14pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida.

Historicos (26citas)

II Samuel — 2Sa 4,4

4Tenía Jonatán, hijo de Saúl, un hijo tullido de pies. Tenía cinco años cuando llegó de Yizreel la noticia de lo de Saúl y Jonatán; su nodriza le tomó y huyó, pero con la prisa de la fuga, cayó y se quedó cojo. Se llamaba Meribbaal.

Génesis — Gen 27,1

1Como hubiese envejecido Isaac, y no viese ya por tener debilitados sus ojos, llamó a Esaú, su hijo mayor: ¡Hijo mío!» El cual le respondió: «Aquí estoy.»

I Reyes — 1Re 1,1-4

1Era ya viejo el rey David y entrado en años; le cubrían con vestidos pero no entraba en calor. 2Sus servidores le dijeron: «Que se busque para mi señor el rey una joven virgen que sirva al rey, y le atienda; que duerma en tu seno y dé calor a mi señor el rey.» 3Se buscó una muchacha hermosa por todos los términos de Israel y encontraron a Abisag la sunamita, y la llevaron al rey. 4La joven era extraordinariamente bella; cuidaba y servía al rey, pero el rey no la conoció.

Deuteronomio — Dt 34,7

7Tenía Moisés 120 años cuando murió; y no se había apagado su ojo ni se había perdido su vigor.

Exodo — Ex 4,6

6Y añadió Yahveh: «Mete tu mano en el pecho.» Metió él la mano en su pecho y cuando la volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.

II Samuel — 2Sa 24,15ss

15Y David eligió la peste para sí. Eran los días de la recolección del trigo. Yahveh envió la peste a Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado y murieron 70.000 hombres del pueblo, desde Dan hasta Berseba. 16El ángel extendió la mano hacia Jerusalén para destruirla, pero Yahveh se arrepintió del estrago y dijo al ángel que exterminaba el pueblo: «¡Basta ya! Retira tu mano.» El ángel de Yahveh estaba entonces junto a la era de Arauná el jebuseo. 17Cuando David vio al ángel que hería al pueblo, dijo a Yahveh: «Yo fui quien pequé, yo cometí el mal, pero estas ovejas ¿qué han hecho? Caiga, te suplico, tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre.»

II Reyes — 2Re 19,35

35Aquella misma noche salió el Angel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a 185.000 hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que cadáveres.

Exodo — Ex 12,23

23Yahveh pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir.

Génesis — Gen 2

1Concluyéronse, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, 2y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. 3Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho. 4Esos fueron los orígenes de los cielos y la tierra, cuando fueron creados. El día en que hizo Yahveh Dios la tierra y los cielos, 5no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahveh Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. 6Pero un manantial brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo. 7Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. 8Luego plantó Yahveh Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. 9Yahveh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 10De Edén salía un río que regaba el jardín, y desde allí se repartía en cuatro brazos. 11El uno se llama Pisón: es el que rodea todo el país de Javilá, donde hay oro. 12El oro de aquel país es fino. Allí se encuentra el bedelio y el ónice. 13El segundo río se llama Guijón: es el que rodea el país de Kus. 14El tercer río se llama Tigris: es el que corre al oriente de Asur. Y el cuarto río es el Eufrates. 15Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. 16Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.» 18Dijo luego Yahveh Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» 19Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. 20El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. 21Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. 22De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. 23Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.» 24Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. 25Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.

Génesis — Gen 3,16-19

16A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará. 17Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. 18Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. 19Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

