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Muerte

269 citas resueltas — Texto completo

Salmos (32citas)

Salmos — Sal 89,49

49¿Qué hombre podrá vivir sin ver la muerte, quién librará su alma de la garra del seol?

Salmos — Sal 39,14

14¡Retira tu mirada para que respire antes que me vaya y ya no exista más!

Salmos — Sal 115,17

17No alaban los muertos a Yahveh, ni ninguno de los que bajan al Silencio;

Salmos — Sal 88,12s

12¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición? 13¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido ?»

Salmos — Sal 22,16

16Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.

Salmos — Sal 30,10

10¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?

Salmos — Sal 13,4

4¡Mira, respóndeme, Yahveh, Dios mío! ¡Ilumina mis ojos, no me duerma en la muerte,

Salmos — Sal 6,6

6Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?

Salmos — Sal 115,7

7Tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, ni un solo susurro en su garganta.

Salmos — Sal 88,6

6relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano.

Salmos — Sal 39,5ss

5«Hazme saber, Yahveh, mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuán frágil soy. 6«Oh sí, de unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue, 7nada más una sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas que amontona, sin saber quién las recogerá.»

Salmos — Sal 89,48s

48Recuerda, Señor, qué es la existencia, para qué poco creaste a los hijos de Adán. 49¿Qué hombre podrá vivir sin ver la muerte, quién librará su alma de la garra del seol?

Salmos — Sal 90

1Oración. De Moisés, hombre de Dios. Señor, tú has sido para nosotros un refugio de edad en edad. 2Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios. 3Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: «¡Tornad, hijos de Adán!» 4Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. 5Tú los sumerges en un sueño, a la mañana serán como hierba que brota; 6por la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca. 7Pues por tu cólera somos consumidos, por tu furor anonadados. 8Has puesto nuestras culpas ante ti, a la luz de tu faz nuestras faltas secretas. 9Bajo tu enojo declinan todos nuestros días, como un suspiro consumimos nuestros años. 10Los años de nuestra vida son unos setenta, u ochenta, si hay vigor; mas son la mayor parte trabajo y vanidad, pues pasan presto y nosotros nos volamos. 11¿Quién conoce la fuerza de tu cólera, y, temiéndote, tu indignación? 12¡Enseñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón! 13¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos. 14Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida. 15Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste, los años en que desdicha conocimos. 16¡Que se vea tu obra con tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos! 17¡La dulzura del Señor sea con nosotros! ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!

Salmos — Sal 49,8.

8¡Si nadie puede redimirse ni pagar a Dios por su rescate!;

Salmos — Sal 49,15

15Como ovejas son llevados al seol, los pastorea la Muerte, y los rectos dominarán sobre ellos. Por la mañana se desgasta su imagen, ¡el seol será su residencia!

Salmos — Sal 88,4ss

4Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol; 5contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado: 6relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano.

Salmos — Sal 18,5s

5Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial, 6los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte.

Salmos — Sal 69,15s

15¡Sácame del cieno, no me hunda, escape yo a los que me odian, a las honduras de las aguas! 16¡El flujo de las aguas no me anegue no me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí su boca!

Salmos — Sal 116,3

3Los lazos de la muerte me aferraban, me sorprendieron las redes del seol; en angustia y tristeza me encontraba,

Salmos — Sal 37,20.28.36

20Kaf. Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán. 28porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. Ain. Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada; 36pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró.

Salmos — Sal 73,27

27Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros.

Salmos — Sal 55,16

16caiga la muerte sobre ellos, vivos en el seol se precipiten, pues está el mal instalado en medio de ellos!

Salmos — Sal 73,18s

18oh, sí, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas. 19¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores!

Salmos — Sal 49,11

11Se ve, en cambio, fenecer a los sabios, perecer a la par necio y estúpido, y dejar para otros sus riquezas.

Salmos — Sal 6,5

5Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.

Salmos — Sal 16,10

10pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa.

Salmos — Sal 49,16

16Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará.

Salmos — Sal 18,17

17El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas;

Salmos — Sal 30

1Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. De David. 2Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos. 3Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste. 4Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa. 5Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada. 6De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo. 7Y yo en mi paz decía: «Jamás vacilaré.» 8Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas; mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado. 9A ti clamo, Yahveh, a mi Dios piedad imploro: 10¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad? 11¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio! 12Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría; 13mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.

Salmos — Sal 49.16

16Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará.

Salmos — Sal 73.20

20Como en un sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen.

Salmos — Sal 18,5

5Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial,

Sapienciales (37citas)

Eclesiástico — Eclo 41,1s

1¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para el hombre que vive en paz entre sus bienes, para el varón desocupado a quien en todo le va bien, y todavía con fuerzas para servirse el alimento! 2¡Oh muerte, buena es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para el viejo acabado, ahíto de cuidados, que se rebela y ha perdido la paciencia!

Job — Job 6,9

9que él consintiera en aplastarme, que soltara su mano y me segara!

Job — Job 7,15

15¡Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores!

Job — Job 7,8.21

8El ojo que me miraba ya no me verá, pondrás en mí tus ojos y ya no existiré. 21¿Y por qué no toleras mi delito y dejas pasar mi falta? Pues ahora me acostaré en el polvo, me buscarás y ya no existiré.

Job — Job 7,10

10No regresa otra vez a su casa, no vuelve a verle su lugar.

Job — Job 17,13

13Mas ¿qué espero? Mi casa es el seol, en las tinieblas extendí mi lecho.

Job — Job 3,13-19

13Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz, 14con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades; 15o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas. 16O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz. 17Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos. 18También están tranquilos los cautivos, sin oír más la voz del capataz. 19Chicos y grandes son allí lo mismo, y el esclavo se ve libre de su dueño.

Job — Job 17,16

16¿Van a bajar conmigo hasta el seol? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo?

Job — Job 17,14

14Y grito a la fosa: «¡Tú mi padre!», a los gusanos: «¡Mi madre y mis hermanos!»

Job — Job 38,17

17¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?

Sabiduría — Sab 16,13

13Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir.

Job — Job 10,21s

21antes que me vaya, para ya no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra, 22tierra de oscuridad y de desorden, donde la misma claridad es como la calígine.

Eclesiástico — Eclo 30,18

18Manjares derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba.

Eclesiástico — Eclo 8,7

7No te alegres de la muerte de nadie, recuerda que todos moriremos.

