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27 citas resueltas — Texto completo

Sapienciales (1cita)

Proverbios — Prov 1-9

Capitulo 11Proberbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel: 2para aprender sabiduría e instrucción, para entender los discursos profundos, 3para alcanzar intrucción y perspicacia, - justicia, equidad y rectitud -, 4para enseñar a los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión, 5Que atienda el sabio y crecerá en doctrina, y el inteligente aprenderá a hacer proyectos. 6para descifrar proverbios y enigmas, los dichos de los sabios y sus adivinanzas. 7El temor de Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción. 8Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre: 9corona graciosa son para tu cabeza y un collar para tu cuello. 10Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no vayas. 11Si te dicen: «¡Vente con nosotros, estemos al acecho para derramar sangre, apostémonos contra el inocente sin motivo alguno, 12devorémoslos vivos como el seol, enteros como los que bajan a la fosa!; 13¡hallaremos toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas de botín, 14te tocará tu parte igual que a nosotros, para todos habrá bolsa común!»: 15no te pongas, hijo mío, en camino con ellos, tu pie detén ante su senda, 16porque sus pies corren hacia el mal y a derramar sangre se apresuran; 17pues es inútil tender la red a los ojos mismos de los pajarillos. 18Contra su propia sangre están acechando, apostados están contra sus propias vidas. 19Esa es la senda de todo el que se entrega a la rapiña: ella quita la vida a su propio dueño. 20La Sabiduría clama por las calles, por las plazas alza su voz, 21llama en la esquina de las calles concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos: 22«¿Hasta cuándo, simples, amaréis vuestra simpleza y arrogantes os gozaréis en la arrogancia y necios tendréis odio a la ciencia? 23Convertíos por mis reprensiones: voy a derramar mi espíritu para vosotros, os voy a comunicar mis palabras. 24Ya que os he llamado y no habéis querido, he tendido mi mano y nadie ha prestado atención, 25habéis despreciado todos mis consejos, no habéis hecho caso de mis reprensiones; 26también yo me reiré de vuestra desgracia, me burlaré cuando llegue vuestro espanto, 27cuando llegue, como huracán, vuestro espanto, vuestra desgracia sobrevenga como torbellino, cuando os alcancen la angustia y la tribulación. 28Entonces me llamarán y no responderé, me buscarán y no me hallarán. 29Porque tuvieron odio a la ciencia y no eligieron el temor de Yahveh, 30no hicieron caso de mi consejo, ni admitieron de mí ninguna reprensión; 31comerán del fruto de su conducta, de sus propios consejos se hartarán. 32Su propio descarrío matará a los simples, la despreocupación perderá a los insensatos. 33Pero el que me escucha vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia.» Capitulo 21Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos, 2prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; 3si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; 4si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, 5entonces entenderás el temor de Yahveh y la ciencia de Dios encontrarás. 6Porque Yahveh es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia. 7Reserva el éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza, 8vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos. 9Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien. 10Cuando entre la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma, 11velará sobre ti la reflexión y la prudencia te guardará, 12apartándote del mal camino, del hombre que propone planes perversos, 13de los que abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos, 14de los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad, 15cuyos senderos son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas. 16Ella te apartará de la mujer ajena, de la extraña de melosas palabras, 17que ha dejado al amigo de su juventud y ha olvidado la alianza de su Dios; 18su casa está inclinada hacia la muerte, hacia las sombras sus tortuosos senderos. 19Nadie que entre por ella volverá, no alcanzará las sendas de la vida. 20Por eso has de ir por el camino de los buenos, seguirás las sendas de los justos. 21Porque los rectos habitarán la tierra y los íntegros se mantendrán en ella; 22pero los malos serán cercenados de la tierra, se arrancará de ella a los desleales. Capitulo 31Hijo mío, no olvides mi lección, en tu corazón guarda mis mandatos, 2pues largos días y años de vida y bienestar te añadirán. 3La piedad y la lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón. 4Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y de los hombres. 5Confía en Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; 6reconócele en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. 7No seas sabio a tus propios ojos, teme a Yahveh y apártate del mal: 8medicina será para tu carne y regrigerio para tus huesos. 9Honra a Yahveh con tus riquezas, con las primicias de todas tus ganancias: 10tus trojes se llenarán de grano y rebosará de mosto tu lagar. 11No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, 12porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido. 13Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia; 14más vale su ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro. 15Más preciosa es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala. 16Largos días a su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria. 17Sus caminos son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar. 18Es árbol de vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan. 19Con la Sabiduria fundó Yahveh la tierra, consolidó los cielos con inteligencia; 20con su ciencia se abrieron los océanos y las nubes destilan el rocío. 21Hijo mío, guarda la prudencia y la reflexión, no se aparten nunca de tus ojos: 22serán vida para tu alma y adorno para tu cuello. 23Así irás tranquilo por tu camino y no tropezará tu pie. 24No tendrás miedo al acostarte, una vez acostado, será dulce tu sueño. 25No temerás el espanto repentino, ni cuando llegue la tormenta de los malos, 26porque Yahveh será tu tranquilidad y guardará tu pie de caer en el cepo. 27No niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo. 28No digas a tu prójimo: «Vete y vuelve, mañana te daré», si tienes algo en tu poder. 29No trames mal contra tu prójimo cuando se sienta confiado junto a ti. 30No te querelles contra nadie sin motivo, si no te ha hecho ningún mal. 31No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos; 32porque Yahveh abomina a los perversos, pero su intimidad la tiene con los rectos. 