Exodo — Ex 9,1-12

1Yahveh dijo a Moisés: «Preséntate a Faraón y dile: Así dice Yahveh, el Dios de los hebreos: "Deja salir a mi pueblo para que me den culto." 2Si te niegas a dejarles salir y los sigues reteniendo, 3mira que la mano de Yahveh caerá sobre tus ganados del campo, sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre la vacadas y sobre las ovejas; habrá una grandísima peste. 4Pero Yahveh hará distinción entre el ganado de Israel y el ganado de los egipcios, de modo que nada perecerá de lo perteneciente a Israel.» 5Y Yahveh fijó el plazo, diciendo: «Mañana hará esto Yahveh en el país.» 6Al día siguiente cumplió Yahveh su palabra y murió todo el ganado de los egipcios; mas del ganado de los israelitas no murió ni una sola cabeza. 7Faraón mandó hacer averiguaciones, y se vio que del ganado de Israel no había muerto ni un solo animal. Sin embargo, se endureció el corazón de Faraón y no dejó salir al pueblo. 8Dijo Yahveh a Moisés y a Aarón: «Tomad dos grandes puñados de hollín de horno, y que Moisés lo lance hacia el cielo, en presencia de Faraón; 9se convertirá en polvo fino sobre todo el territorio de Egipto, y formará erupciones pustulosas, en hombres y ganados, por toda la tierra de Egipto.» 10Tomaron, pues, hollín de horno y presentándose ante Faraón, lo lanzó Moisés hacia el cielo, y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados. 11Ni los magos pudieron permanecer delante de Moisés a causa de las erupciones; pues los magos tenían las mismas erupciones que todos los egipcios. 12Pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que nos les escuchó, según Yahveh había dicho a Moisés.

Deuteronomio — Dt 28,21s.27ss.35

21Yahveh hará que se te pegue la peste, hasta que te haga desaparecer de este suelo adonde vas a entrar para tomarlo en posesión. 22Yahveh te herirá de tisis, fiebre, inflamación, gangrena, sequía, tizón y añublo, que te perseguirán hasta que perezcas. 27Yahveh te herirá con úlceras de Egipto, con tumores, sarna y tiña, de las que no podrás sanar. 28Yahveh te herirá de delirio, ceguera y pérdida de sentidos, 29hasta el punto que andarás a tientas en pleno mediodía como el ciego anda a tientas en la oscuridad, y tus pasos no llegarán a término. Estarás oprimido y despojado toda la vida, y no habrá quien te salve. 35Yahveh te herirá de úlceras malignas en las rodillas y en las piernas, de las que no podrás sanar, desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.

Tobías — Tob 12,13

13Cuando te levantabas de la mesa sin tardanza, dejando la comida, para esconder un cadáver, era yo enviado para someterte a prueba.

II Reyes — 2Re 20,7

7Isaías dijo: «Tomad una masa de higos.» La tomaron, la aplicaron sobre la úlcera y sanó.

Tobías — Tob 11,8-11s

8Untale los ojos con la hiel del pez, y el remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se le caerán como escamos de los ojos. Y así tu padre podrá mirar y ver la luz.» 9Corrió Ana y se echó al cuello de su hijo, diciendo: «¡Ya te he visto, hijo! ¡Ya puedo morir!» Y rompió a llorar. 10Tobit se levantó y trompicando salió a la puerta del patio. 11Corrió hacia él Tobías, llevando en la mano la hiel del pez; le sopló en los ojos y abrazándole estrechamente le dijo: «¡Ten confianza, padre!» Y le aplicó el remedio y esperó; 12y luego, con ambas manos le quitó las escamas de la comisura de los ojos.

II Reyes — 2Re 1,1-4

1Después de la muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel. 2Ocozías se cayó por la celosía de su habitación de arriba de Samaría; quedó maltrecho, y envió mensajeros a los que dijo: «Id a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, si sobreviviré a esta disgracia.» 3Pero el Angel de Yahveh dijo a Elías tesbita: «Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel vais vosotros a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? 4Por eso, así habla Yahveh: Del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto morirás.» Y Elías se fue.

Deuteronomio — Dt 32,39

39Ved ahora que yo, sólo yo soy, y que no hay otro Dios junto a mí. Yo doy la muerte y doy la vida, hiero yo, y sano yo mismo (y no hay quien libre de mi mano).

Exodo — Ex 15,26

26Y dijo: «Si de veras escuchas la voz de Yahveh, tu Dios, y haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy Yahveh, el que te sana.»

Levítico — Lev 13,49ss

49si la mancha en el vestido o en la piel, o en el tejido o en el cobertor, o en cualquier objeto hecho de cuero, tiene color verdoso o rojizo, es llaga de lepra y debe ser mostrada al sacerdote. 50El sacerdote examinará la mancha y encerrará el objeto manchado durante siete días. 51Al séptimo, el sacerdote examinará la mancha y si se ha extendido por el vestido, tejido, cobertor, piel o por un objeto de cuero, es un caso de lepra maligna y el objeto es impuro.