Job — Job 14,1-12

1el hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de tormentos. 2Como la flor, brota y se marchita, y huye como la sombra sin pararse. 3¡Y sobre un ser tal abres tú los ojos, le citas a juicio frente a ti! 4Mas ¿quién podrá sacar lo puro de lo impuro? ¡Ninguno! 5Si es que están contados ya sus días, si te es sabida la cuenta de sus meses, si un límite le has fijado que no franqueará, 6aparta de él tus ojos, déjale, hasta que acabe, como un jornalero, su jornada. 7Una esperanza guarda el árbol: si es cortado, aún puede retoñar, y no dejará de echar renuevos. 8Incluso con raíces en tierra envejecidas, con un tronco que se muere en el polvo, 9en cuanto siente el agua, reflorece y echa ramaje como una planta joven. 10Pero el hombre que muere queda inerte, cuando un hunamo expira, ¿dónde está? 11Podrán agotarse las aguas del mar, sumirse los ríos y secarse, 12que el hombre que yace no se levantará, se gastarán los cielos antes que se despierte, antes que surja de su sueño.

Sabiduría — Sab 2,2s

2Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón; 3al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.

Eclesiastés — Ecl 3

1Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: 2Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado. 3Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar. 4Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar. 5Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse. 6Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar. 7Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar. 8Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz. 9¿Qué gana el que trabaja con fatiga? 10He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen. 11El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin. 12Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida. 13Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios. 14Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así hace Dios que se le tema. 15Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado. 16Todavía más he visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el sitial del justo, allí el impío. 17Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra. 18Dije también en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios los pruebe y les demuestre que son como bestias. 19Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad. 20Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo. 21¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra? 22Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?

Eclesiástico — Eclo 10,10

10La larga enfermedad deja perplejo al médico, y el que hoy es rey fenecerá mañana.

Eclesiástico — Eclo 41,4

4Esta sentencia viene del Señor sobre toda carne, ¿por qué desaprobar el agrado del Altísimo? Ya se viva diez, cien, mil años, no se reprocha en el seol la vida.

Sabiduría — Sab 18,15

15tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable,

Proverbios — Prov 27,20

20Seol y Perdición son insaciables; tampoco se sacian los ojos del hombre.

Job — Job 18,5-21

5Sí, la luz del malvado ha de apagarse, ya no brillará su ardiente llama. 6La luz en su tienda se oscurece, de encima de él se apaga la candela. 7Se acortan sus pasos vigorosos, le pierde su propio consejo. 8Porque sus pies le meten en la red, entre mallas camina. 9Por el talón le apresa un lazo, el cepo se cierra sobre él. 10Oculto en la tierra hay un nudo para él, una trampa le espera en el sendero. 11Por todas partes le estremecen terrores, y le persiguen paso a paso. 12El hambre es su cortejo, la desgracia se adhiere a su costado. 13Devora el mal su piel, el Primogénito de la Muerte roe sus miembros. 14Se le arranca del seguro de su tienda, se le lleva donde el Rey de los terrores. 15Se ocupa su tienda, ya no suya, se esparce azufre en su morada. 16Por abajo se secan sus raíces, por arriba se amustia su ramaje. 17Su recuerdo desaparece de la tierra, no le queda nombre en la comarca. 18Se le arroja de la luz a las tinieblas, del orbe se le expulsa. 19Ni prole ni posteridad tiene en su pueblo, ningún superviviente en sus moradas. 20De su fin se estremece el Occidente, y el Oriente queda preso de terror. 21Tan sólo esto son las moradas del impío, tal el lugar del que a Dios desconoce.

Sabiduría — Sab 1,13

13que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes;

Sabiduría — Sab 2,23s

23Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; 24mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

Proverbios — Prov 11,19

19Al que establece justicia, la vida, al que obra el mal, la muerte.

Proverbios — Prov 7,27

27Su morada es camino del seol, que baja hacia las cámaras de la muerte.

Proverbios — Prov 9,18

18No sabe el hombre que allí moran las Sombras; sus invitados van a los valles del seol.

Sabiduría — Sab 1,16

16Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella, y con ella conciertan un pacto, pues bien merecen que les tenga por suyos.

Sabiduría — Sab 4,19

19Después serán cadáveres despreciables, objeto de ultraje entre los muertos para siempre. Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin habla, los sacudirá de sus cimientos; quedarán totalmentes asolados, sumidos en el dolor, y su recuerdo se perderá.

Job — Job 9,22

22Pero todo da igual, y por eso digo: él extermina al intachable y al malvado.

Eclesiastés — Ecl 7,15

15En mi vano vivir, de todo he visto: justos perecer en su justicia, e impíos envejecer en su iniquidad.

Job — Job 33,19-30

19También es corregido por el dolor en su camilla, por el temblor continuo de sus huesos, 20cuando a su vida el alimento asquea y a su alma los manjares exquisitos, 21cuando su carne desaparece de la vista, y sus huesos, que no se veían, aparecen; 22cuando su alma a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos. 23Si hay entonces junto a él un Angel, un Mediador escogido entre mil, que declare al hombre su deber, 24que de él se apiade y diga: «Líbrale de bajar a la fosa, yo he encontrado el rescate de su alma», 25su carne se renueva de vigor juvenil, vuelve a los días de su adolescencia. 26Invoca a Dios, que le otorga su favor, y va a ver con júbilo su rostro Anuncia a los demás su justicia, 27canta así entre los hombres: «Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha dado el merecido. 28Ha librado mi alma de pasar por la fosa, y mi vida contempla la luz.» 29He aquí todo lo que hace Dios, dos y tres veces con el hombre, 30para recobrar su alma de la fosa, para que sea alumbrado con la luz de los vivos.

Proverbios — Prov 23,13s

13No ahorres corrección al niño, que no se va a morir porque le castigues con la vara. 14Con la vara le castigarás y librarás su alma del seol.

Sabiduría — Sab 4,7..

7El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso.

Sabiduría — Sab 5,1-3.15

1Estará entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron y despreciaron sus trabajos. 2Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su salvación. 3Se dirán mudando de parecer, gimiendo en la angustia de su espíritu: 15Los justos, en cambio, viven eternamente; en el Señor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo.

Sabiduría — Sab 3,4

4Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad;

Sabiduría — Sab 3,3

3y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz.

Historicos (40citas)

Génesis — Gen 50,1

1José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.

II Samuel — 2Sa 19,1.

1Entonces el rey se estremeció. Subió a la estancia que había encima de la puerta y rompió a llorar. Decia entre sollozos: «¡Hijo mío, Absalón; hijo mío, hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío!»

II Reyes — 2Re 20,2s

2Ezequías volvió su rostro a la pared y oró a Yahveh diciendo: 3«¡Ah, Yahveh! Dignate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto haciendo lo recto a tu ojos.» Y Ezequías lloró con abundantes lágrimas.

Génesis — Gen 49,29

29Luego les dio este encargo: «Yo voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita,

II Samuel — 2Sa 3,31

31Y dijo David a Joab y a todo el ejército que le acompañaba: «Rasgad vuestros vestidos, ceñíos los sayales y llorad por Abner.» El rey David iba detrás de las andas.

