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Odio

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Salmos (19citas)

Salmos — Sal 105,25

25cambió el corazón de éstos para que odiasen a su pueblo y a sus siervos pusieran asechanzas.

Salmos — Sal 18

1Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2Dijo: Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado). 3Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio. 4Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos. 5Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial, 6los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte. 7Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos. 8La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor); 9una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos). 10El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies; 11cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó. 12Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones; 13del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego. 14Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz; 15arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota. 16El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices. 17El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas; 18me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo. 19Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí; 20me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba. 21Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos; 22porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios. 23Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado; 24he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado. 25Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos. 26Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha; 27con el puro eres puro, con el ladino, sagaz; 28tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros. 29Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas; 30con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla. 31Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen. 32Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios? 33El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable, 34que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie, 35el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce. 36Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta, 37mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos. 38Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado; 39los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies. 40Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores, 41a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian. 42Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde. 43Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso. 44De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven; 45los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen, 46los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios. 47¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado, 48el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas! 49Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas. 50Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré. 51El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.

Salmos — Sal 21

1Del maestro de coro. Salmo. De David. 2Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey; ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo! 3Tú le has otorgado el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios. 4Pues le precedes de venturosas bendiciones, has puesto en su cabeza corona de oro fino; 5vida te pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás. 6Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad; 7bendiciones haces de él por siempre, le llenas de alegría delante de tu rostro. 8Sí, en Yahveh confía el rey, y por gracia del Altísimo no ha de vacilar. 9Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu diestra llegará a los que te odian; 10harás de ellos como un horno de fuego, el día de tu rostro; Yahveh los tragará en su cólera, y el fuego los devorará; 11harás perecer su fruto de la tierra, y su semilla de entre los hijos de Adán. 12Aunque ellos intenten daño contra ti, aunque tramen un plan, nada podrán. 13Que tú les harás volver la espalda, ajustarás tu arco contra ellos. 14¡Levántate, Yahveh, con tu poder, y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!

Salmos — Sal 129

1Canción de las subidas. Mucho me han asediado desde mi juventud, - que lo diga Israel - 2mucho me han asediado desde mi juventud, pero conmigo no han podido. 3Sobre mi espalda araron aradores, alargaron sus surcos. 4Yahveh, el justo ha roto las coyundas de los impíos. 5¡Sean avergonzados, retrocedan todos los que odian a Sión; 6sean como la hierba de los techos que se seca antes de arrancarla! 7De ella no llena el segador su mano ni su regazo el gavillador; 8y no dicen tampoco los que pasan: ¡Bendición de Yahveh sobre vosotros! Nosotros os bendecimos en el nombre de Yahveh.

Salmos — Sal 83,3

3Mira cómo tus enemigos braman, los que te odian levantan la cabeza.

Salmos — Sal 37

1De David. Alef. No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia. 2Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan. 3Bet. Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz, 4ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón. 5Guimel. Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará; 6hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía. 7Dálet. Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. 8He. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; 9pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. 10Vau. Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está; 11mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz. 12Zain. El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él; 13el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día. 14Jet. Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta; 15su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos. 16Tet. Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío; 17pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh. 18Yod. Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna; 19no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura. 20Kaf. Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán. 21Lámed. Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da; 22los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados. 23Mem. De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace; 24aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene. 25Nun. Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan. 26En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición. 27Sámek. Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada; 28porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. Ain. Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada; 29los justos poseerán la tierra, y habitarán en alla para siempre. 30La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud; 31la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan. 32Espía el impío al justo, y busca darle muerte; 33en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado. 34Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás. 35He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Libano; 36pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró. 37Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz; 38pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada. 39La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia; 40Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.

Salmos — Sal 73

1Salmo. De Asaf. En verdad bueno es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón. 2Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran, 3celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos. 4No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo; 5no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados. 6Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre; 7la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda. 8Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia; 9ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra. 10Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan. 11Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?» 12Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza. 13¡Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia, 14cuando era golpeado todo el día, y cada mañana sufría mi castigo! 15Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a la raza de tus hijos; 16me puse, pues, a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos! 17Hasta el día en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí: 18oh, sí, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas. 19¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores! 20Como en un sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen. 21Sí, cuando mi corazón se exacerbaba, cuando se torturaba mi conciencia, 22estúpido de mí, no comprendía, una bestia era ante ti. 23Pero a mí, que estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado; 24me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás. 25¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. 26Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre! 27Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros. 28Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras.

Salmos — Sal 26,4s

4No voy a sentarme con los falsos, no ando con hipócritas; 5odio la asamblea de malhechores, y al lado de los impíos no me siento.