Levítico — Lev 14,2ss

2Esta es la ley que ha de aplicarse al leproso en el día de su purificacíon. Se le conducirá al sacerdote, 3y el sacerdote saldrá fuera del campamento; si, tras de haberlo examinado, comprueba que el leproso está ya curado de la llaga de lepra, 4el sacerdote mandará traer para el que ha de ser purificado dos pájaros vivos y puros, madera de cedro, púrpura escarlata e hisopo.

I Reyes — 1Re 14,1-13

1Por aquel tiempo cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboam. 2Dijo Jeroboam a su mujer: «Levántate y disfrázate para que no se sepa que eres la mujer de Jeroboam, y vete a Silo, pues estará allí el profeta Ajías, el que me predijo que yo reinaría sobre este pueblo. 3Toma en tus manos diez panes, tortas y un tarro de miel, y entra donde él; él te revelará qué será del niño.» 4Así lo hizo la mujer de Jeroboam: se levantó, se fue a Silo, y entró en la casa de Ajías. Ajías no podía ver porque sus pupilas se habían quedado rígidas a causa de su vejez, 5pero Yahveh había dicho a Ajías: «Mira, la mujer de Jeroboam viene a pedirte un oráculo acerca de su hijo que está enfermo. Esto y esto le dirás. Cuando ella entre, se hará pasar por otra.» 6En oyendo Ajías el ruido de sus pasos, cuando entraba por la puerta, dijo: «Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué quieres pasar por otra? Tengo un duro mensaje para ti. 7Vete a decir a Jeroboam: "Así dice Yahveh, Dios de Israel: Por cuanto te levanté de en medio del pueblo y te puse como caudillo de mi pueblo Israel, 8arranqué el reino de la casa de David para dártelo a ti, pero tú no has sido como mi siervo David que guardó mis mandamientos y me siguió con todo su corazón haciendo sólo lo que es recto a mis ojos, 9mientras que tú has hecho más mal que todos los que fueron antes que tú, y has ido a hacerte otros dioses, imágenes fundidas, para irritarme, y me has arrojado detrás de tus espaldas, 10por esto, voy a hacer venir el mal sobre la casa de Jeroboam y quitaré a Jeroboam todos los varones, esclavos o libres en Israel, barreré a fondo la casa de Jeroboam como se barre del todo la basura. 11Los de Jeroboam que mueran en la ciudad serán comidos por los perros, y los que mueran en el campo, serán comidos por las aves del cielo, porque ha hablado Yahveh." 12Cuanto a ti, levántate y vete a tu casa; cuando tus pies entren en la ciudad, morirá el niño. 13Todo Israel le llorará y le darán sepultura. Este tan sólo de los de Jeroboam entrará en el sepulcro, porque de la casa de Jeroboam sólo en él se ha hallado algo bueno ante Yahveh, Dios de Israel.

II Reyes — 2Re 4,21

21Subió y le acostó sobre el lecho del hombre de Dios, cerró tras el niño y salió.

II Reyes — 2Re 8,7ss

7Eliseo fue a Damasco. Ben Hadad, rey de Aram, estaba enfermo y le avisaron: «El hombre de Dios ha venido aquí.» 8Dijo el rey a Jazael: «Toma en tu mano un presente y vete al encuentro del hombre de Dios y consulta a Yahveh por su medio diciendo: ¿Sobreviviré a esta enfermedad?» 9Fue Jazael a su encuentro llevando en su mano un presente de todo lo mejor de Damasco, la carga de cuarenta camellos; entró, se detuvo ante él y dijo: «Tu hijo Ben Hadad, rey de Aram, me ha enviado a ti para preguntarte: ¿Sobreviviré a esta enfermedad?»