I Samuel — 1Sa 31,12s

12se levantaron todos los valientes y caminando durante toda la noche, tomaron del muro de Bet San el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos y llevándolos a Yabés los quemaron allí. 13Tomaron sus huesos y los sepultaron bajo el tamarisco de Yabés y ayunaron siete días.

Tobías — Tob 2,4-8

4Me levanté al punto y sin probar la comida, alcé el cadáver de la plaza y lo dejé en una habitación, en espera de que se pusiera el sol, para enterrarlo. 5Volví a entrar, me lavé y comí con aflicción 6acordándome de las palabras que el profeta Amós dijo contra Betel: Vuestras solemnidades se convertirán en duelo y todas vuestras canciones en lamento. 7Y lloré. Cuando el sol se puso, cavé una fosa y sepulté el cadáver. 8Mis vecinos se burlaban y decían: «Todavía no ha aprendido. (Pues, en efecto, ya habían querido matarme por un hecho semejante.) Apenas si pudo escapar y ya vuelve a sepultar a los muertos.»

Deuteronomio — Dt 21,23

23no dejarás que su cadáver pase la noche en el árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un colgado es una maldición de Dios. Así no harás impuro el suelo que Yahveh tu Dios te da en herencia.

Génesis — Gen 23

1Sara vivió 127 años. 2Murió Sara en Quiryat Arbá - que es Hebrón - en el país de Canaán, y Abraham hizo duelo por Sara y la lloró. 3Luego se levantó Abraham de delante de la muerta, y habló a los hijos de Het en estos términos: 4«Yo soy un simple forastero que reside entre vosotros. Dadme una propiedad sepulcral entre vosotros, para retirar y sepultar a mi muerta.» 5Respondieron los hijos de Het a Abraham diciéndole: 6«A ver si nos entendemos, señor; tú eres un príncipe divino entre nosotros. En el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro, para que entierres a tu muerta.» 7Levantóse Abraham, e hizo una reverencia a los paisanos, a los hijos de Het, 8y les habló en estos términos: «Si estáis de acuerdo con que yo retire y sepulte a mi muerta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón, hijo de Sójar, 9para que me dé la cueva de la Makpelá que es suya y que está al borde de su finca. Que me la dé por lo que valga en propiedad sepulcral entre vosotros.» 10Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Respondió, pues, Efrón el hitita a Abraham, a oídas de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad diciendo: 11«No, señor, escúchame: te doy la finca y te doy también la cueva que hay en ella. A la vista de los hijos de mi pueblo te la doy: sepulta a tu muerta.» 12Abraham hizo una reverencia a los paisanos, 13y se dirigió a Efron, a oídas de los paisanos, diciendo: «A ver si nos entendemos. Te doy el precio de la finca acéptamelo y enterraré allí a mi muerta.» 14Respondió Efrón a Abraham: 15«Señor mío, escúchame: Cuatrocientos siclos de plata por un terren0, ¿qué nos suponen a ti y a mí? Sepulta a tu muerta.» 16Abraham accedió y pesó a Efrón la plata que éste había pedido a oídas de los hijos de Het: cuatrocientos siclos de plata corriente de mercader. 17Así fue cómo la finca de Efrón que está en la Makpelá, frente a Mambré, la finca y la cueva que hay en ella y todos los árboles que rodean la finca por todos sus lindes, todo ello vino a ser 18propiedad de Abraham, a la vista de los hijos de Het, y todos los que entraban por la puerta de la ciudad. 19Después Abraham sepultó a su mujer Sara en la cueva del campo de la Makpelá frente a Mambré (es Hebrón), en Canaán. 20Así aquel campo y la cueva que hay en él llegaron a ser de Abraham como propiedad sepulcral, recibida de los hijos de Het.

Génesis — Gen 49,29-32

29Luego les dio este encargo: «Yo voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita, 30en la cueva que está en el campo de la Makpelá, enfrente de Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abraham a Efrón el hitita, como propiedad sepulcral: 31allí sepultaron a Abraham y a su mujer Sara; allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lía. 32Dicho campo y la cueva que en él hay fueron adquiridos de los hititas.»

Génesis — Gen 50,12s

12Sus hijos, pues, hicieron por él como él se lo había mandado; 13le llevaron sus hijos al país de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de la Makpelá, el campo que había comprado Abraham en propiedad sepulcral a Efrón el hitita, enfrente de Mambré.

Tobías — Tob 4,17

17Esparce tu pan sobre la tumba de los justos, pero no lo des a los pecadores.

Levítico — Lev 19,28

28No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os haréis tatuaje. Yo, Yahveh.

Deuteronomio — Dt 14,1

1Hijos sois de Yahveh vuestro Dios. No os haréis incisión ni tonsura entre los ojos por un muerto.

Levítico — Lev 19,3

3Respete cada uno de vosotros a su madre y a su padre. Guardad mis sábados. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

Levítico — Lev 20,27

27El hombre o la mujer en que haya espíritu de nigromante o adivino, morirá sin remedio: los lapidarán. Caerá su sangre sobre ellos.

Deuteronomio — Dt 18,11

11ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos.