33La maldición de Yahveh en la casa del malvado, en cambio bendice la mansión del justo. 34Con los arrogantes es también arrogante, otorga su favor a los pobres. 35La gloria es patrimonio de los sabios y los necios heredarán la ignominia. Capitulo 41Escuchad, hijos, la instrucción del padre, estad atentos para aprender inteligencia, 2porque es buena la doctrina que os enseño; no abandonéis mi lección. 3También yo fui hijo para mi padre, tierno y querido a los ojos de mi madre, 4El me enseñaba y me decía: «Retén mis palabras en tu corazón, guarda mis mandatos y vivirás. 5Adquiere la sabiduría, adquiere la inteligencia, no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca. 6No la abandones y ella te guardará, ámala y ella será tu defensa. 7El comienzo de la sabiduría es: adquiere la sabiduría, a costa de todos tus bienes adquiere la inteligencia. 8Haz acopio de ella, y ella te ensalzará; ella te honrará, si tú la abrazas; 9pondrá en tu cabeza una diadema de gracia, una espléndida corona será tu regalo». 10Escucha, hijo mío, recibe mis palabras, y los años de tu vida se te multiplicarán. 11En el camino de la sabiduría te he instruido, te he encaminado por los senderos de la rectitud. 12Al andar no se enredarán tus pasos, y si corres, no tropezarás. 13Aférrate a la instrucción, no la sueltes; guárdala, que es tu vida. 14No te metas por la senda de los perversos, ni vayas por el camino de los malvados. 15Evítalo, no pases por él, apártate de él, pasa adelante. 16Porque ésos no duermen si no obran el mal, se les quita el sueño si no han hecho caer a alguno. 17Es que su pan es pan de maldad, y vino de violencia es su bebida. 18La senda de los justos es como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día. 19Pero el camino de los malos es como tinieblas, no saben dónde han tropezado. 20Atiende, hijo mío, a mis palabras, inclina tu oído a mis razones. 21No las apartes de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón. 22Porque son vida para los que las encuentran, y curación para toda carne. 23Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. 24Aparta de ti la falsía de la boca y el enredo de los labios arrójalo de ti. 25Miren de frente tus ojos, tus párpados derechos a lo que está ante tí. 26Tantea bien el sendero de tus pies y sean firmes todos tus caminos. 27No te tuerzas ni a derecha ni a izquierda, aparta tu pie de la maldad. Capitulo 51Presta, hijo mío, atención a mi sabiduría, aplica tu oído a mi prudencia, 2para que guardes tú la reflexión y tus labios conserven la ciencia. No hagas caso de la mujer perversa, 3pues miel destilan los labios de la extraña, su paladar es más suave que el aceite; 4pero al fin es amarga como el ajenjo, mordaz como espada de dos filos. 5Sus pies descienden a la muerte, sus pasos se dirigen al seol. 6Por no seguir la senda de la vida, se desvía por sus vericuetos sin saberlo. 7Así pues, hijo mío, escúchame, no te apartes de los dichos de mi boca: 8aleja de ella tu camino, no te acerques a la puerta de su casa; 9no sea que ella dé tu honor a otro y tus años a un hombre cruel; 10no se harten de tus bienes los extraños, ni paren tus fatigas en casa del extranjero; 11no sea que gimas a la postre cuando tu cuerpo y tu carne se consuman, 12y digas: «Ay de mí, que he odiado la instrucción, mi corazón ha despreciado los reproches, 13no he escuchado la voz de mis maestros ni he prestado oídos a los que me instruían. 14A punto he estado de cualquier desgracia, en medio de la asamblea y la comunidad.» 15Bebe el agua de tu cisterna, la que brota de tu pozo. 16¿Se van a desbordar por fuera tus arroyos, las corrientes de agua por las plazas? 17Que sean para ti solo, no para que las beban contigo los extraños. 18- Sea tu fuente bendita. Gózate en la mujer de tu mocedad, 19cierva amable, graciosa gacela: embriáguente en todo tiempo sus amores, su amor te apasione para siempre. 20¿Por qué apasionarte, hijo mío, de una ajena, abrazar el seno de una extraña? 21Pues los caminos del hombre están en la presencia de Yahveh, él vigila todos sus senderos. 22El malvado será presa de sus propias maldades, con los lazos de su pecado se le capturará. 23Morirá por su falta de instrucción, por su gran necedad se perderá. Capitulo 61Si has salido, hijo mío, fiador de tu prójimo, si has chocado tu mano con un extraño, 2si te has obligado con las palabras de tu boca, si de la palabra de tu boca te has dejado prender, 3haz esto, hijo mío, para quedar libre, pues has caído en manos de tu prójimo: Vete, póstrate, importuna a tu prójimo; 4no concedas a tus ojos sueño ni a tus párpados reposo; 5líbrate, como la gacela del lazo, como el pájaro de la mano del pajarero. 6Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio. 7Ella no tiene jefe, ni capataz, ni amo; 8asegura en el verano su sustento, recoge su comida al tiempo de la mies. 9¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿cuándo te levantarás de tu sueño? 10Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados; 11y llegará como vagabundo tu miseria y como un mendigo tu pobreza. 12Un malvado, un hombre inicuo, anda con la boca torcida, 13guiña el ojo, arrastra los pies, hace señas con los dedos. 14Torcido está su corazón, medita el mal, pleitos siembra en todo tiempo. 15Por eso vendrá su ruina de repente, de improviso quebrará, y no habrá remedio. 16Seis cosas hay que aborrece Yahveh, y siete son abominación para su alma: 17ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, 18corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal, 19testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos. 20Garda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre. 21Tenlos atados siempre a tu corazón, enlázalos a tu cuello; 22en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar. 23Porque el mandato es una lámpara y la lección una luz; camino de vida los reproches y la instrucción, 24para librarte de la mujer perversa, de la lengua suave de la extraña. 25No codicies su hermosura en tu corazón, no te cautive con sus párpados, 26porque un mendrugo de pan basta a la prostituta, pero la casada va a la caza de una vida preciosa. 27¿Puede uno meter fuego en su regazo sin que le ardan los vestidos? 28¿Puede uno andar sobre las brasas sin que se le quemen los pies? 29Así le pasa al que se llega a la mujer del prójimo: no saldrá ileso ninguno que la toque. 30No se desprecia al ladrón cuando roba para llenar su estómago, porque tiene hambre. 31Mas, si le sorprenden, paga el séptuplo, tiene que dar todos los bienes de su casa. 32Pero el que hace adulterar a una mujer es un mentecato; un suicida es el que lo hace; 33encontrará golpes y deshonra y su vergüenza no se borrará. 