I Reyes — 1Re 17,17-24

17Después de estas cosas, el hijo de la dueña de la casa cayó enfermo, y la enfermedad fue tan recia que se quedó sin aliento. 18Entonces ella dijo a Elías: «¿Qué hay entre tú y yo, hombre de Dios? ¿Es que has venido a mí para recordar mis faltas y hacer morir a mi hijo?» 19Elías respondió: «Dame tu hijo.» El lo tomó de su regazo y subió a la habitación de arriba donde él vivía, y lo acostó en su lecho; 20después clamó a Yahveh diciendo: «Yahveh, Dios mío, ¿es que también vas a hacer mal a la viuda en cuya casa me hospedo, haciendo morir a su hijo?» 21Se tendió tres veces sobre el niño, invocó a Yahveh y dijo: «Yahveh, Dios mío, que vuelva, por favor, el alma de este niño dentro de él.» 22Yahveh escucho la voz de Elías, y el alma del niño volvió a el y revivió. 23Tomó Elías al niño, lo bajó de la habitación de arriba de la casa y se lo dio a su madre. Dijo Elías: «Mira, tu hijo vive.» 24La mujer dijo a Elías: «Ahora sí que he conocido bien que eres un hombre de Dios, y que es verdad en tu boca la palabra de Yahveh.»

II Reyes — 2Re 4,18-37

18Creció el niño y un día se fue donde su padre junto a los segadores. 19Dijo a su padre: «¡Mi cabeza, mi cabeza!» El padre dijo a un criado: «Llévaselo a su madre.» 20Lo tomó y lo llevó a su madre. Estuvo sobre las rodillas de ella hasta el mediodía y murió. 21Subió y le acostó sobre el lecho del hombre de Dios, cerró tras el niño y salió. 22Llamó a su marido y le dijo: «Envíame uno de los criados con una asna. Voy a salir donde el hombre de Dios y volveré.» 23Dijo él: «¿Por qué vas donde él? No es hoy novilunio ni sábado.» Pero ella dijo: «Paz.» 24Hizo aparejar el asna y dijo a su criado: «Guía y anda, no me detengas en el viaje hasta que yo te diga.» 25Fue ella y llegó donde el hombre de Dios, al monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a su criado Guejazí: «Ahí viene nuestra sunamita. 26Así que corre a su encuentro y pregúntale: ¿Estás bien tú? ¿Está bien tu marido? ¿Está bien el niño?» Ella respondió: «Bien.» 27Llegó donde el hombre de Dios, al monte, y se abrazó a sus pies; se acercó Guejazí para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque su alma está en amargura y Yahveh me lo ha ocultado y no me lo ha manifestado.» 28Ella dijo: «¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No te dije que no me engañaras?» 29Dijo a Guejazí: «Ciñe tu cintura, toma mi bastón en tu mano y vete; si te incuentras con alguien no le saludes, y y si alguien te saluda no le respondas, y pon mi bastón sobre la cara del niño.» 30Pero la madre del niño dijo: «Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré.» El pues, se levantó y se fue tras ella. 31Guejazí había partido antes que ellos y había colocado el bastón sobre la cara del niño, pero no tenía voz ni señales de vida, de modo que se volvió a su encuentro y le manifestó: «El niño no se despierta.» 32Llegó Eliseo a la casa; el niño muerto estaba acostado en su lecho. 33Entró y cerró la puerta tras de ambos, y oró a Yahveh. 34Subió luego y se acostó sobre el niño, y puso su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre los ojos, sus manos sobre las manos, se recostó sobre él y la carne del niño entró en calor. 35Se puso a caminar por la casa de un lado para otro, volvió a subir y a recostarse sobre él hasta siete veces y el niño estornudó y abrió sus ojos. 36Llamó a Guejazí y le dijo: «Llama a la sunamita.» La llamó y ella llegó donde él. Dijo él: «Toma tu hijo.» 37Entró ella y, cayendo a sus pies, se postró en tierra y salió llevándose a su hijo.