I Samuel — 1Sa 28

1Por aquellos días reunieron los filisteos sus tropas para ir a la guerra contra Israel; Akís dijo a David: «Bien sabes que debes venir a la guerra conmigo, tú y tus hombres.» 2Respondió David a Akís: «Ahora vas a saber bien lo que va a hacer tu servidor.» Dijo Akís a David: «Con seguridad te haré mi guardia personal para siempre.» 3Samuel había muerto, todo Israel le había llorado y fué sepultado en Ramá, su ciudad. Saúl había echado del país a los nigromantes y adivinos. 4Habiéndose reunido los filisteos vinieron a acampar en Sunem. Reunió Saúl a todo Israel y acampó en Gelboé. 5Vio Saúl el campamento de los filisteos y tuvo miedo, temblando sobremanera su corazón. 6Consultó Saúl a Yahveh, pero Yahveh no le respondió ni por sueños ni por los urim , ni por los profetas. 7Dijo Saúl a sus servidores: «Buscadme una nigromante para que vaya a consultarla.» Dijéronle sus servidores: « Aquí mismo, en Endor, hay una nigromante.» 8Se disfrazó Saúl poniéndose otras ropas y fue con dos de sus hombres; llegó donde la mujer de noche y dijo: «Adivíname por un muerto y evócame el que yo te diga.» 9La mujer le respondió: «Bien sabes lo que hizo Saúl, que suprimió de esta tierra a los nigromantes y adivinos. ¿Por qué tiendes un lazo a mi vida para hacerme morir?» 10Saúl juró por Yahveh diciendo: «¡Vive Yahveh! Ningún castigo te vendrá por este hecho.» 11La mujer dijo: «¿A quién debo invocar para ti?» Respondió: «Evócame a Samuel.» 12Vio entonces la mujer a Samuel y lanzó un gran grito. Dijo la mujer a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl¡» 13El rey le dijo: «No temas, pero ¿qué has visto?» La mujer respondió a Saúl: «Veo un espectro que sube de la tierra.» 14Saúl le preguntó: «¿Qué aspecto tiene?» Ella respondió: «Es un hombre anciano que sube envuelto en su manto.» Comprendió Saúl que era Samuel y cayendo rostro en tierra se postró. 15Samuel dijo a Saúl: «¿Por qué me perturbas evocándome?» Respondió Saúl: «Estoy en grande augustia; los filisteos mueven guerra contra mí, Dios se ha apartado de mí y ya no me responde ni por los profetas ni en sueños. Te he llamado para que me indiques lo que debo hacer.» 16Dijo Samuel: «¿Para qué me consultas si Yahveh se ha separado de ti y se ha pasado a otro? 17Yahveh te ha cumplido lo que dijo por mi boca: ha arrancado Yahveh el reino de tu mano y se lo ha dado a otro, a David, 18porque no oíste la indignación de su ira contra Amalec. Por eso te trata hoy Yahveh de esta manera. 19También a Israel entregará Yahveh en manos de los filisteos. Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo. Yahveh ha entregado también el ejército de Israel en manos de los filisteos.» 20Al instante Saúl cayó en tierra cuan largo era. Estaba aterrado por las palabras de Samuel: se hallaba, además, sin fuerzas, porque no había comido nada en todo el día y toda la noche. 21Acercóse la mujer donde Saúl, y viendo que estaba tan conturbado, le dijo: «Tu sierva ha escuchado tu voz y he puesto mi vida en peligro por obedecer las órdenes que me diste. 22Escucha, pues, tú también la voz de tu sierva y permíteme que te sirva un bocado de pan para que comas y tengas fuerzas para ponerte en camino.» 23Saúl se negó diciendo: «No quiero comer.» Pero sus servidores, a una con la mujer, le insistieron hasta que accedió. Se levantó del suelo y se sentó en el diván. 24Tenía la mujer en casa un ternero cebado y se apresuró a degollarlo. Tomó harina, la amasó y coció unos ázimos. 25Lo sirvió a Saúl y sus servidores, comieron y levantandose se marcharon aquella misma noche.

II Reyes — 2Re 21,6

6Hizo pasar a su hijo por el fuego; practicó los presagios y los augurios, hizo traer los adivinos y nigromantes, haciendo mucho mal a los ojos de Yahveh y provocando su cólera.

I Reyes — 1Re 2,2

2«Yo me voy por el camino de todos. Ten valor y sé hombre.

II Samuel — 2Sa 14,14

14Todos hemos de morir; como el algua que se derrama en tierra no se vuelva a recoger, así Dios no vuelve a conceder la vida. Que el rey elija medios para que el proscrito no siga alejado de él.

Génesis — Gen 25,7

7Estos fueron los días de vida de Abraham: 175 años.

Génesis — Gen 35,29

29Entonces Isaac expiró y murió, fue a reunirse con su pueblo, anciano y lleno de días. Le sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.

Deuteronomio — Dt 34

1Moisés subió de las Estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisgá, frente a Jericó, y Yahveh le mostró la tierra entera: Galaad hasta Dan, 2todo Neftalí, la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra de Judá, hasta el mar Occidental, 3el Négueb, la vega del valle de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Soar. 4Y Yahveh le dijo: «Esta es la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella.» 5Allí murió Moisés, servidor de Yahveh, en el país de Moab, como había dispuesto Yahveh. 6Le enterró en el Valle, en el País de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido su tumba. 7Tenía Moisés 120 años cuando murió; y no se había apagado su ojo ni se había perdido su vigor. 8Los israelitas lloraron a Moisés treinta días en las Estepas de Moab; cumplieron así los días de llanto por el duelo de Moisés. 9Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos. A él obedecieron los israelitas, cumpliendo la orden que Yahveh había dado a Moisés. 10No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien Yahveh trabata cara a cara, 11nadie como él en todas las señales y prodigios que Yahveh le envió a realizar en el país de Egipto, contra Faraón, todos sus siervos y todo su país, 12y en la mano tan fuerte y el gran terror que Moisés puso por obra a los ojos de todo Israel.

I Samuel — 1Sa 31

1Trabaron batalla los filisteos contra Israel y huyeron los hombres de Israel ante los filisteos y cayeron heridos de muerte en el monte Gelboé. 2Apretaron de cerca los filisteos a Saúl y a sus hijos y mataron los filisteos a Jonatán, Abinadab y Malki Súa, hijos de Saúl. 3El peso de la batalla cargó sobre Saúl. Los arqueros tiron sobre él y fue herido por ellos. 4Dijo Saúl a su escudero: «Saca tu espada y traspásame, no sea que lleguen esos incircuncisos y hagan mofa de mí », pero el escudero no quiso pues estaba lleno de temor. Entonces Saúl tomó la espada y se arrojó sobre ella. 5Viendo el escudero que Saúl había muerto, se arrojó también sobre su espada y murió con él. 6Así murieron aquel día juntamente Saúl y sus tres hijos y su escudero. 7Cuando los hombres de Israel que estaban del lado frontero del valle y del otro lado del Jordán vieron que las tropas de Israel se daban a la fuga y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus ciudades y huyeron; vinieron los filisteos y se establecieron en ellas. 8Al otro día vinieron los filisteos para despojar a los muertos y encontraron a Saúl y a sus tres hijos caídos en el monte Gelboé. 9Cortaron su cabeza y le despojaron de sus armas que hicieron pasear a la redonda por el país de los filisteos para anunciar la buena nueva a sus dioses y a su pueblo. 10Depositaron sus armas en el templo de Astarté y colgaron su cuerpo de los muros de Bet San. 11Supieron los habitantes de Yabés de Galaad lo que los filisteos habían hecho con Saúl, 12se levantaron todos los valientes y caminando durante toda la noche, tomaron del muro de Bet San el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos y llevándolos a Yabés los quemaron allí. 13Tomaron sus huesos y los sepultaron bajo el tamarisco de Yabés y ayunaron siete días.

II Samuel — 2Sa 12,23

23Pero ahora que ha muerto, ¿por qué he de ayunar? ¿Podré hacer que vuelva? Yo iré donde él, pero él no volverá a mí.»

Génesis — Gen 3,19

19Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

Exodo — Ex 12,23

23Yahveh pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir.

II Samuel — 2Sa 24,16

16El ángel extendió la mano hacia Jerusalén para destruirla, pero Yahveh se arrepintió del estrago y dijo al ángel que exterminaba el pueblo: «¡Basta ya! Retira tu mano.» El ángel de Yahveh estaba entonces junto a la era de Arauná el jebuseo.

