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Esclavo

43 citas resueltas — Texto completo

Salmos (2citas)

Salmos — Sal 130

1Canción de las subidas. Desde lo más profundos grito a ti, Yahveh: 2¡Señor, escucha mi clamor! ¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas! 3Si en cuenta tomas las culpas, oh Yahveh, ¿quién, Señor, resistirá? 4Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido. 5Yo espero en Yahveh, mi alma espera en su palabra; 6mi alma aguarda al Señor más que los centinelas la aurora; mas que los centinelas la aurora, 7aguarde Israel a Yahveh. Porque con Yahveh está el amor, junto a él abundancia de rescate; 8él rescatará a Israel de todas sus culpas.

Salmos — Sal 141,3s

3Pon, Yahveh, en mi boca un centinela, un vigía a la puerta de mis labios. 4No dejes que tienda mi corazón a cosa mala, a perpetrar acciones criminales en comañía de malhechores, y no guste yo lo que hace sus delicias.

Historicos (16citas)

Deuteronomio — Dt 21,10

10Cuando vayas a la guerra contra tus enemigos, y Yahveh tu Dios los entregue en tus manos y te lleves sus cautivos,

Génesis — Gen 17,12

12A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier extraño que no sea de tu raza.

Exodo — Ex 21,1-11

1Estas con las normas que has de dar: 2Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años, y el séptimo quedará libre sin pagar rescate. 3Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él. 4Si su amo le dio mujer, y ella le dio a luz hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán del amo, y él saldrá solo. 5Si el esclavo declara: «Yo quiero a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; renucio a la libertad» 6su amo le llevará ante Dios y, arrimándolo a la puerta o a la jamba, su amo le horadará la oreja con una lezna; y quedará a su servicio para siempre. 7Si un hombre vende a su hija por esclava, ésta no saldrá de la esclavitud como salen los esclavos. 8Si no agrada a su señor que la había destinado para sí, éste permitirá su rescate; y no podrá venderla a gente extraña, tratándola con engaño. 9Si la destina para su hijo, le dará el mismo trato que a sus hijas. 10Si toma para sí otra mujer, no le disminuirá a la primera la comida, ni el vestido ni los derechos conyugales. 11Y si no le da estas tres cosas, ella podrá salirse de balde sin pagar rescate.

Exodo — Ex 22,2

2Mas si esto sucede salido ya el sol, su sangre será vengada. - Debe restituir; si no tiene con qué, será vendido para restituir por su robo.

II Reyes — 2Re 4,1

1Una de las mujeres de la comunidad de los profetas clamó a Eliseo diciendo: «Tu siervo, mi marido, ha muerto; tú sabes que tu siervo temía a Yahveh. Pero el acreedor ha venido a tomar mis dos hijos para esclavos suyos.»

Deuteronomio — Dt 26,6ss

6Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. 7Nosotros clamanos a Yahveh Dios de nuestros padres, y Yahveh escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, 8y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales y prodigios.

Exodo — Ex 22,20

20No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.

Exodo — Ex 21,21

21Pero si sobrevive un día o dos, no será vengado, pues lo había comprado con dinero.

Exodo — Ex 21,20.26s

20Si un hombre golpea a su siervo o a su sierva con un palo y muere a sus manos, cae bajo la ley de venganza. 26Si un hombre hiere a su siervo o a su sierva en el ojo y le deja tuerto, le dará libertad en compensación del ojo. 27Si uno salta un diente a su siervo o a su sierva, le pondrá en libertad en compensación del diente.

Exodo — Ex 21,2

2Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años, y el séptimo quedará libre sin pagar rescate.

Deuteronomio — Dt 15,13s

13Al dejarle libre, no le mandarás con las manos vacías; 14le harás algún presente de tu ganado menor, de tu era y de tu lagar; le darás según como te haya bendecido Yahveh tu Dios.

Levítico — Lev 25,10

10Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia.