II Reyes — 2Re 5

1Naamán, jefe del ejército del rey de Aram, era hombre muy estimado y favorecido por su señor, porque por su medio había dado Yahveh la victoria a Aram. Este hombre era poderoso, pero tenía lepra. 2Habiendo salido algunas bandas de arameos, trajeron de la tierra de Israel una muchachita que se quedó al servicio de la mujer de Naamán. 3Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse al profeta que hay en Samaría, pues le curaría de su lepra.» 4Fue él y se lo manisfestó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha israelita.» 5Dijo el rey de Aram: «Anda y vete; yo enviaré una carta al rey de Israel.» Fue y tomó en su mano diez talentos de plata, 6.000 siclos de oro y diez vestidos nuevos. 6Llevó al rey de Israel la carta que decía: «Con la presente, te envío a mi siervo Naamán, para que le cures de su lepra.» 7Al leer la carta el rey de Israel, desgarró sus vestidos diciendo: «¿Acaso soy yo Dios para dar muerte y vida, pues éste me manda a que cure a un hombre de su lepra? Reconoced y ved que me busca querella.» 8Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: « ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel.» 9Llegó Naamán con sus caballos y su carro y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. 10Eliseo envió un mensajero a decirle: «Vete y lávate siete veces en el Jordán y tu carne se te volverá limpia.» 11Se irritó Naamán y se marchaba diciendo: «Yo que había dicho: ¡Seguramente saldrá, se detendrá, invocará el nombre de Yahveh su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra! 12¿Acaso el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, no son mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría bañarme en ellos para quedar limpio?» Y, dando la vuelta, partió encolerizado. 13Se acercaron sus servidores, le hablaron y le dijeron: «Padre mío; si el profeta te hubiera mandado una cosa difícil ¿es que no la hubieras hecho? ¡Cuánto más habiéndote dicho: Lávate y quedarás limpio!» 14Bajó, pues, y se sumergió siete veces en el Jordán, según la palabra del hombre de Dios, y su carne se tornó como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio. 15Se volvió al hombre de Dios, él y todo su acompañamiento, llegó, se detuvo ante él y dijo: «Ahora conozco bien que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel. Así pues, recibe un presente de tu siervo.» 16Pero él dijo: «Vive Yahveh a quien sirvo, que no lo aceptaré»; le insistió para que lo recibiera, pero no quiso. 17Dijo Naamán: «Ya que no, que se dé a tu siervo, de esta tierra, la carga de dos mulos, porque tu siervo ya no ofrecerá holocausto ni sacrificio a otros dioses sino a Yahveh. 18Que Yahveh dispense a su siervo por tener que postrarse en el templo de Rimmón cuando mi señor entre en el templo para adorar allí, apoyado en mi brazo; que Yahveh dispense a tu siervo por ello.» 19El le dijo: «Vete en paz.» Y se alejó de él una cierta distancia. 20Guejazí, el criado de Eliseo, el hombre de Dios, se dijo: «Mi amo ha sido indulgente con Naamán, ese arameo, al no aceptar de su mano lo que traía. ¡Vive Yahveh!, que voy a correr tras él y tomaré algo de su mano.» 21Guejazí partió en seguimiento de Naamán. Naamán vio que corría tras de él y saltó del carro a su encuentro y dijo: «Todo va bien?» 22Respondió: «Bien. Mi señor me envía a decirte: Acaban de llegar a mí dos jovenes de la montaña de Efraím, de la comunidad de los profetas; dame, por favor, para ellos un talento de plata y dos vestidos de fiesta.» 23Dijo Naamán: «Dígnate aceptar dos talentos y dos vestidos de fiesta.» Le insistió, y metió dos talentos de plata en dos sacos y se lo entregó a dos de sus criados que lo llevaron delante de él. 24Cuando llegó a Ofel, lo tomó de sus manos, y lo puso en la casa y despidió a los hombres, que se fueron. 25Cuando llegó y se presentó a su señor, Eliseo le dijo: «¿De dónde vienes Guejazí?» Respondió él: «Tu siervo no ha ido ni aquí ni allá.» 26Le replicó: «¿No iba contigo mi corazón cuando un hombre saltó de su carro a tu encuentro? Ahora has recibido plata y puedes adquirir jardines, olivares y viñas, rebaños de ovejas y bueyes, siervos y siervas. 27Pero la lepra de Naamán se pegará a ti y a tu descendencia para siempre.» Y salió de su presencia con lepra blanca como la nieve.

Profeticos (9citas)

Isaías — Is 53,4s

4¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. 5El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.

Isaías — Is 1,6

6De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa sana: golpes, magulladuras y heridas frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con aceite.

Jeremías — Jer 8,22

22¿No hay sandáraca en Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿cómo es que no llega el remedio para la hija de mi pueblo?

Oseas — Os 6,1

1«Venid, volvamos a Yahveh, pues él ha desgarrado y él nos curará, él ha herido y él nos vendará.

Isaías — Is 35,5s

5Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. 6Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa,

Isaías — Is 25,8

8consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado.

Isaías — Is 65,19

19me regocijaré por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, sin que se oiga allí jamás lloro ni quejido.

Isaías — Is 53,4

4¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.