II Reyes — 2Re 19,35

35Aquella misma noche salió el Angel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a 185.000 hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que cadáveres.

Génesis — Gen 2,17

17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»

Números — Num 16,30...

30Pero si Yahveh obra algo portentoso, si la tierra abre su boca y los traga con todo lo que les pertenece, y bajan vivos al seol, sabréis que esos hombres han rechazado a Yahveh.

Levítico — Lev 20,8-21

8Guardad mis preceptos y cumplidlos. Yo soy Yahveh, el que os santifico. 9Quien maldiga a su padre o a su madre, será muerto sin remedio, pues ha maldecido a su padre o a su madre; su sangre caerá sobre él. 10Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera. 11El que se acueste con la mujer de su padre, ha descubierto la desnudez de su padre; ambos morirán: caerá sobre ellos su sangre. 12Si un hombre se acuesta con su nuera, ambos morirán; han hecho una infamia: su sangre caerá sobre ellos. 13Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación: morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos. 14Si uno toma por esposas a una mujer y a su madre, es un incesto. Serán quemados tanto él como ellas para que no haya tal incesto en medio de vosotros. 15El que se una con bestia, morirá sin remedio. Mataréis también la bestia. 16Si una mujer se acerca a una bestia para unirse a ella, matarás a la mujer y a las bestia. Morirán; caerá sobre ellos su sangre. 17Si alguien toma por esposa a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, viendo así la desnudez de ella y ella la desnudez de él, es una ignominia. Serán exterminados en presencia de los hijos de su pueblo. Ha descubierto la desnudez de su hermana: cargará con su iniquidad. 18El que se acueste con mujer durante el tiempo de la reglas descubriendo la desnudez de ella, ha puesto al desnudo la fuente de su flujo y ella también ha descubierto la fuente de su sangre. Ambos serán exterminados de entre su pueblo. 19No descubras la desnudez de la hermana de tu madre ni de la hermana de tu padre, porque desnudas su propia carne; por eso cargarán con su iniquidad. 20El que se acueste con la mujer de su tío paterno, descubre la desnudez de éste. Cargarán con su pecado; morirán sin hijos. 21Si uno toma por esposa a la mujer de su hermano, es cosa impura, pues descubre la desnudez de su hermano; quedarán sin hijos.

Levítico — Lev 24,14-23

14Saca al blasfemo fuera del campamento; todos los que lo oyeron pongan las manos sobre su cabeza, y que lo lapide toda la comunidad. 15Y hablarás así a los israelitas: Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado. 16Quien blasfeme el Nombre de Yahveh, será muerto; toda la comunidad lo lapidará. Sea forastero o nativo, si blasfema el Nombre, morirá. 17El que hiera mortalmente a cualquier otro hombre, morirá. 18El que hiera de muerte a un animal indemnizará por él: vida por vida. 19Si alguno causa una lesión a su prójimo, como él hizo así se le hará: 20fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; se le hará la misma lesión que él haya causado a otro. 21El que mate un animal, indemnizará por él; mas el que mate a un hombre, morirá. 22Del mismo modo juzgarás al forastero y al nativo; porque yo soy Yahveh vuestro Dios. 23Habló entonces Moisés a los israelitas. Sacaron al blasfemo fuera del campamento y lo lapidaron. Los israelitas hicieron como Yahveh había mandado a Moisés.

II Samuel — 2Sa 12,14..

14Pero por haber ultrajado a Yahveh con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio.»

Exodo — Ex 20,5

5No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian,

Génesis — Gen 5,24

24Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.

II Macabeos — 2Mac 7,9.14.23.33

9Al llegar a su último suspiro dijo: «Tú, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna.» 14Cerca ya del fin decía así: «Es preferible morir a manos de hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él; para ti, en cambio, no habrá resurrección a la vida.» 23Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes.» 33Si es verdad que nuestro Señor que vive, está momentáneamente irritado para castigarnos y corregirnos, también se reconciliará de nuevo con sus siervos.

II Macabeos — 2Mac 14,46

46Ya completamente exangüe, se arrancó las entrañas y tomándolas con ambas manos, las arrojó contra las tropas. Y después de invocar al Dueño de la vida y del espíritu que otra vez se dignara devolvérselas, llegó de este modo al tránsito.

II Macabeos — 2Mac 12,43ss

43Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. 44Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; 45mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso.

Profeticos (23citas)

Isaías — Is 14,9s

9El seol, allá abajo, se estremeció por ti saliéndote al encuentro; por ti despierta a las sombras, a todos los jerifaltes de la tierra; hace levantarse de sus tronos a los reyes de todas las naciones. 10Todos ellos responden y te dicen: «¡También tú te has vuelto débil como nosotros, y a nosotros eres semejante!

Ezequiel — Ez 32,17-32

17El año duodécimo, el quince del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 18Hijo de hombre, haz una lamentación sobre la multitud de Egipto, hazle bajar, a él y a las hijas de las naciones, majestuosas, a los infiernos, con los que bajan a la fosa. 19¿A quién superas en belleza? Baja, acuéstate con los incircuncisos. 20En medio de las víctimas de la espada caen (la espada ha sido entregada, la han sacado) él y todas sus multitudes. 21Le hablan de en medio del seol los más esclarecidos héroes, con sus auxiliares: «Han bajado, yacen ya los incircuncisos, víctimas de la espada». 22Allí está Asur y toda su asamblea con sus sepulcros en torno a él, todos caídos, víctimas de la espada; 23sus sepulcros han sido puestos en las profundidades de la fosa, y su asamblea está en torno a su sepulcro, todos caídos víctimas de la espada, los que sembraban el pánico en la tierra de los vivos. 24Allí está Elam con toda su multitud en torno a su sepulcro; todos caídos víctimas de la espada, han bajado, incircuncisos, a los infiernos, ellos que sembraban el pánico en la tierra de los vivos. Soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. 25En medio de estas víctimas se le ha preparado un lecho, entre toda su multitud con sus sepulcros en torno a él; todos ellos incircuncisos, víctimas de la espada, por haber sembrado el pánico en la tierra de los vivos; soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. Se les ha puesto en medio de estas víctimas. 26Allí están Mesek, Túbal y toda su multitud con sus sepulcros en torno a él, todos incircuncisos, atravesados por la espada, por haber sembrado el pánico en la tierra de los vivos. 27No yacen con los héroes caídos de antaño, aquellos que bajaron al seol con sus armas de guerra, a los que se les ha puesto la espada bajo su cabeza y los escudos sobre sus huesos, porque el pánico de los héroes cundía en la tierra de los vivos. 28Pero tú serás quebrantado en medio de incircuncisos y yacerás con las víctimas de la espada. 29Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que fueron puestos, a pesar de su prepotencia, entre las víctimas de la espada. Yacen entre incircuncisos, con los que bajan a la fosa. 30Allí están todos los príncipes del norte, todos los sidonios, que bajaron con las víctimas, a pesar del pánico que sembraba su prepotencia. Confundidos, yacen, incircuncisos, entre las víctimas de la espada, y soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. 31Faraón los verá y se consolará a la vista de toda esa multitud, víctima de la espada, Faraón y todo su ejército, oráculo del Señor Yahveh. 32Porque había sembrado el pánico en la tierra de los vivos, será tendido en medio de incircuncisos, con las víctimas de la espada: Faraón y toda su multitud, oráculo del Señor Yahveh.