Salmos — Sal 101,3ss

3no pondré delante de mis ojos cosa villana. Detesto la conducta de los extraviados, no se me pegará; 4el corazón perverso está lejos de mí, no conozco al malvado. 5Al que infama a su prójimo en secreto, a ése le aniquilo; ojo altanero y corazón hinchado no los soporto.

Salmos — Sal 50,18-21

18«Si a un ladrón ves, te vas con él, alternas con adúlteros; 19sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño. 20«Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre. 21Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos.

Salmos — Sal 119,113

113Sámek. Aborrezco la doblez y amo tu ley.

Salmos — Sal 97,10

10Yahveh ama a los que el mal detestan, él guarda las almas de sus fieles y de la mano de los impíos los libra.

Salmos — Sal 45,8

8tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros;

Salmos — Sal 139,21s

21¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti? 22Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.

Salmos — Sal 139,21

21¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?

Salmos — Sal 11,5

5Yahveh explora al justo y al impío; su alma odia a quien ama la violencia.

Salmos — Sal 31,7

7tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:

Salmos — Sal 5,6ss

6No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal, 7pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh. 8Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.

Salmos — Sal 137,7

7Acuérdate, Yahveh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!

Sapienciales (13citas)

Proverbios — Prov 10,12

12El odio provoca discusiones, el amor cubre todas las faltas.

Proverbios — Prov 14,20

20Incluso a su vecino es odioso el pobre, pero son muchos los amigos del rico.

Proverbios — Prov 19,7

7Los hermanos del pobre le odian todos, ¡cuánto más se alejarán de él los amigos! Persigue palabras, pero no hay.

Proverbios — Prov 26,24ss

24El que odia, disimula con sus labios, pero en su interior comete perfidia; 25si da a su voz un tono amable, no te fíes, porque hay siete abominaciones en su corazón. 26Encubrirá su odio con engaño, pero en la asamblea se descubrirá su malicia.

Eclesiástico — Eclo 20,8

8El desmedido en palabras se hace abominable, y el que pretende imponerse se hace odioso.

Sabiduría — Sab 2,24

24mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

Sabiduría — Sab 2,10-20

10Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano. 11Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve. 12Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. 13Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 14Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, 15lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. 16Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre. 17Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. 18Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos. 19Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. 20Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»

Proverbios — Prov 3,31

31No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos;

Proverbios — Prov 8,13

13(El temor de Yahveh es odiar el mal.) La soberbia y la arrogancia y el camino malo y la boca torcida yo aborrezco.

Sabiduría — Sab 11,24

24Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.

Proverbios — Prov 5,16-19

16¿Se van a desbordar por fuera tus arroyos, las corrientes de agua por las plazas? 17Que sean para ti solo, no para que las beban contigo los extraños. 18- Sea tu fuente bendita. Gózate en la mujer de tu mocedad, 19cierva amable, graciosa gacela: embriáguente en todo tiempo sus amores, su amor te apasione para siempre.

Eclesiástico — Eclo 27,24

24Muchas cosas detesto, mas nada como a éste, y también el Señor le detesta.

Sabiduría — Sab 12,3

3A los antiguos habitantes de tu tierra santa

Historicos (19citas)

II Samuel — 2Sa 13,15

15Después Amnón la aborreció con tan gran aborrecimiento que fue mayor su aborrecimiento que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: «Levántate y vete.»

Génesis — Gen 29,18.31

18Jacob estaba enamorado de Raquel. Así pues, dijo: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija pequeña.» 31Vio Yahveh que Lía era aborrecida y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril.

Deuteronomio — Dt 22,13.16

13Si un hombre se casa con una mujer, y después de llegarse a ella, le cobra aversión, 16El padre de la joven dirá a los ancianos: «Yo di mi hija por esposa a este hombre; él le ha cobrado aversión,

Deuteronomio — Dt 21,15

15Si un hombre tiene dos mujeres a una de las cuales ama y a la otra no, y tanto la mujer amada como la otra le dan hijos, si resulta que el primogénito es de la mujer a quien no ama,

Génesis — Gen 29,31ss

31Vio Yahveh que Lía era aborrecida y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril. 32Lía quedó encinta y dio a luz un hijo al que llamó Rubén, pues dijo: «Yahveh ha reparado en mi cuita: ahora sí que me querrá mi marido.» 33Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Yahveh ha oído que yo era aborrecida y me ha dado también a éste.» Y le llamó Simeón.

Génesis — Gen 4,2-8

2Volvió a dar a luz, y tuvo a Abel su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador. 3Pasó algún tiempo, y Caín hizo a Yahveh una oblación de los frutos del suelo. 4También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos. Yahveh miró propicio a Abel y su oblacíon, 5mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. 6Yahveh dijo a Caín: «¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? 7¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.» 8Caín, dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató.

