Salmos — Sal 106,13-33
13Mas pronto se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo; 14en el desierto ardían de avidez, a Dios tentaban en la estepa. 15El les concedió lo que pedían, mandó fiebre a sus almas. 16Y en el campamento, de Moisés tuvieron celos, de Aarón, el santo de Yahveh. 17Se abre la tierra, traga a Datán, y cubre a la cuadrilla de Abirón; 18un fuego se enciende contra su cuadrilla, una llama abrasa a los impíos 19En Horeb se fabricaron un becerro, se postraron ante un metal fundido, 20y cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come heno. 21Olvidaban a Dios que les salvaba, al autor de cosas grandes en Egipto, 22de prodigios en el país de Cam, de portentos en el mar de Suf. 23Hablaba ya de exterminarlos, si no es porque Moisés, su elegido, se mantuvo en la brecha en su presencia, para apartar su furor de destruirlos. 24Una tierra de delicias desdeñaron, en su palabra no tuvieron fe; 25murmuraron dentro de sus tiendas, no escucharon la voz de Yahveh. 26Y él, mano en alto, les juró hacerles caer en el desierto, 27desperdigar su raza entre las naciones, y dispersarlos por los países. 28Luego se vincularon a Baal Peor y comieron sacrificios de muertos. 29Así le irritaron con sus obras, y una plaga descargó sobre ellos. 30Entonces surgió Pinjás, zanjó, y la plaga se detuvo; 31esto se le contó como justicia de edad en edad, para siempre. 32En las aguas de Meribá le enojaron, y mal le fue a Moisés por culpa de ellos, 33pues le amargaron el espíritu, y habló a la ligera con sus labios.
Salmos — Sal 106,34-40
34No exterminaron a los pueblos que Yahveh les había señalado, 35sino que se mezclaron con las gentes, aprendieron sus prácticas. 36Sirvieron a sus ídolos que fueron un lazo para ellos; 37sacrificaban sus hijos y sus hijas a demonios. 38Sangre inocente derramaban, la sangre de sus hijos y sus hijas, que inmolaban a los ídolos de Canaán, y fue el país profanado de sangre. 39Así se manchaban con sus obras, y se prostituían con sus prácticas. 40Entonces se inflamó la cólera de Yahveh contra su pueblo, y abominó de su heredad.
Salmos — Sal 36,2-5
2Un oráculo para el impío es el pecado en el fondo de su corazón; temor de Dios no existe delante de sus ojos. 3Con ojo harto lisonjero se mira, para encontrar y detestar su culpa; 4las palabras de su boca, iniquidad y engaño; renunció a ser sensato, a hacer el bien. 5Sólo maquina iniquidad sobre su lecho; en un camino que no es bueno se obstina y no reprueba el mal.
Sal 10.3s — texto no disponible
Salmos — Sal 14,1
1Del maestro de coro. De David. Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.
Salmos — Sal 10,6-11
6Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» (Sámek.) porque en desgracia no se ve, 7maldice. (Pe.) De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad; 8al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. (Ain.) Todo ojos, espía al desvalido, 9al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red. 10(Sade.) Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder; 11dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»
Salmos — Sal 17,9-12
9de esos impíos que me acosan, enemigos ensañados que me cercan. 10Están ellos cerrados en su grasa, hablan, la arrogancia en la boca. 11Avanzan contra mí, ya me cercan, me clavan sus ojos para tirarme al suelo. 12Son como el león ávido de presa, o el leoncillo agazapado en su guarida.
Salmos — Sal 94,1-6
1¡Dios de las venganzas, Yahveh, Dios de las venganzas, aparece! 2¡Levántate, juez de la tierra, da su merecido a los soberbios! 3¿Hasta cuándo los impíos, Yahveh, hasta cuándo triunfarán los impíos? 4Cacarean, dicen insolencias, se pavonean todos los agentes de mal. 5A tu pueblo, Yahveh, aplastan, a tu heredad humillan. 6Matan al forastero y a la viuda, asesinan al huérfano.
Salmos — Sal 10,12-18
12Qof. ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados! 13¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?» 14Res. Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano. 15Sin. ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro! 16¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra! 17Tau. El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh, su corazón confortas, alarguas tus oídos, 18para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!
Salmos — Sal 31,18s
18Yahveh, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol, 19enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!
Salmos — Sal 109,6.
6«¡Suscita a un impío contra él, y que un fiscal esté a su diestra;
Salmos — Sal 58,11
11Se alegrará el justo de haber visto la venganza, sus pies bañará en la sangre del impío;
Salmos — Sal 1,4ss
4¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento. 5Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos. 6Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.
Salmos — Sal 34,22
22Tau. La malicia matará al impío, los que odian al justo lo tendrán que pagar.
Salmos — Sal 37,9s.12-17.20
9pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. 10Vau. Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está; 12Zain. El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él; 13el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día. 14Jet. Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta; 15su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos. 16Tet. Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío; 17pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh. 20Kaf. Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán.
Salmos — Sal 73,2-12
2Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran, 3celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos. 4No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo; 5no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados. 6Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre; 7la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda. 8Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia; 9ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra. 10Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan. 11Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?» 12Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza.
Salmos — Sal 72,3
3Traigan los montes paz al pueblo, y justicia los collados.