Isaías — Is 14,11

11Ha sido precipitada al seol tu arrogancia al son de tus cítaras. Tienes bajo ti una cama de gusanos, tus mantas son gusanera.

Daniel — Dan 12,2

2Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno.

Isaías — Is 38,18

18Que el Seol no te alaba ni la Muerte te glorifica, ni los que bajan al pozo esperan en tu fidelidad.

Jeremías — Jer 16,6

6Morirán grandes y chicos en esta tierra. No se les sepultará, ni nadie les plañirá, ni se arañarán ni se raparán por ellos,

Jeremías — Jer 16,7

7ni se partirá el pan al que está de luto para consolarle por el muerto, ni le darán a beber la taza consolatoria por su padre o por su madre.

Jeremías — Jer 9,20

20«La muerte ha trepado por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, barriendo de la calle al chiquillo, a los mozos de las plazas.

Jonás — Jon 2,4-7

4Me habías arrojado en lo más hondo, en el corazón del mar, una corriente me cercaba: todas tus olas y tus crestas pasaban sobre mí. 5Yo dije: ¡Arrojado estoy de delante de tus ojos! ¿Cómo volveré a contemplar tu santo Templo? 6Me envolvían las aguas hasta el alma, me cercaba el abismo, un alga se enredaba a mi cabeza. 7A las raíces de los montes descendí, a un país que echó sus cerrojos tras de mí para siempre, mas de la fosa tú sacaste mi vida, Yahveh, Dios mío.

Ezequiel — Ez 18,20

20El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo: al justo se le imputará su justicia y al malvado su maldad.

Isaías — Is 5,14

14Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa.

Ezequiel — Ez 18

1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera? 3Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no repetiréis más este proverbio en Israel. 4Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá. 5El que es justo y practica el derecho y la justicia, 6no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su impureza, 7no oprime a nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento y viste al desnudo, 8no presta con usura ni cobra intereses, aparta su mano de la injusticia, dicta un juicio honrado entre hombre y hombre, 9se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor Yahveh. 10Si éste engendra un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de estas cosas 11que él mismo no había hecho, un hijo que come en los montes, contamina a la mujer de su prójimo, 12oprime al pobre y al indigente, comete rapiñas, no devuelve la prenda, alza sus ojos a las basuras, comete abominación, 13presta con usura y cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno después de haber cometido todas estas abominaciones; morirá sin remedio, y su sangre recaerá sobre él. 14Y si éste, a su vez, engendra un hijo que ve todos los pecados que ha cometido su padre, que los ve sin imitarlos, 15que no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, 16no oprime a nadie, no guarda la prenda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento, viste al desnudo, 17aparta su mano de la injusticia, no presta con usura, ni cobra intereses, practica mis normas y se conduce según mis preceptos, éste no morirá por la culpa de su padre, vivirá sin duda. 18Su padre, porque fue violento, cometió rapiñas y no obró bien en medio de su pueblo, por eso morirá a causa de su culpa. 19Y vosotros decís: «¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?» Pero el hijo ha practicado el derecho y la justicia, ha observado todos mis preceptos y los ha puesto en práctica: vivirá sin duda. 20El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo: al justo se le imputará su justicia y al malvado su maldad. 21En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. 22Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. 23¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh - y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? 24Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá. 25Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? 26Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha cometido muere. 27Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará su vida. 28Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá. 29Y sin embargo la casa de Israel dice: «No es justo el proceder del Señor.» ¿Que mi proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? 30Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya para vosotros más ocasión de culpa. 31Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel? 32Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.

Jonás — Jon 2,7

7A las raíces de los montes descendí, a un país que echó sus cerrojos tras de mí para siempre, mas de la fosa tú sacaste mi vida, Yahveh, Dios mío.

Isaías — Is 38,17

17Entonces mi amargura se trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de la nada, porque te echaste a la espalda todos mis pecados.

Ez 18,33 — texto no disponible

Ezequiel — Ez 33,11

11Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?»

Ezequiel — Ez 3,18-21

18Cuando yo diga al malvado: "Vas a morir", si tú no le adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. 19Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida. 20Cuando el justo se aparte de su justicia para cometer injusticia, yo pondré un obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú, morirá él por su pecado y no se recordará la justicia que había practicado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. 21Si por el contrario adviertes al justo que no peque, y él no peca, vivirá él por haber sido advertido, y tú habrás salvado tu vida.»

Isaías — Is 25,8

8consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado.

Isaías — Is 26.19

19Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras.

Isaías — Is 53,8-12

8Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; 9y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca. 10Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. 11Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. 12Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebledes.

Oseas — Os 13,14

14¿De la garra del seol los libraré, de la muerte los rescataré? ¿Dónde están, muerte, tus pestes, dónde tu contagio, seol? La compasión está oculta a mis ojos.

Isaías — Is 9,1

1El pueblo que andaba a oscuras

Isaías — Is 53,12

12Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebledes.

Isaías — Is 53,10

10Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano.

Nuevo Testamento (99citas)

Hebreos — Heb 2,9

9Y a aquel que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia de Dios gustó la muerte para bien de todos.

Santiago — Sant 5,20

20sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.

Hebreos — Heb 11,4

4Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que Caín, por ella fue declarado justo, con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas; y por ella, aun muerto, habla todavía.

Romanos — Rom 5,12.17

12Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; 17En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por un solo, por Jesucristo!

I Corintios — 1Cor 15,21

21Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos.

I Corintios — 1Cor 15,22

22Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.

Romanos — Rom 5,14

14con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir...

I Corintios — 1Cor 15.56

56El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley.

Romanos — Rom 6,16.21.23

16¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de obediencia, para la justicia? 21¿Qué frutos cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues su fin es la muerte. 23Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos — Rom 7,7

7¿Qué decir, entonces? ¿Que la ley es pecado? ¡De ningún modo! Sin embargo yo no conocí el pecado sino por la ley. De suerte que yo hubiera ignorado la concupiscencia si la ley no dijera: ¡No te des a la concupiscencia!

Santiago — Sant 1.15

15Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.

Romanos — Rom 7,5

5Porque, cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley, obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte.

Romanos — Rom 8,6

6Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz,

Romanos — Rom 7,24

24¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?