Ezequiel — Ez 47,12

12A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerán toda clase de árboles frutales cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán: producirán todos los meses frutos nuevos, porque esta agua viene del santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de medicina.»

Nuevo Testamento (13citas)

Hechos — Hch 3,1ss

1Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona. 2Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. 3Este, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna.

Hechos — Hch 8,7

7pues de muchos posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos paralíticos y cojos quedaron curados.

Hechos — Hch 9,32ss

32Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida. 33Encontró allí a un hombre llamado Eneas, tendido en una camilla desde hacía ocho años, pues estaba paralítico. 34Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te cura; levántate y arregla tu lecho.» Y al instante se levantó.

Hechos — Hch 14,8ss

8Había allí, sentado, un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento y que nunca había andado. 9Este escuchaba a Pablo que hablaba. Pablo fijó en él su mirada y viendo que tenía fe para ser curado, 10le dijo con fuerte voz: «Ponte derecho sobre tus pies.» Y él dio un salto y se puso a caminar.

Hechos — Hch 28,8s

8Precisamente el padre de Publio se hallaba en cama atacado de fiebres y disentería. Pablo entró a verle, hizo oración, le impuso las manos y le curó. 9Después de este suceso los otros enfermos de la isla acudieron y fueron curados.

I Corintios — 1Cor 12,9.28.30

9a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; 28Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas. 30¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?

Santiago — Sant 5,14ss

14¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. 15Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. 16Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Gálatas — Gal 4,13

13Pero bien sabéis que una enfermedad me dio ocasión para evangelizaros por primera vez;

II Corintios — 2Cor 1,8ss

8Pues no queremos que lo ignoréis, hermanos: la tribulación sufrida en Asia nos abrumó hasta el extremo, por encima de nuestras fuerzas, hasta tal punto que perdimos la esperanza de conservar la vida. 9Pues hemos tenido sobre nosotros mismos la sentencia de muerte, para que no pongamos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. 10El nos libró de tan mortal peligro, y nos librará; en él esperamos que nos seguirá librando,

II Corintios — 2Cor 12,7-10

7Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. 8Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. 9Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. 10Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.

II Corintios — 2Cor 4,10

10Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Colosenses — Col 1,24

24Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia,

Apocalipsis — Ap 22,2

2En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles.

Evangelio (25citas)

Juan — Jn 9,2

2Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»

Mateo — Mt 8,4

4Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.

Juan — Jn 9,2s

2Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» 3Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.

Lucas — Lc 13,16

16Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?»

Mateo — Mt 20,34

34Movido a compasión Jesús tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron.

Mateo — Mt 8,16 p

16Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos,

Lucas — Lc 6,19

19Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Mateo — Mt 11,5 p

5los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;

Marcos — Mc 1,40

40Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»

Mateo — Mt 8,2-6 p

2En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.» 3El extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra. 4Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio. 5Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó 6diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»

Mateo — Mt 9,28

28Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»

Marcos — Mc 5,36 p

36Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.»

Marcos — Mc 9,23

23Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!»

Mateo — Mt 9,22 p

22Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Mateo — Mt 15,28

28Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Marcos — Mc 10,52 p

52Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

Marcos — Mc 2,1-12 p

1Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. 2Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra. 3Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. 4Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. 5Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» 6Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: 7«¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» 8Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?" 10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -: 11"A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa."» 12Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

Juan — Jn 5,1-9.19-26

1Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 2Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. 3En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. 4Porque el Angel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera. 5Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?» 7Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.» 8Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.» 9Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. 19Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. 20Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. 21Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. 22Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, 23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. 24En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 25En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. 26Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo,

Juan — Jn 9

1Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» 3Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. 5Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.» 6Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego 7y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. 8Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» 9Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.» 10Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?» 11El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: "Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi.» 12Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.» 13Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. 14Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.» 16Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos. 17Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.» 18No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista 19y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?» 20Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. 21Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.» 22Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. 23Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.» 24Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» 25Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.» 26Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» 27El replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» 28Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. 29Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.» 30El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. 31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. 32Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» 34Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera. 35Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» 36El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.» 38El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. 39Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.» 40Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?» 41Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos" vuestro pecado permanece.»

Marcos — Mc 2,17 p

17Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

Mateo — Mt 8,17

17para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

Mateo — Mt 10,1 p

1Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.

Marcos — Mc 16,17s

17Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»

Marcos — Mc 6,13

13expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Mateo — Mt 25,36

36estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."