Salmos — Sal 78
1Poema. De Asaf. Escucha mi ley, pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca; 2voy a abrir mi boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado. 3Lo que hemos oído y que sabemos, lo que nuestros padres nos contaron, 4no se lo callaremos a sus hijos, a la futura generación lo contaremos: Las alabanzas de Yahveh y su poder, las maravillas que hizo; 5él estableció en Jacob un dictamen, y puso una ley en Israel; El había mandado a nuestros padres que lo comunicaran a sus hijos, 6que la generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer; y que éstos se alzaran y se lo contaran a sus hijos, 7para que pusieran en Dios su confianza, no olvidaran las hazañas de Dios, y sus mandamientos observaran; 8para que no fueran, lo mismo que sus padres, una generación rebelde y revoltosa, generación de corazón voluble y de espíritu desleal a Dios. 9Los hijos de Efraím, diestros arqueros, retrocedieron el día del combate; 10no guardaban la alianza hecha con Dios, rehusaban caminar según su ley; 11tenían olvidados sus portentos, las maravillas que él les hizo ver: 12prodigios hizo a la vista de sus padres en el país de Egipto, en los campos de Tanis. 13Hendió la mar y los pasó a través, contuvo las aguas como un dique; 14de día los guiaba con la nube, y cada noche con resplandor de fuego; 15en el desierto hendió las rocas, los abrevó a raudales sin medida; 16hizo brotar arroyos de la peña y descender las aguas como ríos. 17Pero ellos volvían a pecar contra él, a rebelarse contra el Altísimo en la estepa; 18a Dios tentaron en su corazón reclamando manjar para su hambre. 19Hablaron contra Dios; dijeron: «¿Será Dios capaz de aderezar una mesa en el desierto? 20«Ved que él hirió la roca, y corrieron las aguas, fluyeron los torrentes: ¿podrá de igual modo darnos pan, y procurar carne a su pueblo?» 21Entonces Yahveh lo oyó y se enfureció, un fuego se encendió contra Jacob, y la Cólera estalló contra Israel, 22porque en Dios no habían tenido fe ni confiaban en su salvación. 23Y a las nubes mandó desde lo alto, abrió las compuertas de los cielos; 24hizo llover sobre ellos maná para comer, les dio el trigo de los cielos; 25pan de Fuertes comió el hombre, les mandó provisión hasta la hartura. 26Hizo soplar en los cielos el solano, el viento del sur con su poder atrajo, 27y llovió sobre ellos carne como polvo, y aves como la arena de los mares; 28las dejó caer en medio de su campo, en torno a sus moradas. 29Comieron hasta quedar bien hartos, así satisfizo su avidez; 30mas aún no habían colmado su avidez, su comida estaba aún en su boca, 31cuando la cólera de Dios estalló contra ellos: hizo estragos entre los más fuertes, y abatió a la flor de Israel. 32Mas con todo pecaron todavía, en sus maravillas no tuvieron fe. 33El consumió sus días con un soplo, y sus años con espanto. 34Cuando los mataba, le buscaban, se convertían, se afanaban por él, 35y recordaban que Dios era su roca, su redentor, el Dios Altísimo. 36Mas le halagaban con su boca, y con su lengua le mentían; 37su corazón no era fiel para con él, no tenían fe en su alianza. 38El, con todo, enternecido, borraba las culpas y no exterminaba; bien de veces su cólera contuvo y no despertó todo su furor: 39se acordaba de que ellos eran carne, un soplo que se va y no vuelve más. 40¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, le irritaron en aquellas soledades! 41Otra vez a tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel; 42no se acordaron de su mano, del día en que les libró del adversario; 43cuando hizo en Egipto sus señales, en el campo de Tanis sus prodigios. 44Trocó en sangre sus ríos y sus arroyos para que no bebiesen. 45Tábanos les mandó que los comieron, y ranas que los infestaron; 46entregó a la langosta sus cosechas, el fruto de su afán al saltamontes; 47asoló con granizo sus viñedos, y con la helada sus sicómoros; 48entregó sus ganados al pedrisco y a los rayos sus rebaños. 49Lanzó contra ellos el fuego de su cólera, indignación, enojo y destrucción, tropel de mensajeros de desgracias; 50libre curso dio a su ira. No preservó sus almas de la muerte, a la peste sus vidas entregó; 51hirió en Egipto a todo primogénito, las primicias de la raza en las tiendas de Cam. 52Y sacó a su pueblo como ovejas, cual rebaño los guió por el desierto; 53los guió en seguro, sin temor, mientras el mar cubrió a sus enemigos; 54los llevó a su término santo, a este monte que su diestra conquistó; 55arrojó a las naciones ante ellos; a cordel les asignó una heredad, y estableció en sus tiendas las tribus de Israel. 56Pero ellos le tentaron, se rebelaron contra el Dios Altísimo, se negaron a guardar sus dictámenes, 57se extraviaron, infieles, lo mismo que sus padres, se torcieron igual que un arco indócil: 58le irritaron con sus altos, con sus ídolos excitaron sus celos. 59Dios lo oyó y se enfureció, desechó totalmente a Israel; 60abandonó la morada de Silo, la tienda en que habitaba entre los hombres. 61Mandó su fuerza al cautiverio, a manos del adversario su esplendor; 62entregó su pueblo a la espada, contra su heredad se enfureció. 63El fuego devoró a sus jóvenes, no hubo canto nupcial para sus vírgenes; 64sus sacerdotes cayeron a cuchillo, sus viudas no entonaron lamentos. 65Entonces despertó el Señor como un durmiente, como un bravo vencido por el vino; 66hirió a sus adversarios en la espalda, les infligió un oprobio eterno. 67Desechó la tienda de José, y no eligió a la tribu de Efraím; 68mas eligió a la tribu de Judá, el monte Sión al cual amaba. 69Construyó como las alturas del cielo su santuario, como la tierra que fundó por siempre. 70Y eligió a David su servidor, le sacó de los apriscos del rebaño, 71le trajo de detrás de las ovejas, para pastorear a su pueblo Jacob, y a Israel, su heredad. 72El los pastoreaba con corazón perfecto, y con mano diestra los guiaba.