Romanos — Rom 7,7-13

7¿Qué decir, entonces? ¿Que la ley es pecado? ¡De ningún modo! Sin embargo yo no conocí el pecado sino por la ley. De suerte que yo hubiera ignorado la concupiscencia si la ley no dijera: ¡No te des a la concupiscencia! 8Mas el pecado, tomando ocasión por medio del precepto, suscitó en mi toda suerte de concupiscencias; pues sin ley el pecado estaba muerto. 9¡Ah! ¡Vivía yo un tiempo sin ley!, pero en cuanto sobrevino el precepto, revivió el pecado, 10y yo morí; y resultó que el precepto, dado para vida, me fue para muerte. 11Porque el pecado, tomando ocasión por medio del precepto, me sedujo , y por él, me mató. 12Así que, la ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno. 13Luego ¿se habrá convertido lo bueno en muerte para mí? ¡De ningún modo! Sino que el pecado, para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena, para procurarme la muerte, a fin de que el pecado ejerciera todo su poder de pecado por medio del precepto.

Romanos — Rom 3,20

20ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado.

Romanos — Rom 5,13s

13- porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley; 14con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir...

2Cor 15.56 — texto no disponible

Romanos — Rom 7,12.14

12Así que, la ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno. 14Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado.

2Cor 2.37 — texto no disponible

Apocalipsis — Ap 6,8

8Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra.

Apocalipsis — Ap 8,9

9Pereció la tercera parte de las criaturas del mar que tienen vida, y la tercera parte de las naves fue destruida.

Apocalipsis — Ap 18,8

8Por eso, en un solo día llegarán sus plagas: peste, llanto y hambre, y será consumida por el fuego. Porque poderoso es el Señor Dios que la ha condenado.»

Hebreos — Heb 5,7

7El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente,

Filipenses — Flp 2,8

8y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.

Hechos — Hch 3,13

13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad.

Hechos — Hch 13,28

28y sin hallar en él ningún motivo de muerte pidieron a Pilato que le hiciera morir.

Gálatas — Gal 4,4

4Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,

Romanos — Rom 8,3

3Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne,

II Corintios — 2Cor 5,21

21A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.

Gálatas — Gal 3,13

13Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero,

Romanos — Rom 6,10

10Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios.

Heb 1,18 — texto no disponible

Hebreos — Heb 2,8s

8Todo lo sometiste debajo de sus pies. Al someterle todo, nada dejó que no le estuviera sometido. Mas al presente, no vemos todavía que le esté sometido todo. 9Y a aquel que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia de Dios gustó la muerte para bien de todos.

I Tesalonicenses — 1Tes 4,14

14Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús.

Romanos — Rom 8,34

34¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, y que intercede por nosotros?

I Pedro — 1Pe 3,19

19En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados,

I Pedro — 1Pe 4,6

6Por eso hasta a los muertos se ha anunciado la Buena Nueva, para que, condenados en carne según los hombres, vivan en espíritu según Dios.

Hebreos — Heb 9

1También la primera Alianza tenía sus ritos litúrgicos y su santuario terreno. 2Porque se preparó la parte anterior de la Tienda, donde se hallaban el candelabro y la mesa con los panes de la presencia, que se llama Santo. 3Detrás del segundo velo se hallaba la parte de la Tienda llamada Santo de los Santos, 4que contenía el altar de oro para el incienso, el arca de la Alianza - completamente cubierta de oro - y en ella, la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que retoño y las tablas de la Alianza. 5Encima del arca, los querubines de gloria que cubrían con su sombra el propiciatorio. Mas no es éste el momento de hablar de todo ello en detalle. 6Preparadas así estas cosas, los sacerdotes entran siempre en la primera parte de la Tienda para desempeñar las funciones del culto. 7Pero en la segunda parte entra una vez al año, y solo, el Sumo Sacerdote, y no sin sangre que ofrecer por sí mismo y por los pecados del pueblo. 8De esa manera daba a entender el Espíritu Santo que aún no estaba abierto el camino del santuario mientras subsistiera la primera Tienda. 9Todo ello es una figura del tiempo presente, en cuanto que allí se ofrecen dones y sacrificios incapaces de perfeccionar en su conciencia al adorador, 10y sólo son prescripciones carnales, que versan sobre comidas y bebidas y sobre abluciones de todo género, impuestas hasta el tiempo de la reforma. 11Pero presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. 12Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. 13Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, 14¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo! 15Por eso es mediador de una nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida. 16Pues donde hay testamento se requiere que conste la muerte del testador, 17ya que el testamento es válido en caso de defunción, no teniendo valor en vida del testador. 18Así tampoco la primera Alianza se inauguró sin sangre. 19Pues Moisés, después de haber leído a todo el pueblo todos los preceptos según la Ley, tomó la sangre de los novillos y machos cabríos con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo 20diciendo: Esta es la sangre de la Alianza que Dios ha ordenado para vosotros. 21Igualmente roció con sangre la Tienda y todos los objetos del culto; 22pues según la Ley, casi todas las cosas han de ser purificadas con sangre, y sin efusión de sangre no hay remisión. 23En consecuencia, es necesario, por una parte, que las figuras de las realidades celestiales sean purificadas de esa manera; por otra parte, que también lo sean las realidades celestiales, pero con víctimas más excelentes que aquéllas. 24Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro, 25y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el Sumo Sacerdote entra cada año en el santuario con sangre ajena. 26Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio. 27Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio, 28así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez sin relación ya con el pecado a los que le esperan para su salvación.

II Corintios — 2Cor 5,14s

14Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. 15Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

I Tesalonicenses — 1Tes 5,10

10que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos juntos con él.

Romanos — Rom 5,6ss

6En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; - 7en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; 8mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Romanos — Rom 5,7

7en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -;

I Juan — 1Jn 4,10

10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.

I Corintios — 1Cor 15,3

3Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;

I Pedro — 1Pe 3,18

18Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.

Romanos — Rom 5,10

10Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!

Hebreos — Heb 9,15s

15Por eso es mediador de una nueva Alianza; para que, interviniendo su muerte para remisión de las transgresiones de la primera Alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida. 16Pues donde hay testamento se requiere que conste la muerte del testador,

Apocalipsis — Ap 1,18

18el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades.

I Corintios — 1Cor 15,14

14Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.

Colosenses — Col 1,18

18El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo,

Apocalipsis — Ap 1,15

15sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas.

Hechos — Hch 2,24

24a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio;

Hechos — Hch 2,31

31vio a lo lejos y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne experimentó la corrupción.

Romanos — Rom 6,9

9sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.

Hebreos — Heb 2,14

14Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo,

Romanos — Rom 8,2

2Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte.

Hebreos — Heb 2,15

15y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud.

I Corintios — 1Cor 15,26.54ss

26El último enemigo en ser destruido será la Muerte. 54Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido devorada en la victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? 56El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley.