Levítico — Lev 25,39-55

39Si se empobrece tu hermano en asuntos contigo y tú lo compras, no le impondrás trabajos de esclavo; 40estará contigo como jornalero o como huésped, y trabajará junto a ti hasta el año del jubileo. 41Entonces saldrá de tu casa, él y sus hijos con él, volverá a su familia y a la propiedad de sus padres. 42Porque ellos son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto; no han de ser vendidos como se vende un esclavo. 43No serás tirano con él, sino que temerás a tu Dios. 44Los siervos y las siervas que tengas, serán de las naciones que os rodean; de ellos podréis adquirir siervos y siervas. 45También podréis comprarlos entre los hijos de los huéspedes que residen en medio de vosotros, y de sus familias que viven entre vosotros, es decir, de los nacidos en vuestra tierra. Esos pueden ser vuestra propiedad, 46y los dejaréis en herencia a vuestros hijos después de vosotros como propiedad perpetua. A éstos los podréis tener como siervos; pero si se trata de vuestros hermanos, los israelitas, tú, como entre hermanos, no le mandarás con tiranía. 47Si el forastero o huésped que mora contigo adquiere bienes, y, en cambio, tu hermano se empobrece en asuntos con él y se vende al forastero, al que mora contigo, o a algún descendiente de familia de forastero, 48después de haberse vendido le quedará el derecho al rescate: uno de sus hermanos podrá rescatarlo. 49Lo rescatará su tío paterno, o el hijo de su tío, o algún otro pariente cercano suyo dentro de su familia, o, si alcanzan sus recursos, él mismo podrá rescatarse. 50Contará con su comprador los años desde el de la venta hasta el año jubilar; y el precio se calculará en proporción de los años, valorando sus días de trabajo como los de un jornalero. 51Si faltan todavía muchos años, en proporción a ellos devolverá, como precio de su rescate, una parte del precio de venta. 52Si faltan pocos años hasta el jubileo, se le calculará en proporción a ellos, y lo pagará como rescate, 53como quien trabaja a jornal año por año. No permitas que se le trate con tiranía ante tus ojos. 54Si nos es rescatado por otros, quedará libre el año del jubileo, él y sus hijos con él. 55Porque a mí es a quien sirven los israelitas; siervos míos son, a quienes yo he sacado del país de Egipto. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

Jueces — Jue 3,7s

7Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahveh. Se olvidaron de Yahveh su Dios y sirvieron a los Baales y a las Aserás. 8Se encendió la ira de Yahveh contra Israel y los dejó a merced de Kusán Riseatáyim, rey de Edom, y los israelitas sirvieron a Kusán Riseatáyim durante ocho años.

Nehemías — Neh 9,35s

35Mientras vivían en su reino, entre los grandes bienes que tú les regalabas, y en la espaciosa y generosa tierra que tú les habías preparado, no te sirvieron ellos ni se convirtieron de sus malas acciones. 36Míranos hoy a nosotros esclavos, y en el país que habías dado a nuestros padres para gozar de sus frutos y bienes, mira que aquí en servidumbre nos sumimos.

Levítico — Lev 25,55

55Porque a mí es a quien sirven los israelitas; siervos míos son, a quienes yo he sacado del país de Egipto. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

Profeticos (1cita)

Jeremías — Jer 34,8

8Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, después de llegar el rey Sedecías a un acuerdo con todo el pueblo de Jerusalén, proclamándoles una manumisión,

Nuevo Testamento (17citas)

I Corintios — 1Cor 7,17.

17Por lo demás, que cada cual viva conforme le ha asignado el Señor, cada cual como le ha llamado Dios. Es lo que ordeno en todas las Iglesias.

Efesios — Ef 6,5-8

5Esclavos, obedeced a vuestros amos de este mundo con respeto y temor, con sencillez de corazón, como a Cristo, 6no por ser vistos, como quien busca agradar a los hombres, sino como esclavos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios; 7de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres; 8conscientes de que cada cual será recompemsado por el Señor según el bien que hiciere: sea esclavo, sea libre.

Efesios — Ef 6,9

9Amos, obrad de la misma manera con ellos, dejando las amenazas; teniendo presente que está en los cielos el Amo vuestro y de ellos, y que en él no hay acepción de personas.

Flm 14-21 — texto no disponible

Gálatas — Gal 3,28

28ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Gálatas — Gal 6,15

15Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva.

Romanos — Rom 5,12..

12Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron;

Romanos — Rom 7,13-24

13Luego ¿se habrá convertido lo bueno en muerte para mí? ¡De ningún modo! Sino que el pecado, para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena, para procurarme la muerte, a fin de que el pecado ejerciera todo su poder de pecado por medio del precepto. 14Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado. 15Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. 16Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; 17en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí. 18Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, 19puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. 20Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. 21Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. 22Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, 23pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?

Hebreos — Heb 2,14s

14Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, 15y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud.

Filipenses — Flp 2,7

7Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre;

Romanos — Rom 8,3

3Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne,

Filipenses — Flp 2,8

8y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.

I Corintios — 1Cor 7,22s

22Pues el que recibió la llamada del Señor siendo esclavo, es un liberto del Señor; igualmente, el que era libre cuando recibió la llamada, es un esclavo de Cristo. 23¡Habéis sido bien comprados! No os hagáis esclavos de los hombres.

Romanos — Rom 6,16-22

16¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de obediencia, para la justicia? 17Pero gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados, 18y liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia. - 19Hablo en términos humanos, en atención a vuestra flaqueza natural -. Pues si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad. 20Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia. 21¿Qué frutos cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues su fin es la muerte. 22Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna.