I Reyes — 1Re 22,8

8Dijo el rey de Israel a Josafat: «Queda todavía un hombre por quien podríamos consultar a Yahveh, pero yo le aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal. Es Miqueas, hijo de Yimlá.» Dijo Josafat: «No hable el rey así.»

I Samuel — 1Sa 8,7

7Pero Yahveh dijo a Samuel: «Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos.

Levítico — Lev 19,17s

17No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no te cargues con pecado por su causa. 18No te vengarás ni guardarás rencor contre los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahveh.

Deuteronomio — Dt 19,11ss

11Pero si un hombre odia a su prójimo y le tiende una emboscada, se lanza sobre él, le hiere mortalmente y aquél muere, y luego huye a una de estas ciudades, 12los ancianos de su ciudad mandarán a prenderle allí, y le entregarán en manos del vengador de sangre, para que muera. 13No tendrá tu ojo piedad de él. Harás desaparecer de Israel todo derramamiento de sangre inocente, y así te irá bien.

Deuteronomio — Dt 19,1-10

1Cuando Yahveh tu Dios haya exterminado a las naciones cuya tierra te va a dar Yahveh tu Dios, cuando las hayas desalojado y habites en sus ciudades y sus casas, 2te reservarás tres ciudades en medio de la tierra que Yahveh tu Dios te da en posesión. 3Tendrás franco el camino de acceso a ellas, y dividirás en tres partes el territorio del país que Yahveh tu Dios te da en posesión: esto para que todo homicida pueda huir allá. 4Este es el caso del homicida que puede salvar su vida huyendo allá. El que mate a su prójimo sin querer, sin haberle odiado antes 5(por ejemplo, si va al bosque con su prójimo a cortar leña y, al blandir su mano el hacha para tirar el árbol, se sale el hierro del mango y va a herir mortalmente a su prójimo), éste puede huir a una de esas ciudades y salvar su vida: 6no sea que el vengador de sangre, cuando su corazón arde de ira, persiga al asesino, le dé alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, siendo así que éste no es reo de muerte, puesto que no odiaba anteriormente al otro. 7Por eso te doy yo esta orden: «Te reservarás tres ciudades»; 8y si Yahveh tu Dios dilata tu territorio, como juró a tus padres, y te da toda la tierra que prometió dar a tus padres. - 9a condición de que guardes y practiques todos los mandamientos que yo te prescribo hoy, amando a Yahveh tu Dios y siguiendo siempre sus caminos -, a estas tres ciudades añadirás otras tres. 10Así no se derramará sangre inocente en medio de la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia, y no habrá sangre sobre ti.

Números — Num 10,35

35Cuando partía el arca, decía Moisés: «Levántate, Yahveh, que tus enemigos se dispersen, huyan delante de ti los que te odian.»

Deuteronomio — Dt 7,1-6

1Cuando Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión, y haya arrojado delante de ti a naciones numerosas: hititas, guirgasitas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas y jebuseos, siete naciones más numerosas y fuertes que tú, 2cuando Yahveh tu Dios te las entregue y las derrotes, las consagrarás al anatema. No harás alianza con ellas, no les tendrás compasión. 3No emparentarás con ellas, no darás tu hija a su hijo ni tomarás su hija para tu hijo. 4Porque tu hijo se apartaría de mi seguimiento, serviría o otros dioses; y a la ira de Yahveh se encendería contra vosotros y se apresuraría a destruiros. 5Por el contrario, esto es lo que haréis con ellos: demoleréis sus altares, romperéis sus estelas, cortaréis sus cipos y prenderéis fuego a sus ídolos. 6Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra.

Deuteronomio — Dt 1,27

27y os pusisteis a murmurar en vuestras tiendas: «Por el odio que nos tiene nos ha sacado Yahveh de Egipto, para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos.

Deuteronomio — Dt 9,28

28para que no se diga en el país de donde nos sacaste: "Porque Yahveh no ha podido llevarlos a la tierra que les había prometido, y por el odio que les tiene, los ha sacado para hacerlos morir en el desierto."

Deuteronomio — Dt 12,31

31No procederás así con Yahveh tu Dios. Porque todo lo que es una abominación para Yahveh, lo que detesta, lo hacen ellos en honor de sus dioses: llegan incluso a quemar al fuego a sus hijos e hijas en honor de sus dioses.

Deuteronomio — Dt 16,22

22y no te erigirás estela, cosa que detesta Yahveh tu Dios.

Exodo — Ex 20,5

5No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian,

Deuteronomio — Dt 7,10

10pero que da su merecido en su propia persona a quien le odia, destruyéndole. No es remiso con quien le odia: en su propia persona le da su merecido.

Profeticos (14citas)

Isaías — Is 60,15

15En vez de estar tú abandonada, aborrecida y sin viandantes, yo te convertiré en lozanía eterna, gozo de siglos y siglos.