Apocalipsis — Ap 20,10.13s

10Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. 13Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. 14La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda -

I Corintios — 1Cor 15,45

45En efecto, así es como dice la Escritura: Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida.

II Corintios — 2Cor 5,14

14Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron.

Romanos — Rom 6,3ss

3¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? 4Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. 5Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante;

Filipenses — Flp 3,10

10y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte,

Colosenses — Col 3,3

3Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios.

Romanos — Rom 6,11

11Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Romanos — Rom 6,6

6sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.

Romanos — Rom 8,10

10mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia.

Gálatas — Gal 2,19

19En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:

Colosenses — Col 2,20

20Una vez que habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo ¿por qué sujertaros, como si aún vivierais en el mundo, a preceptos como

Colosenses — Col 2,13

13Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y en vuestra carne incircuncisa, os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos.

Apocalipsis — Ap 3,1

1Al Angel de la Iglesia de Sardes escribe: Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas. Conozco tu conducta; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto.

Romanos — Rom 6,13

13Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios.

Hebreos — Heb 6,1

1Por eso, dejando aparte la enseñanza elemental acerca de Cristo, elevémonos a lo perfecto, sin reiterar los temas fundamentales del arrepentimiento de las obras muertas y de la fe en Dios;

Hebreos — Heb 9,14

14¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!

II Corintios — 2Cor 2,16

16para los unos, olor que de la muerte lleva a la muerte; para los otros, olor que de la vida lleva a la vida. Y ¿quién es capaz para esto?

Apocalipsis — Ap 2,11

11El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.

Apocalipsis — Ap 20,14

14La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda -

Apocalipsis — Ap 21,8

8Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda.

Romanos — Rom 8,13

13pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis.

Colosenses — Col 3,5

5Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría,

II Corintios — 2Cor 6,9

9como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte;

Filipenses — Flp 1,20

20conforme a lo que aguardo y espero, que en modo alguno seré confundido; antes bien, que con plena seguridad, ahora como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte,

II Corintios — 2Cor 1,9s

9Pues hemos tenido sobre nosotros mismos la sentencia de muerte, para que no pongamos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. 10El nos libró de tan mortal peligro, y nos librará; en él esperamos que nos seguirá librando,

II Corintios — 2Cor 11,23

23¿Ministros de Cristo? - ¡Digo una locura! - ¡Yo más que ellos! Más en trabajos; más en cárceles; muchísimo más en azotes; en peligros de muerte, muchas veces.

I Corintios — 1Cor 15,31

31Cada día estoy a la muerte ¡sí hermanos! gloria mía en Cristo Jesús Señor nuestro, que cada día estoy en peligro de muerte.

II Corintios — 2Cor 4,10ss

10Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida.

Romanos — Rom 14,7s

7Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. 8Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos.

Filipenses — Flp 2,17

17Y aun cuando mi sangre fuera derramada como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegraría y congratularía con vosotros.

I Timoteo — 1Tim 4,6

6Su tú enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, alimentado con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido fielmente.

Apocalipsis — Ap 2,10

10No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.

Apocalipsis — Ap 12,11

11Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte.

Apocalipsis — Ap 14,13

13Luego oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí - dice el Espíritu -, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.»

Romanos — Rom 8,11

11Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros.

Apocalipsis — Ap 21,4

4Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.»

Apocalipsis — Ap 20,6

6Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.

Apocalipsis — Ap 20,10.14

10Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. 14La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda -

Filipenses — Flp 1,21

21pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.

II Corintios — 2Cor 5,8

8Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

II Corintios — 2Cor 5,1-4

1Porque sabemos que si esta tienda, que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos. 2Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, 3si es que nos encontramos vestidos, y no desnudos. 4¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos abrumados. No es que queramos ser devestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

I Corintios — 1Cor 15,51-53

51¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados. 52En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. 53En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad.

Filipenses — Flp 1,23

23Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor;

Evangelio (38citas)

Lucas — Lc 2,26

26Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.

Juan — Jn 8,51

51En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.»

Mateo — Mt 16,28 p

28Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»

Juan — Jn 8,52

52Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás."

Juan — Jn 8,44

44Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.

Mateo — Mt 4,16

16El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.

Lucas — Lc 1,79

79a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»

Marcos — Mc 8,31 p

31Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.

Marcos — Mc 9,31 p

31porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.»

Marcos — Mc 10,34 p

34y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará.»

Juan — Jn 12,33

33Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

Juan — Jn 18,32

32Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.

Lucas — Lc 12,50

50Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!

Marcos — Mc 10,38

38Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?»

Juan — Jn 12,27

27Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!

Juan — Jn 13,21

21Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»

Marcos — Mc 14,33 p

33Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia.

Juan — Jn 11,33.38

33Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 38Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra.

Lucas — Lc 22,42

42diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

Marcos — Mc 10,38 p

38Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?»

Marcos — Mc 14,30 p

30Jesús le dice: «Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.»

Juan — Jn 18,11

11Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»

Marcos — Mc 14,36 p

36Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.»

Mateo — Mt 26,54

54Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»

Lucas — Lc 22,37

37porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: "Ha sido contado entre los malhechores." Porque lo mío toca a su fin.»

Lucas — Lc 23,15.22

15Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. 22Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»

Mateo — Mt 26,66

66¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»

Juan — Jn 12,24-32

24En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. 26Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 27Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! 28Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.» 29La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» 30Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. 32Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»

Juan — Jn 11,50s

50ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.» 51Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación

Juan — Jn 18,14

14Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.

Juan — Jn 15,13

13Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.

Mateo — Mt 9,18-25 p

18Así les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.» 19Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. 20En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. 21Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.» 22Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento. 23Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, 24decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él. 25Mas, echada fuera la gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.

Lucas — Lc 7,14s

14Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» 15El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre.

Juan — Jn 11

1Había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. 2María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 3Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.» 4Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» 5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.» 8Le dicen los discípulos: «Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?» 9Jesús respondió: «¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él.» 11Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.» 12Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se curará.» 13Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. 14Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, 15y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él.» 16Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.» 17Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, 19y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. 20Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. 21Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.» 23Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará.» 24Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» 25Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» 27Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.» 28Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama.» 29Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rapidamente, y se fue donde él. 30Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» 33Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo verás.» 35Jesús se echó a llorar. 36Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería.» 37Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?» 38Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. 39Dice Jesús: «Quitad la piedra.» Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día.» 40Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» 41Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. 42Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.» 43Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!» 44Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.» 45Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él. 46Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. 47Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. 48Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» 49Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, 50ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.» 51Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación 52- y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53Desde este día, decidieron darle muerte. 54Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudada llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos. 55Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. 56Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?» 57Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.

Juan — Jn 11,25

25Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá;

Juan — Jn 5,24

24En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

Juan — Jn 8,21.24

21Jesús les dijo otra vez: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir.» 24Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.»

Juan — Jn 21,19

19Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»