34Porque los celos enfurecen al marido. y no tendrá piedad el día de la venganza. 35No hará caso de compensación alguna; aunque prodigues regalos, no aceptará. Capitulo 71Guarda, hijo mío, mis palabras, conserva como un tesoro mis mandatos. 2Guarda mis mandamientos y vivirás; sea mi lección como la niña de tus ojos. 3Atalos a tus dedos, escríbelos en la tablilla de tu corazón. 4Dile a la sabiduría: «Tú eres mi hermana», llama pariente a la inteligencia, 5para que te guarde de la mujer ajena, de la extraña de palabras melosas. 6Estaba yo a la ventana de mi casa y miraba a través de las celosías, 7cuando ví, en el grupo de los simples, distinguí entre los muchachos a un joven falto de juicio: 8pasaba por la calle, junto a la esquina donde ella vivía, iba camino de su casa, 9al atardecer, ya oscurecido, en lo negro de la noche y de las sombras. 10De repente, le sale al paso una mujer, con atavío de ramera y astucia en el corazón. 11Es alborotada y revoltosa, sus pies nunca paran en su casa. 12Tan pronto en las calles como en las plazas, acecha por todas las esquinas. 13Ella lo agarró y lo abrazó, y desvergonzada le dijo: 14«Tenía que ofrecer un sacrificio de comunión y hoy he cumplido mi voto; 15por eso he salido a tu encuentro para buscarte en seguida; y va te he encontrado. 16He puesto en mi lecho cobertores policromos, lencería de Egipto, 17con mirra mi cama he rociado, con áloes y cinamomo. 18Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana, solacémonos los dos, entre caricias. 19Porque no está el marido en casa, está de viaje muy lejos; 20ha llevado en su mano la bolsa del dinero, volverá a casa para la luna llena.» 21Con sus muchas artes lo seduce, lo rinde con el halago de sus labios. 22Se va tras ella en seguida, como buey al matadero, como el ciervo atrapado en el cepo, 23hasta que una flecha le atraviese el hígado; como pájaro que se precipita en la red, sin saber que le va en ello la vida. 24Ahora pues, hijo mío, escúchame, pon atención a las palabras de mi boca: 25no se desvíe tu corazón hacia sus caminos, no te descarríes por sus senderos, 26porque a muchos ha hecho caer muertos, robustos eran todos los que ella mató. 27Su morada es camino del seol, que baja hacia las cámaras de la muerte. Capitulo 81¿No está llamando la Sabiduría? y la Prudencia, ¿no alza su voz? 2En la cumbre de las colinas que hay sobre el camino, en los cruces de sendas se detiene; 3junto a las puertas, a la salida de la ciudad, a la entrada de los portales, da sus voces: 4«A vosotros, hombres, os llamo, para los hijos de hombre es mi voz. 5Entended, simples, la prudencia y vosotros, necios, sed razonables. 6Escuchad: voy a decir cosas importantes y es recto cuanto sale de mis labios. 7Porque verdad es el susurro de mi boca y mis labios abominan la maldad. 8Justos son todos los dichos de mi boca, nada hay en ellos astuto ni tortuoso. 9Todos están abiertos para el inteligente y rectos para los que la ciencia han encontrado. 10Recibid mi instrucción y no la plata, la ciencia más bien que el oro puro. 11Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas, ninguna cosa apetecible se le puede igualar. 12«Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia, yo he inventado la ciencia de la reflexión. 13(El temor de Yahveh es odiar el mal.) La soberbia y la arrogancia y el camino malo y la boca torcida yo aborrezco. 14Míos son el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mía es la fuerza. 15Por mí los reyes reinan y los magistrados administran la justicia. 16Por mí los príncipes gobiernan y los magnates, todos los jueces justos. 17Yo amo a los que me aman y los que me buscan me encontrarán. 18Conmigo están la riqueza y la gloria, la fortuna sólida y la justicia. 19Mejor es mi fruto que el oro, que el oro puro, y mi renta mejor que la plata acrisolada. 20Yo camino por la senda de la justicia, por los senderos de la equidad, 21para repartir hacienda a los que me aman y así llenar sus arcas.» 22«Yahveh me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. 23Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra. 24Cuando no existían los abismos fui engendrada, cuando no había fuentes cargadas de agua. 25Antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada. 26No había hecho aún la tierra ni los campos, ni el polvo primordial del orbe. 27Cuando asentó los cielos, allí estaba yo, cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, 28cuando arriba condensó las nubes, cuando afianzó las fuentes del abismo, 29cuando al mar dio su precepto - y las aguas no rebasarán su orilla - cuando asentó los cimientos de la tierra, 30yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, 31jugando por el orbe de su tierra; y mis delicias están con los hijos de los hombres.» 32«Ahora pues, hijos, escuchadme, dichosos los que guardan mis caminos. 33Escuchad la instrucción y haceos sabios, no la despreciéis. 34Dichoso el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada. 35Porque el que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor de Yahveh. 36Pero el que me ofende, hace daño a su alma; todos los que me odian, aman la muerte.» Capitulo 91La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas, 2ha hecho su matanza, ha mezclado su vino, ha aderezado también su mesa. 3Ha mandado a sus criadas y anuncia en lo alto de las colinas de la ciudad: 4«Si alguno es simple, véngase acá.» Y al falto de juicio le dice: 5«Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado; 6dejaos de simplezas y viviréis, y dirigíos por los caminos de la inteligencia.» 7El que corrige al arrogante se acarrea desprecio, y el que reprende al malvado, insultos. 8No reprendas al arrogante, porque te aborrecerá; reprende al sabio, y te amará. 9Da al sabio, y se hará más sabio todavía; enseña al justo, y crecerá su doctrina. 10Comienzo de la sabiduría es el temor de Yahveh, y la ciencia de los santos es inteligencia. 11Pues por mí se multiplicarán tus días y se aumentarán los años de tu vida. 12Si te haces sabio, te haces sabio para tu provecho, y si arrogante, tú solo lo tendrás que pagar. 13La mujer necia es alborotada, todo simpleza, no sabe nada. 14Se sienta a la puerta de su casa, sobre un trono, en las colinas de la ciudad, 15para llamar a los que pasan por el camino, a los que van derechos por sus sendas: 16«Si alguno es simple, véngase acá» y al falto de juicio le dice: 17«Son dulces las aguas robadas y el pan a escondidas es sabroso.» 18No sabe el hombre que allí moran las Sombras; sus invitados van a los valles del seol.

Historicos (8citas)

Deuteronomio — Dt 4-11

Capitulo 41Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las normas que yo os enseño para que las pongáis en práctica, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que os da Yahveh, Dios de vuestros padres. 2No añadireís nada a lo que yo os mando, ni quitaréis nada; para así guardar los mandamientos de Yahveh vuestro Dios que yo os prescribo. 3Vuestros propios ojos han visto lo que hizo Yahveh con Baal Peor: a todos los que habían seguido a Baal Peor, Yahveh tu Dios los exterminó de en medio de ti; 4en cambio vosotros, que habéis seguido unidos a Yahveh vuestro Dios, estáis hoy todos vivos. 5Mira, como Yahveh mi Dios me ha mandado, yo os enseño preceptos y normas para que los pongáis en práctica en la tierra en la que vais a entrar para tomarla en posesión. 6Guardadlos y practicadlos, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos estos preceptos, dirán: «Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.» 7Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos? 8Y ¿cuál es la gran nación cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda esta Ley que yo os expongo hoy? 9Pero ten cuidado y guárdate bien, no vayas o olvidarte de estas cosas que tus ojos han visto, ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu vida; enséñaselas, por el contrario, a tus hijos y a los hijos de tus hijos. 10El día que estabas en el Horeb en presencia de Yahveh tu Dios, cuando Yahveh me dijo: «Reúneme al pueblo para que yo les haga oír mis palabras a fin de que aprendan a tenerme mientras vivan en el suelo y se las enseñen a sus hijos», 11vosotros os acercasteis y permanecisteis al pie de la montaña, mientras la montaña ardía en llamas hasta el mismo cielo, entre tinieblas de nube y densa niebla. 12Yahveh os habló de en medio del fuego; vosotros oíais rumor de palabras, pero no percibíais figura alguna, sino sólo una voz. 13El os reveló su alianza, que os mandó poner en práctica, las diez Palabras que escribió en dos tablas de piedra. 14Y a mí me mandó entonces Yahveh que os enseñase los preceptos y normas que vosotros deberíais poner en práctica en la tierra en la que vais a entrar para tomarla en posesión. 15Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego, 16no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenima, 17figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, 18figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra. 19Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahveh tu Dios a todos los pueblos que hay debajo del cielo, 20pero a vosotros os tomó Yahveh y os sacó del horno de hierro, de Egipto, para que fueseis el pueblo de su heredad, como lo sois hoy. 21Por culpa vuestra Yahveh se irritó contra mí y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la tierra buena que Yahveh tu Dios te da en herencia. 22Yo voy a morir en este país y no pasaré el Jordán. Vosotros en cambio lo pasaréis y poseeréis esa tierra buena. 23Guardaos, pues, de olvidar la alianza que Yahveh vuestro Dios ha concluido con vosotros, y de haceros alguna escultura o representación de todo lo que Yahveh tu Dios te ha prohibido; 24porque Yahveh tu Dios es un fuego devorador, un Dios celoso. 25Cuando hayas engendrado hijos y nietos y hayáis envejecido en el país, si os pervertís y hacéis alguna escultura de cualquier representación, si hacéis lo malo a los ojos de Yahveh tu Dios hasta irritarle, 26pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra que desapareceréis rápidamente de esa tierra que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán. No prolongaréis en ella vuestros días, porque seréis completamente destruidos. 27Yahveh os dispersará entre los pueblos y no quedaréis más que unos pocos, en medio de las naciones adonde Yahveh os lleve. 28Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y piedra, que ni ven ni oyen, ni comen ni huelen. 29Desde allí buscarás a Yahveh tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. 30Cuando estés angustiado y te alcancen todas estas palabras, al fin de los tiempos, te volverás a Yahveh tu Dios y escucharás su voz; 31porque Yahveh tu Dios es un Dios misericordioso: no te abandonará ni te destruirá, y no se olvidará de la alianza que con juramento concluyó con tus padres. 32Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿Hubo jamás desde un extremo a otro del cielo palabra tan grande como ésta? ¿Se oyó semejante? 33¿Hay algún pueblo que haya oído como tú has oído la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, y haya sobrevivido? 34¿Algún dios intentó jamás venir a buscarse una nación de en medio de otra nación por medio de pruebas, señales, prodigios y guerra, con mano fuerte y tenso brazo, por grandes terrores, como todo lo que Yahveh vuestro Dios hizo con vosotros, a vuestros mismos ojos, en Egipto? 35A ti se te ha dado a ver todo esto, para que sepas que Yahveh es el verdadero Dios y que no hay otro fuera de él. 36Desde el cielo te ha hecho oír su voz para instruirte, y en la tierra te ha mostrado su gran fuego, y de en medio del fuego has oído sus palabras. 37Porque amó a tus padres y eligió a su descendencia después de ellos, te sacó de Egipto personalmente con su gran fuerza, 38desalojoó ante ti naciones más numerosas y fuertes que tú, te introdujo en su tierra y te la dio en herencia, como la tienes hoy. 39Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. 40Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yahveh tu Dios te da para siempre. 41Moisés reservó entonces tres ciudades allende el Jordán, al oriente, 42a las que pudiera huir el homicida que hubiera matado a su prójimo sin querer, sin haberle odiado anteriormente, y huyendo a una de estas ciudades, salvara su vida. 43Eran éstas, para los rubenitas, Béser, en el desierto, en la Altiplanicie; para los gaditas, Ramot en Galaad; para los manasitas, Golán en Basán. 44Esta es la ley que expuso Moisés a los israelitas. 45Estos son los estatutos, preceptos y normas que dictó Moisés a los israelitas a su salida de Egipto, 46al otro lado del Jordán, en el valle próximo a Bet Peor, en el país de Sijón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón, aquel a quien Moisés y los israelitas habían batido a su salida de Egipto, 47y cuyo país habían conquistado, así como el país de Og, rey de Basán, - los dos reyes amorreos del lado oriental del Jordán, 48desde Aroer, que está situada al borde del valle del Arnón, hasta el monte Siryón (esto es, el Hermón) - 49con toda la Arabá del lado oriental del Jordán, hasta el mar de la Arabá, al pie de las laderas del Pisgá. Capitulo 51Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las normas que yo pronuncio hoy a tus oídos. Apréndelos y cuida de ponerlos en práctica. 2Yahveh nuestro Dios ha concluido con nosotros una alianza en el Horeb. 3No con nuestros padres concluyó Yahveh esta alianza, sino con nosotros, con nosotros que estamos hoy aquí, todos vivos. 4Cara a cara os habló Yahveh en la montaña, de en medio del fuego; 5yo estaba entre Yahveh y vosotros para comunicaros la palabra de Yahveh, ya que vosotros teníais miedo del fuego y no subisteis a la montaña. Dijo: 6«Yo soy Yahveh tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. 7«No habrá para ti otros dioses delante de mi. 8«No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. 9No te postrarás ante ellas ni les darás culto. Porque yo, Yahveh tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, 10y tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos. 11«No tomarás en falso el nombre de Yahveh tu Dios, porque Yahveh no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso. 12«Guardarás el día del sábado para santificarlo, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios. 13Seis días trabajarás y harás todas tus tareas, 14pero el día séptimo es día de descanso para Yahveh tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades; de modo que puedan descansar, como tú, tu siervo, y tu sierva. 15Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado. 16Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios, para que se prolonguen tus días y seas feliz en el suelo que Yahveh tu Dios te da. 17«No matarás. 18«No cometerás adulterio. 19«No robarás. 20«No darás testimonio falso contra tu prójimo. 21«No desearás la mujer de tu prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo.» 22Estas palabras dijo Yahveh a toda vuestra asamblea, en la montaña, de en medio del fuego, la nube y la densa niebla, con voz potente, y nada más añadió. Luego las escribió en dos tablas de piedra y me las entregó a mí. 23Cuando vosotros oísteis la voz que salía de las tinieblas, mientras la montaña ardía en fuego, os acercasteis a mí todos vosotros, jefes de tribu y ancianos, 24y dijisteis: «Mira, Yahveh nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza y hemos óido su voz de en medio del fuego. Hemos visto en este día que puede Dios hablar al hombre y seguir éste con vida. 25Pero ahora, ¿por qué hemos de morir? - porque este fuego nos va a devorar -; si seguimos oyendo la voz de Yahveh nuestro Dios, moriremos. 26Pues, ¿qué hombre ha oído como nosotros la voz del Dios vivo hablando de en medio del fuego, y ha sobrevivido? 27Acércate tú a oír todo lo que diga Yahveh nuestro Dios, y luego nos dirás todo lo que Yahveh nuestro Dios te haya dicho; nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica.» 28Yahveh oyó vuestras palabras y me dijo: «He oído las palabras de este pueblo, lo que te han dicho; está bien todo lo que han dicho. 29¡Ojalá fuera siempre así su corazón para temerme y guadar todos mis mandamientos, y de esta forma ser eternamente felices, ellos y sus hijos! 30Ve a decirles: "Volved a vuestras tiendas." 31Y tú quédate aquí junto a mí; yo te diré a ti todos los mandamientos, preceptos y normas que has de enseñarles para que los pongan en práctica en la tierra que yo les doy en posesión.» 32Ciudad, pues, de proceder como Yahveh vuestro Dios os ha mandado. No os desviéis ni a derecha ni a izquierda. 33Seguid en todo el camino que Yahveh vuestro Dios os ha trazado: así viviréis, seréis felices y prolongaréis vuestros días en la tierra que vais a tomar en posesión. Capitulo 61Estos son los mandamientos, preceptos y normas que Yahveh vuestro Dios ha mandado enseñaros para que los pongáis en práctica en la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión, 2a fin de que temas a Yahveh tu Dios, guardando todos los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, tú, tu hijo y tu nieto, todos los días de tu vida, y así se prolonguen tus días. 3Escucha, Israel; cuida de practicar lo que te hará feliz y por lo que te multiplicarás, como te ha dicho Yahveh, el Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel. 4Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. 5Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. 6Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. 7Se la repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado; 8las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; 9las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas. 10Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra que a tus padres Abraham, Isaac y Jacob juró que te daría: ciudades grandes y prósperas que tú no edificaste, 11casas llenas de toda clase de bienes, que tú no llenaste, cisternas excavadas que tú no excavaste, viñedos y olivares que tú no plantaste, cuando hayas comido y te hayas saciado, 12cuida de no olvidarte de Yahveh que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre. 13A Yahveh tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás. 14No vayáis en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que os rodean, 15porque un Dios celoso es Yahveh tu Dios que está en medio de ti. La ira de Yahveh tu Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la haz de la tierra. 16No tentaréis a Yahveh vuestro Dios, como le habéis tentado en Massá. 17Guardaréis puntualmente los mandamientos de Yahveh vuestro Dios, los estatutos y preceptos que te ha prescrito, 18harás lo que es justo y bueno a los ojos de Yahveh para que seas feliz y llegues a tomar posesión de esa tierra buena de la que Yahveh juró a tus padres 19que arrojaría a todos tus enemigos ante ti, como te ha dicho Yahveh. 20Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: «¿Qué son estos estatutos, estos preceptos y estas normas que Yahveh nuestro Dios os ha prescrito?», 21dirás a tu hijo: «Eramos esclavos de Faraón en Egipto, y Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte. 22Yahveh realizó a nuestros propios ojos señales y prodigios grandes y terribles en Egipto, contre Faraón y toda su casa. 23Y a nosotros nos sacó de allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres. 24Y Yahveh nos mandó que pusiéramos en práctica todos estos preceptos, temiendo a Yahveh nuestro Dios, para que fuéramos felices siempre y nos permitiera vivir como el día de hoy. 25Tal será nuestra justicia: cuidar de poner en práctica todos estos mandamientos ante Yahveh nuestro Dios, como él nos ha prescrito.» Capitulo 71Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión, y haya arrojado delante de ti a naciones numerosas: hititas, guirgasitas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas y jebuseos, siete naciones más numerosas y fuertes que tú, 2cuando Yahveh tu Dios te las entregue y las derrotes, las consagrarás al anatema. No harás alianza con ellas, no les tendrás compasión. 3No emparentarás con ellas, no darás tu hija a su hijo ni tomarás su hija para tu hijo. 4Porque tu hijo se apartaría de mi seguimiento, serviría o otros dioses; y a la ira de Yahveh se encendería contra vosotros y se apresuraría a destruiros. 5Por el contrario, esto es lo que haréis con ellos: demoleréis sus altares, romperéis sus estelas, cortaréis sus cipos y prenderéis fuego a sus ídolos. 6Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra. 7No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; 8sino por el amor que os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres, por eso os ha sacado Yahveh con mano fuerte y os ha librado de la casa de servidumbre, del poder de Faraón, rey de Egipto. 9Has de saber, pues, que Yahveh tu Dios es el Dios verdadero, el Dios verdadero, el Dios fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones a los que le aman y guardan sus mandamientos, 10pero que da su merecido en su propia persona a quien le odia, destruyéndole. No es remiso con quien le odia: en su propia persona le da su merecido. 11Guarda, pues, los mandamientos, preceptos y normas que yo te mando hoy poner en práctica. 12Y por haber escuchado estas normas, por haberlas guardado y practicado, Yahveh tu Dios te mantendrá la alianza y el amor que bajo juramento prometió a tus pades. 13Te amará, te bendecirá, te multiplicará, bendecirá el fruto de tu seno y el fruto de tu suelo, tu trigo, tu mosto, tu aceite, las crías de tus vacas y las camadas de tus rebaños, en el suelo que a tus padres juró que te daría. 14Serás bendito más que todos los pueblos. No habrá macho ni hembra estéril en ti ni en tus rebaños. 15Yahveh apartará de ti toda enfermedad; no dejará caer sobre ti nunguna de esas malignas epidemias de Egipto que tú conoces, sino que se las enviará a todos los que te odian. 16Destruirás, pues, todos esos pueblos que Yahveh tu Dios te entrega, sin que tu ojo tenga piedad de ellos; y no darás culto a sus dioses, porque eso sería un lazo para ti. 17Acaso digas en tu corazón: «Esas naciones son más numerosas que yo; ¿cómo voy a poder desalojarlas?» 18Pero no las temas: acuérdate bien de lo que Yahveh tu Dios hizo con Faraón y con todo Egipto, 19de las grandes pruebas que tus ojos vieron, las señales y prodigios, la mano fuerte y el tenso brazo con que Yahveh tu Dios te sacó. Lo mismo hará Yahveh tu Dios con todos los pueblos a los que temes. 20Yahveh tu Dios enviará incluso avispas contra ellos para destruir a los que hubieren quedado y se te hubieren ocultado a ti. 21Así que no tiembles ante ellos, porque en medio de ti está Yahveh tu Dios, Dios grande y temible. 22Yahveh tu Dios irá arrojando a esas naciones de delante de ti poco a poco; no podrás exterminarlas de golpe, no sea que las bestias salvajes se multipliquen contra ti, 23sino que Yahveh tu Dios te las entregará y les infligirá grandes descalabros hasta que queden destruidas. 24Entregará a sus reyes en tu mano y tú borrarás sus nombres de debajo del cielo: nadie podrá resistir ante ti, hasta que los hayas destruido. 25Quemaréis las esculturas de sus dioses, y no codiciarás el oro y la plata que los recubren, ni lo tomarás para ti, no sea que por ello caigas en un lazo, pues es una cosa abominable para Yahveh tu Dios; 26y no debes meter en tu casa una cosa abominable, pues te harías anatema como ella. Las tendrás por cosa horrenda y abominable, porque son anatema. Capitulo 81Todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, cuidad de practicarlos, para que viváis, os multipliquéis y lleguéis a tomar posesión de la tierra que Yahveh prometió bajo juramento a vuestros padres. 2Acuérdate de todo el camino que Yahveh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos. 3Te humilló, te hizo pasar hambre, te dio a comer el maná que ni tú ni tus padres habíais conocido, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahveh. 4No se gastó el vestido que llevabas ni se hincharon tus pies a lo largo de esos cuarenta años. 5Date cuenta, pues, de que Yahveh tu Dios te corregía como un hombre corrige a su hijo, 6y guarda los mandamientos de Yahveh tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole. 7Pues Yahveh tu Dios te conduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares que manan en los valles y en las montañas, 8tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel, 9tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce. 10Comerás hasta hartarte, y bendecirás a Yahveh tu Dios en esa tierra buena que te ha dado. 11Guárdate de olvidar a Yahveh tu Dios descuidando los mandamientos, normas y preceptos que yo te prescribo hoy; 12no sea que cuando comas y quedes harto, cuando construyas hermosas casas y vivas en ellas, 13cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes, 14tu corazón se engría y olvides a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre; 15que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura; 16que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz. 17No digas en tu corazón: «Mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta prosperidad», 18sino acuérdate de Yahveh tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la prosperidad, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy. 19Pero si llegas a olvidarte de Yahveh tu Dios, si sigues a otros dioses, si les das culto y te postras ante ellos, yo certifico hoy contra vosotros que pereceréis. 20Lo mismo que las naciones que Yahveh va destruyendo a vuestro paso, así pereceréis también vosotros por haber desoído la voz de Yahveh vuestro Dios. Capitulo 91Escucha, Israel. Hoy vas a pasar ya el Jordán para ir a desalojar a naciones más grandes y fuertes que tú, ciudades grandes, de murallas que llegan hasta el cielo, 2un pueblo grande y corpulento, los anaquitas, a quienes tú conoces y de quienes has oído decir: «¿Quién puede hacer frente a los hijos de Anaq?» 3Pero has de saber hoy que Yahveh tu Dios es quien va a pasar delante de ti como un fuego devorador que los destruirá y te los someterá, para que los desalojes y los destruyas rápidamente, como te ha dicho Yahveh. 4No digas en tu corazón cuando Yahveh tu Dios los arroje de delante de ti: «Por mis méritos me ha hecho Yahveh entrar en posesión de esta tierra», siendo así que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahveh ante ti. 5No por tus méritos ni por la rectitud de tu corazón vas a tomar posesión de su tierra, sino que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahveh tu Dios ante ti; y también por cumplir la palabra que juró a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob. 6Has de saber, pues, que no es por tu justicia por lo que Yahveh tu Dios te da en posesión esa tierra buena, ya que eres un pueblo de dura cerviz. 7Acuérdate. No olvides que irritaste a Yahveh tu Dios en el desierto. Desde el día en que saliste del país de Egipto hasta vuestra llegada a este lugar, habéis sido rebeldes a Yahveh. 8En el Horeb irritasteis a Yahveh, y Yahveh montó en tal cólera contra vosotros que estuvo a punto de destruiros. 9Yo había subido al monte a recoger las tablas de piedra, las tablas de la alianza que Yahveh había concluido con vosotros. Permanecí en el monte cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua. 10Yahveh me dio las dos tablas de piedra escritas por el dedo de Dios, en las que estaban todas las palabras que Yahveh os había dicho de en medio del fuego, en la montaña, el día de la Asamblea. 11Al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, después de darme las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza, 12me dijo Yahveh: «Levántate, baja de aquí a toda prisa, porque tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto, se ha pervertido. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito: se han hecho un ídolo de fundición.» 13Continuó Yahveh y me dijo: «He visto a este pueblo: es un pueblo de dura cerviz. 14Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y que haga de ti una nación más fuerte y numerosa que ésta.» 15Yo me volví y bajé del monte, que ardía en llamas, llevando en mis manos las dos tablas de la alianza. 16Y vi que vosotros habíais pecado contre Yahveh vuestro Dios. Os habíais hecho un becerro de fundición: bien pronto os habíais apartado del camino que Yahveh os tenía prescrito. 17Tomé entonces las dos tablas, las arrojé de mis manos y las hice pedazos a vuestros propios ojos. 18Luego me postré ante Yahveh; como la otra vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua, por todo el pecado que habíais cometido haciendo el mal a los ojos de Yahveh hasta irritarle. 19Porque tenía mucho miedo de la ira y del furor que irritaba a Yahveh contra vosotros hasta querer destruiros. Y una vez más me escuchó Yahveh. 20También contra Aarón estaba Yahveh violentamente irritado hasta querer destruirle. Yo intercedí también entonces en favor de Aarón. 21Y vuestro pecado, el becerro que os habíais hecho, lo tomé y lo quemé; lo hice pedazos, lo pasé a la muela hasta que quedó reducido a polvo, y tiré el polvo al torrente que baja de la montaña. 22Y en Taberá, y en Massá, y en Quibrot Hattaavá, irritasteis a Yahveh. 23Y cuando Yahveh os hizo salir de Cadés Barnea diciendo: «Subid a tomar posesión de la tierra que yo os he dado», os rebelasteis contra la orden de Yahveh vuestro Dios, no creísteis en él ni eschuchasteis su voz. 24Habéis sido rebeldes a Yahveh vuestro Dios desde el día en que os conoció. 25Me postré, pues, ante Yahveh y estuve postrado estos cuarenta días y cuarenta noches, porque Yahveh había hablado de destruiros. 26Supliqué a Yahveh y dije: «Señor Yahveh, no destruyas a tu pueblo, tu heredad, que tú rescataste con tu grandeza y que sacaste de Egipto con mano fuerte. 27Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob, y no tomes en cuenta la indocilidad de este pueblo, ni su maldad ni su pecado, 28para que no se diga en el país de donde nos sacaste: "Porque Yahveh no ha podido llevarlos a la tierra que les había prometido, y por el odio que les tiene, los ha sacado para hacerlos morir en el desierto." 29Pero ellos son tu pueblo, tu heredad, aquellos a quienes tú sacaste con tu gran fuerza y tu tenso brazo.» Capitulo 101Yahveh me dijo entonces: «Labra dos tablas de piedra como las primeras y sube donde mí a la montaña; hazte también un arca de madera. 2Yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras que rompiste, y tú las depositarás en el arca.» 3Hice un arca de madera de acacia, labré dos tablas de piedra como las primeras y subí a la montaña con las dos tablas en la mano. 4El escribió en las tablas lo mismo que había escrito antes, las diez Palabras que Yahveh había dicho en el monte, de en medio del fuego, el día de la Asamblea. Y Yahveh me las entregó. 5Yo volví a bajar del monte, puse las tablas en el arca que había hecho y allí quedaron, como me había mandado Yahveh. 6Los israelitas partieron de los pozos de Bené Yaacán, hacia Moserá. Allí murió Aarón y allí fue enterrado. Le sucedió en el sacerdocio su hijo Eleazar. 7De allí se dirigieron a Gudgoda y de Gudgoda a Yotbatá, lugar de torrentes. 8Yahveh separó entonces a la tribu de Leví para llevar el arca de la alianza de Yahveh, sirviéndole y dando la bendición en su nombre hasta el día de hoy. 9Por eso Leví no ha tenido parte ni heredad con sus hermanos: Yahveh es su heredad, como Yahveh tu Dios le dijo. 10Yo me quedé en el monte, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. También esta vez me escuchó Yahveh y renunció a destruirte. 11Y me dijo Yahveh: «Levántate, ve a ponerte al frente de este pueblo, para que vayan a tomar posesión de la tierra que yo juré a sus padres que les daría.» 12Y ahora, Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas a Yahveh tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, 13que guardes los mandamientos de Yahveh y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz? 14Mira: De Yahveh tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y cuanto hay en ella. 15Y con todo, sólo de tus padres se prendó Yahveh y eligió a su descendencia después de ellos, a vosotros mismos, de entre todos los pueblos, como hoy sucede. 16Circuncidad el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz, 17porque Yahveh vuestro Dios es el Dios de los dioces y el Señor de los señores, el Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni admite soborno; 18que hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero, a quien da pan y vestido. 19(Amad al forastero porque forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.) 20A Yahveh tu Dios temerás, a él servirás, vivirás unido a él y en su nombre jurarás. 21El será objeto de tu alabanza y él tu Dios, que ha hecho por ti esas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto. 22No más de setenta personas eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y Yahveh tu Dios te ha hecho ahora numeroso como las estrellas del cielo. Capitulo 111Amarás a Yahveh tu Dios y guardarás siempre sus ritos, sus preceptos, normas y mandamientos. 2Vosotros sabéis hoy - no vuestros hijos, que ni saben ni han visto la lección de Yahveh vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte y su tenso brazo - 3las señales y hazañas que realizó él en medio de Egipto, contra Faraón rey de Egipto y todo su pueblo; 4lo que hizo con el ejército de Egipto, con sus caballos y sus carros, precipitando sobre ellos las aguas del mar de Suf cuando os perseguían, y aniquilándolos Yahveh hasta el día de hoy; 5lo que ha hecho por vosotros en el desierto hasta vuestra llegada a este lugar; 6lo que hizo con Datán y Abirón, hijos de Eliab el rubenita, cuando la tierra abrió su boca y los tragó en medio de todo Israel, con sus familias, sus tiendas y todos los que les seguían. 7Pues vuestros mismos ojos han visto toda esta gran obra que Yahveh ha realizado. 8Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que os hagaís fuertes y lleguéis a poseer la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión, 9y para que prolonguéis vuestros días en el suelo que Yahveh juró dar a vuestros padres y a su descendencia, tierra que mana leche y miel. 10Porque la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión no es como el país de Egipto del que habéis salido, donde después de sembrar había que regar con el pie, como se riega un huerto de hortalizas. 11Sino que la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión es una tierra de montes y valles, que bebe el agua de la lluvia del cielo. 12De esta tierra se cuida Yahveh tu Dios; los ojos de Yahveh tu Dios están constantemente puestos en ella, desde que comienza el año hasta que termina. 13Y si vosotros obedecéis puntualmente a los mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Yahveh vuestro Dios y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, 14yo daré a vuestro país la lluvia a su tiempo, lluvia de otoño y lluvia de primavera, y tú podrás cosechar tu trigo, tu mosto y tu aceite; 15yo daré a tu campo hierba para tu ganado, y comerás hasta hartarte. 16Cuidad bien que no se pervierta vuestro corazón y os descarriéis a dar culto o otros dioses, y a postraros ante ellos; 17pues la ira de Yahveh se encendería contra vosotros y cerraría los cielos, no habría más lluvia, el suelo no daría su fruto y vosotros pereceríais bien pronto en esa tierra buena que Yahveh os da. 18Poned estas palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a vuestra mano como una señal, y sean como una insignia entre vuestros ojos. 19Enseñádselas a vuestros hijos, hablando de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado. 20Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas, 21para que vuestros días y los días de vuestros hijos en la tierra que Yahveh juró dar a vuestros padres sean tan numerosos como los días del cielo sobre la tierra. 22Porque, si de verdad guardáis todos estos mandamientos que yo os mando practicar, amando a Yahveh vuestro Dios, siguiendo todos sus caminos y viviendo unidos a él, 23Yahveh desalojará delante de vosotros a todas esas naciones, y vosotros desalojaréis a naciones más numerosas y fuertes que vosotros. 24Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será vuestro; desde el Río, el río Eufrates, hasta el mar occidental, se extenderá vuestro territorio. 25Nadie podrá resistiros; Yahveh vuestro Dios hará que se os tema y se os respete sobre la haz de toda la tierra que habéis de pisar, como él os ha dicho. 26Mira: Yo pongo hoy ante vosotros bendición y maldición. 27Bendición si escucháis los mandamientos de Yahveh vuestro Dios que yo os prescribo hoy, 28maldición si desoís los mandamientos de Yahveh vuestro Dios, si os apartáis del camino que yo os prescribo hoy, para seguir a otros dioses que no conocéis. 29Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión, pondrás la bendición sobre el monte Garizim y la maldición sobre el monte Ebal. 30(Estos montes están, como sabéis, al otro lado del Jordán, detrás del camino del poniente, en el país de los cananeos que habitan en la Arabá, frente a Guilgal, cerca de la Encina de Moré.) 31Ya que vais a pasar el Jordán para ir a tomar posesión de la tierra que Yahveh vuestro Dios os da, cuando la poseáis y habitéis en ella, 32cuidaréis de poner en práctica todos los preceptos y normas que yo os expongo hoy.