Salmos — Sal 106,32
32En las aguas de Meribá le enojaron, y mal le fue a Moisés por culpa de ellos,
Sal 104. — texto no disponible
Salmos — Sal 15
1Salmo. De David. Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte? 2El que ando sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón, 3y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo; 4con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen a Yahveh; que jura en su perjuicio y no retracta, 5no presta a usura su dinero, ni acepta soborno en daño de inocente. Quien obra así jamás vacilará.
Sal 81. — texto no disponible
Salmos — Sal 50
1Salmo. De Asaf. El Dios de los dioses, Yahveh, habla y convoca a la tierra desde oriente hasta occidente. 2Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece, 3viene nuestro Dios y no se callará. Delante de él, un fuego que devora, en torno a él, violenta tempestad; 4convoca a los cielos desde lo alto, y a la tierra para juzgar a su pueblo. 5«¡Congregad a mis fieles ante mí, los que mi alianza con sacrificio concertaron!» 6Anuncian los cielos su justicia, porque es Dios mismo el juez. 7«Escucha, pueblo mío, que hablo yo, Israel, yo atestiguo contra ti, yo, Dios, tu Dios. 8«No es por tus sacrificios por lo que te acuso: ¡están siempre ante mí tus holocaustos! 9No tengo que tomar novillo de tu casa, ni machos cabríos de tus apriscos. 10«Pues mías son todas las fieras de la selva, las bestias en los montes a millares; 11conozco todas las aves de los cielos, mías son las bestias de los campos. 12«Si hambre tuviera, no habría de decírtelo, porque mío es el orbe y cuanto encierra. 13¿Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabríos? 14«Sacrificio ofrece a Dios de acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo; 15e invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria.» 16Pero al impío Dios le dice: «¿Qué tienes tú que recitar mis preceptos, y tomar en tu boca mi alianza, 17tú que detestas la doctrina, y a tus espaldas echas mis palabras? 18«Si a un ladrón ves, te vas con él, alternas con adúlteros; 19sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño. 20«Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre. 21Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos. 22«¡Entended esto bien los que olvidáis a Dios, no sea que yo arrebate y no haya quien libre! 23El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria, al hombre recto le mostraré la salvación de Dios.»
Sal 37. — texto no disponible
Salmos — Sal 44
1Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema. 2Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos, nos lo contaron nuestros padres, la obra que tú hiciste en sus días, en los días antiguos, 3y con tu propia mano. Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos; 4no por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque los amabas. 5Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío, decidías las victorias de Jacob; 6por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios, por tu nombre pisábamos a nuestros agresores. 7No estaba en mi arco mi confianza, ni mi espada me hizo vencedor; 8que tú nos salvabas de nuestros adversarios, tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos; 9en Dios todo el día nos gloriábamos, celebrando tu nombre sin cesar. 10Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas, 11nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer. 12Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado; 13vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio. 14De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes; 15mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos. 16Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante, 17bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza. 18Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza. 19¡No habían vuelto atrás nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero, 20para que tú nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte! 21Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero, 22¿no se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos? 23Pero por ti se nos mata cada día, como ovejas de matadero se nos trata. 24¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre! 25¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria? 26Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre. 27¡Alzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!