Romanos — Rom 6-8

Capitulo 61¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo! 2Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él? 3¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? 4Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. 5Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; 6sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. 7Pues el que está muerto, queda librado del pecado. 8Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, 9sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. 10Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. 11Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. 12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. 13Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios. 14Pues el pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia. 15Pues ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! 16¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de obediencia, para la justicia? 17Pero gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados, 18y liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia. - 19Hablo en términos humanos, en atención a vuestra flaqueza natural -. Pues si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad. 20Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia. 21¿Qué frutos cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues su fin es la muerte. 22Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna. 23Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Capitulo 71¿O es que ignoráis, hermanos, - hablo a quienes entienden de leyes - que la ley no domina sobre el hombre sino mientras vive? 2Así, la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras éste vive; mas, una vez muerto el marido, se ve libre de la ley del marido. 3Por eso, mientras vive el marido, será llamada adultera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de la ley, de forma que no es adultera si se casa con otro. 4Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquel que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios. 5Porque, cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley, obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte. 6Mas, al presente, hemos quedado emancipados de la ley, muertos a aquello que nos tenía aprisionados, de modo que sirvamos con un espíritu nuevo y no con la letra vieja. 7¿Qué decir, entonces? ¿Que la ley es pecado? ¡De ningún modo! Sin embargo yo no conocí el pecado sino por la ley. De suerte que yo hubiera ignorado la concupiscencia si la ley no dijera: ¡No te des a la concupiscencia! 8Mas el pecado, tomando ocasión por medio del precepto, suscitó en mi toda suerte de concupiscencias; pues sin ley el pecado estaba muerto. 9¡Ah! ¡Vivía yo un tiempo sin ley!, pero en cuanto sobrevino el precepto, revivió el pecado, 10y yo morí; y resultó que el precepto, dado para vida, me fue para muerte. 11Porque el pecado, tomando ocasión por medio del precepto, me sedujo , y por él, me mató. 12Así que, la ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno. 13Luego ¿se habrá convertido lo bueno en muerte para mí? ¡De ningún modo! Sino que el pecado, para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena, para procurarme la muerte, a fin de que el pecado ejerciera todo su poder de pecado por medio del precepto. 14Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado. 15Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. 16Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; 17en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí. 18Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, 19puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. 20Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. 21Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. 22Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, 23pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? 25¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Así pues, soy yo mismo quien con la razón sirve a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado. Capitulo 81Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. 2Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte. 3Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne, 4a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el espíritu. 5Efectivamente, los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual. 6Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz, 7ya que las tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden; 8así, los que están en la carne, no pueden agradar a Dios. 9Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece; 10mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros. 12Así que, hermanos míos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne, 13pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. 14En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! 16El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. 17Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados. 18Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. 19Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. 20La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontaneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza 21de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. 23Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo. 24Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve? 25Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia. 26Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, 27y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios. 28Por lo demas, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. 29Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogenito entre muchos hermanos; 30y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó. 31Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? 32El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? 33¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. 34¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, y que intercede por nosotros? 35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, 36como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. 37Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. 38Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades 39ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

Gálatas — Gal 5,1

1Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud.

Gálatas — Gal 4,4-7.21-31

4Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, 5para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. 6La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! 7De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios. 21Decidme vosotros, los que queréis estar sometidos a la ley: ¿No oís la ley?. 22Pues dice la Escritura que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre. 23Pero el de la esclava nació según la naturaleza; el de la libre, en virtud de la Promesa. 24Hay en ello una alegoría: estas mujeres representan dos alianzas; la primera, la del monte Sinaí, madre de los esclavos, es Agar, 25(pues el monte Sinaí está en Arabia) y corresponde a la Jerusalén actual, que es esclava, y lo mismo sus hijos. 26Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, 27pues dice la Escritura: Regocíjate estéril, la que no das hijos; rompe en gritos de júbilo, la que no conoces los dolores de parto, que más son los hijos de la abandonada que los de la casada. 28Y vosotros, hermanos, a la manera de Isaac, sois hijos de la Promesa. 29Pero, así como entonces el nacido según la naturaleza perseguía al nacido según el espíritu, así también ahora. 30Pero ¿qué dice la Escritura? Despide a la esclava y a su hijo, pues no ha de heredar el hijo de la esclava juntamente con el hijo de la libre. 31Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

I Corintios — 1Cor 9,19

19Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda.

Evangelio (7citas)

Juan — Jn 14,30

30Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;

Juan — Jn 8,36

36Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.

Mateo — Mt 20,28 p

28de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»

Juan — Jn 13,1-17

1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. 5Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 6Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» 7Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» 8Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» 9Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.» 10Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.» 11Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.» 12Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. 16«En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. 17«Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.

Juan — Jn 8,32-36

32y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.» 33Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?» 34Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. 35Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. 36Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.

Mateo — Mt 20,26-27 p

26No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo;

Juan — Jn 13,14ss

14Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. 16«En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.