Jeremías — Jer 17,14s

14Cúrame, Yahveh, y sea yo curado; sálvame, y sea yo salvo, pues mi prez eres tú. 15Mira que ellos me dicen: «¿Dónde está la palabra de Yahveh? ¡vamos, que venga!»

Amós — Am 5,15

15Aborreced el mal, amad el bien, implantad el juicio en la Puerta; quizá Yahveh Sebaot tenga piedad del Resto de José.

Jeremías — Jer 44,4

4Yo me afané por enviaros a todos mis siervos, los profetas, a deciros: «Ea, no hagáis esta abominación que detesto.»

Amós — Am 5,21

21Yo detesto, desprecio vuestras fiestas, no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes.

Isaías — Is 1,14

14Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han resultado un gravamen que me cuesta llevar.

Isaías — Is 61,8

8Pues yo, Yahveh, amo el derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el salario de su trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos.

Zacarías — Zac 8,17

17mal unos contra otros no meditéis en vuestro corazón, y juramento falso no améis, porque todas estas cosas las odio yo, oráculo de Yahveh.

Malaquías — Mal 2,16

16Pues yo odio el repudio, dice Yahveh Dios de Israel, y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahveh Sebaot. Guardad, pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición.

Oseas — Os 9,15

15Toda su maldad apareció en Guilgal, sí, allí les cobré odio. Por la maldad de sus acciones, de mi Casa los expulsaré; ya no he de amarlos más: rebeldes son todos sus príncipes.

Jeremías — Jer 12,8

8Se ha portado conmigo mi heredad como un león en la selva: me acosaba con sus voces; por eso la aborrecí.

Malaquías — Mal 1,2

2Os he amado, dice Yahveh. Y vosotros decís: ¿En qué nos has amado? - ¿No era acaso Esaú el hermano de Jacob?, oráculo de Yahveh. Sin embargo yo amé a Jacob,

Ezequiel — Ez 25,12ss

12Así dice el Señor Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su venganza sobre la casa de Judá y se ha hecho gravemente culpable al vengarse de ella, 13por eso, así dice el Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra Edom y extirparé de ella hombres y bestias. La convertiré en desierto; desde Temán a Dedán caerán a espada. 14Pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom según mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es mi venganza, oráculo del Señor Yahveh.

Ezequiel — Ez 18,23

23¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh - y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?

Nuevo Testamento (11citas)

Tito — Tit 3,3

3Pues también nosotros fuimos en algún tiempo insensatos, desobedientes, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros.

Romanos — Rom 1,30

30detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,

Romanos — Rom 9,13

13como dice la Escritura: Amé a Jacob y odié a Esaú.

Efesios — Ef 2,14.16

14Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, 16y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad.

I Juan — 1Jn 3,13

13No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece.

I Juan — 1Jn 2,15

15No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Santiago — Sant 4,4

4¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.

Romanos — Rom 8,7

7ya que las tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de Dios, ni siquiera pueden;

I Juan — 1Jn 2,9.11

9Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. 11Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

I Juan — 1Jn 3,15

15Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.

I Juan — 1Jn 3,11-24

11Pues este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. 12No como Caín, que, siendo del Maligno, mató a su hermano. Y ¿por qué le mató? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran justas. 13No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece. 14Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte. 15Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él. 16En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. 17Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? 18Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. 19En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, 20en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. 21Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios, 22y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. 23Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó. 24Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Evangelio (25citas)

Mateo — Mt 5,43

43«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.

Mateo — Mt 6,24

24Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Lucas — Lc 14,26

26«Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.

Mateo — Mt 10,37

37«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

Lucas — Lc 19,14

14Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: "No queremos que ése reine sobre nosotros."

Mateo — Mt 27,18

18pues sabía que le habían entregado por envidia.

Juan — Jn 5,18

18Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Juan — Jn 7,7

7El mundo no puede odiaros; a mí sí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas.

Juan — Jn 15,24

24Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.

Juan — Jn 11,50

50ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.»

Juan — Jn 15,18

18«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.

Juan — Jn 3,20

20Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.

Juan — Jn 15,25

25Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: Me han odiado sin motivo.

Juan — Jn 15,23s

23El que me odia, odia también a mi Padre. 24Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.

Mateo — Mt 10,22

22Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

Mateo — Mt 24,9

9«Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.

Lucas — Lc 6,22

22Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre.

Juan — Jn 15,19

19Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.

Juan — Jn 17,14

14Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.

Juan — Jn 8,44

44Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.

Juan — Jn 14,30

30Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;

Juan — Jn 8,46

46¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis?

Juan — Jn 17,11

11Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.

Juan — Jn 12,25

25El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.

Lucas — Lc 6,27

27«Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien,