Salmos — Sal 105,25
25cambió el corazón de éstos para que odiasen a su pueblo y a sus siervos pusieran asechanzas.
Salmos — Sal 18
1Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2Dijo: Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado). 3Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio. 4Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos. 5Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial, 6los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte. 7Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos. 8La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor); 9una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos). 10El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies; 11cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó. 12Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones; 13del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego. 14Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz; 15arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota. 16El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices. 17El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas; 18me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo. 19Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí; 20me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba. 21Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos; 22porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios. 23Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado; 24he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado. 25Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos. 26Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha; 27con el puro eres puro, con el ladino, sagaz; 28tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros. 29Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas; 30con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla. 31Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen. 32Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios? 33El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable, 34que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie, 35el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce. 36Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta, 37mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos. 38Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado; 39los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies. 40Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores, 41a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian. 42Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde. 43Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso. 44De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven; 45los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen, 46los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios. 47¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado, 48el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas! 49Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas. 50Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré. 51El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.
Salmos — Sal 21
1Del maestro de coro. Salmo. De David. 2Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey; ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo! 3Tú le has otorgado el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios. 4Pues le precedes de venturosas bendiciones, has puesto en su cabeza corona de oro fino; 5vida te pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás. 6Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad; 7bendiciones haces de él por siempre, le llenas de alegría delante de tu rostro. 8Sí, en Yahveh confía el rey, y por gracia del Altísimo no ha de vacilar. 9Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu diestra llegará a los que te odian; 10harás de ellos como un horno de fuego, el día de tu rostro; Yahveh los tragará en su cólera, y el fuego los devorará; 11harás perecer su fruto de la tierra, y su semilla de entre los hijos de Adán. 12Aunque ellos intenten daño contra ti, aunque tramen un plan, nada podrán. 13Que tú les harás volver la espalda, ajustarás tu arco contra ellos. 14¡Levántate, Yahveh, con tu poder, y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!
Salmos — Sal 129
1Canción de las subidas. Mucho me han asediado desde mi juventud, - que lo diga Israel - 2mucho me han asediado desde mi juventud, pero conmigo no han podido. 3Sobre mi espalda araron aradores, alargaron sus surcos. 4Yahveh, el justo ha roto las coyundas de los impíos. 5¡Sean avergonzados, retrocedan todos los que odian a Sión; 6sean como la hierba de los techos que se seca antes de arrancarla! 7De ella no llena el segador su mano ni su regazo el gavillador; 8y no dicen tampoco los que pasan: ¡Bendición de Yahveh sobre vosotros! Nosotros os bendecimos en el nombre de Yahveh.
Salmos — Sal 83,3
3Mira cómo tus enemigos braman, los que te odian levantan la cabeza.
Salmos — Sal 37
1De David. Alef. No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia. 2Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan. 3Bet. Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz, 4ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón. 5Guimel. Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará; 6hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía. 7Dálet. Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. 8He. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; 9pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. 10Vau. Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está; 11mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz. 12Zain. El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él; 13el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día. 14Jet. Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta; 15su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos. 16Tet. Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío; 17pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh. 18Yod. Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna; 19no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura. 20Kaf. Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán. 21Lámed. Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da; 22los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados. 23Mem. De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace; 24aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene. 25Nun. Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan. 26En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición. 27Sámek. Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada; 28porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. Ain. Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada; 29los justos poseerán la tierra, y habitarán en alla para siempre. 30La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud; 31la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan. 32Espía el impío al justo, y busca darle muerte; 33en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado. 34Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás. 35He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Libano; 36pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró. 37Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz; 38pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada. 39La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia; 40Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.
Salmos — Sal 73
1Salmo. De Asaf. En verdad bueno es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón. 2Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran, 3celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos. 4No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo; 5no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados. 6Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre; 7la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda. 8Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia; 9ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra. 10Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan. 11Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?» 12Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza. 13¡Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia, 14cuando era golpeado todo el día, y cada mañana sufría mi castigo! 15Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a la raza de tus hijos; 16me puse, pues, a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos! 17Hasta el día en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí: 18oh, sí, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas. 19¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores! 20Como en un sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen. 21Sí, cuando mi corazón se exacerbaba, cuando se torturaba mi conciencia, 22estúpido de mí, no comprendía, una bestia era ante ti. 23Pero a mí, que estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado; 24me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás. 25¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. 26Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre! 27Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros. 28Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras.
Salmos — Sal 26,4s
4No voy a sentarme con los falsos, no ando con hipócritas; 5odio la asamblea de malhechores, y al lado de los impíos no me siento.
Salmos — Sal 101,3ss
3no pondré delante de mis ojos cosa villana. Detesto la conducta de los extraviados, no se me pegará; 4el corazón perverso está lejos de mí, no conozco al malvado. 5Al que infama a su prójimo en secreto, a ése le aniquilo; ojo altanero y corazón hinchado no los soporto.
Salmos — Sal 50,18-21
18«Si a un ladrón ves, te vas con él, alternas con adúlteros; 19sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño. 20«Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre. 21Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos.
Salmos — Sal 119,113
113Sámek. Aborrezco la doblez y amo tu ley.
Salmos — Sal 97,10
10Yahveh ama a los que el mal detestan, él guarda las almas de sus fieles y de la mano de los impíos los libra.
Salmos — Sal 45,8
8tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros;
Salmos — Sal 139,21s
21¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti? 22Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.
Salmos — Sal 139,21
21¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?
Salmos — Sal 11,5
5Yahveh explora al justo y al impío; su alma odia a quien ama la violencia.
Salmos — Sal 31,7
7tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:
Salmos — Sal 5,6ss
6No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal, 7pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh. 8Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.
Salmos — Sal 137,7
7Acuérdate, Yahveh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!