Deuteronomio — Dt 1,16

16Y di entonces esta orden a vuestros jueces: «Escucharéis lo que haya entre vuestros hermanos y administraréis justicia entre un hombre y su hermano o un forastero.

Deuteronomio — Dt 5,32

32Ciudad, pues, de proceder como Yahveh vuestro Dios os ha mandado. No os desviéis ni a derecha ni a izquierda.

Deuteronomio — Dt 6,4ss

4Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. 5Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. 6Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy.

Deuteronomio — Dt 32,45ss

45Cuando Moisés acabó de pronunciar estas palabras a todo Israel, 46les dijo: «Estad bien atentos a todas estas palabras que hoy os doy como testimonio. Se las prescribiréis a vuestros hijos, para que cuiden de poner en práctica todas las palabras de esta Ley. 47Porque no es una palabra vana para vosotros, sino que es vuestra vida, y por ella prolongaréis vuestros días en el suelo que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán.»

II Macabeos — 2Mac 7,5

5Cuando quedó totalmente inutilizado, pero respirando todavía, mandó que le acercaran al fuego y le tostaran en la sartén. Mientras el humo de la sartén se difundía lejos, los demás hermanos junto con su madre se animaban mutuamente a morir con generosidad, y decían:

II Macabeos — 2Mac 8,16

16Después de reunir a los suyos, en número de 6.000, el Macabeo les exhortaba a no dejarse amedrentar por los enemigos y a no temer a la muchedumbre de gentiles que injustamente venían contra ellos, sino a combatir con valor,

II Macabeos — 2Mac 13,12.14

12Una vez que todos juntos cumplieron la orden y suplicaron al Señor misericordioso con lamentaciones y ayunos y postraciones durante tres días seguidos, Judas les animó y les mandó que estuvieran preparados. 14Judas, dejando la decisión al Creador del mundo, animó a sus hombres a combatir heroicamente hasta la muerte por la causa de las leyes, el Templo, la ciudad, la patria y las instituciones; y acampó en las cercanías de Modín.

Nuevo Testamento (17citas)

Romanos — Rom 12,8

8la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad.

Hechos — Hch 2,40

40Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.»

I Corintios — 1Cor 14,3

3Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación.

II Timoteo — 2Tim 4,2

2Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina.

Tito — Tit 1,9

9Que esté adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que contradicen.

Hechos — Hch 11,23

23Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con corazón firme, unidos al Señor,

Hechos — Hch 14,22

22confortando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a perseverar en la fe y diciéndoles: «Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.»

Hechos — Hch 15,32

32Judas y Silas, que eran también profetas, exhortaron con un largo discurso a los hermanos y les confortaron.

Hechos — Hch 16,40

40Al salir de la cárcel se fueron a casa de Lidia, volvieron a ver a los hermanos, los animaron y se marcharon.

I Tesalonicenses — 1Tes 3,2

2y os enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el Evangelio de Cristo, para afianzaros y daros ánimos en vuestra fe,

II Corintios — 2Cor 5,20

20Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!

I Tesalonicenses — 1Tes 2,13

13De ahí que también por nuestra parte no cesemos de dar gracias a Dios porque, al recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes.

Hebreos — Heb 13,22

22Os ruego, hermanos, que aceptéis estas palabras de exhortación, pues os he escrito brevemente.

I Pedro — 1Pe 5,12

12Por medio de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, exhortándoos y atestiguándoos que esta es la verdadera gracia de Dios; perseverad en ella.

II Corintios — 2Cor 13,11

11Por lo demás, hermanos, alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros.

Hebreos — Heb 3,13

13antes bien, exhortaos mutuamente cada día mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca seducido por el pecado.

Hebreos — Heb 10,25

25sin abandonar vuestra propia asamblea, como algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animándoos: tanto más, cuanto que veis que se acerca ya el Día.

Evangelio (1cita)

Lucas — Lc 3,18

18Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.