Salmos — Sal 74
1Poema. De Asaf. ¿Por qué has de rechazar, oh Dios, por siempre, por qué humear de cólera contra el rebaño de tu pasto? 2Acuérdate de la comunidad que de antiguo adquiriste, la que tú rescataste, tribu de tu heredad, y del monte Sión donde pusiste tu morada. 3Guía tus pasos a estas ruinas sin fin: todo en el santuario lo ha devastado el enemigo. 4En el lugar de tus reuniones rugieron tus adversarios, pusieron sus enseñas, enseñas 5que no se conocían, en el frontón de la entrada. Machetes en bosque espeso, 6a una cercenaban sus jambas, y con hacha y martillo desgajaban. 7Prendieron fuego a tu santuario, por tierra profanaron la mansión de tu nombre. 8Dijeron en su corazón: «¡Destruyámoslos en bloque!» Quemaron en la tierra todo lugar de santa reunión. 9No vemos nuestras enseñas, no existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo. 10¿Hasta cuándo, oh Dios, provocará el adversario? ¿Ultrajará tu nombre por siempre el enemigo? 11¿Por qué retraes tu mano, y en tu seno retienes escondida tu diestra? 12Oh Dios, mi rey desde el principio, autor de salvación en medio de la tierra, 13tú hendiste el mar con tu poder, quebraste las cabezas de los montruos en las aguas; 14tú machacaste las cabezas de Leviatán y las hiciste pasto de las fieras; 15tú abriste manantiales y torrentes, y secaste ríos inagotables; 16tuyo es el día, tuya también la noche, tú la luna y el sol estableciste, 17tú trazaste todos los confines de la tierra, el verano y el invierno tú formaste. 18Recuérdalo, Yahveh: provoca el enemigo, tu nombre ultraja un pueblo necio. 19No entregues a la bestia el alma de tu tórtola, la vida de tus pobres no olvides para siempre. 20Piensa en la alianza, que están llenos los rincones del país de guaridas de violencia. 21¡No vuelva cubierto de vergüenza el oprimido; el humilde y el pobre puedan loar tu nombre! 22¡Alzate, oh Dios, a defender tu causa, acuérdate del necio que te provoca todo el día! 23No olvides el griterío de tus adversarios, el clamor de tus agresores que crece sin cesar!
Salmos — Sal 77
1Del maestro de coro... Yedutún. De Asaf. Salmo. 2Mi voz hacia Dios: yo clamo, mi voz hacia Dios: él me escucha. 3En el día de mi angustia voy buscando al Señor, por la noche tiendo mi mano sin descanso, mi alma el consuelo rehúsa. 4De Dios me acuerdo y gimo, medito, y mi espíritu desmaya. 5Los párpados de mis ojos tú retienes, turbado estoy, no puedo hablar; 6pienso en los días de antaño, de los años antiguos 7me acuerdo; en mi corazón musito por la noche, medito y mi espíritu inquiere: 8¿Acaso por los siglos desechará el Señor, no volverá a ser propicio? 9¿Se ha agotado para siempre su amor? ¿Se acabó la Palabra para todas las edades? 10¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente, o habrá cerrado de ira sus entrañas? 11Y digo: «Este es mi penar: que se ha cambiado la diestra del Altísimo.» 12Me acuerdo de las gestas de Yahveh, sí, recuerdo tus antiguas maravillas, 13medito en toda tu obra, en tus hazañas reflexiono. 14¡Oh Dios, santos son tus caminos! ¿Qué dios hay grande como Dios? 15Tú, el Dios que obras maravillas, manifestate tu poder entre los pueblos; 16con tu brazo a tu pueblo rescataste, a los hijos de Jacob y de José. Pausa . 17Viéronte, oh Dios, las aguas, las aguas te vieron y temblaron, también se estremecieron los abismos. 18Las nubes derramaron sus aguas, su voz tronaron los nublados, también cruzaban tus saetas. 19¡Voz de tu trueno en torbellino! Tus relámpagos alumbraban el orbe, la tierra se estremecía y retemblaba. 20Por el mar iba tu camino, por las muchas aguas tu sendero, y no se descubrieron tus pisadas. 21Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón.
Salmos — Sal 42,5
5Yo lo recuerdo, y derramo dentro de mí mi alma, cómo marchaba a la Tienda admirable, a la Casa de Dios, entre los gritos de júbilo y de loa, y el gentío festivo.
Salmos — Sal 5,8
8Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.
Salmos — Sal 28,2
2Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al santuario de tu santidad.
Salmos — Sal 48,10..
10Tu amor, oh Dios, evocamos en medio de tu Templo;
Salmos — Sal 119,63
63Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.
Salmos — Sal 69,7
7¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahveh Sebaot! ¡No sufran confusión por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!
Salmos — Sal 22,23
23¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:
Salmos — Sal 55,7
7Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma para volar y reposar!
Salmos — Sal 11,1
1Del maestro de coro. De David. En Yahveh me cobijo; ¿cómo decís a mi alma: «Huye, pájaro, a tu monte?
Salmos — Sal 55
1Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. 2Escucha, oh Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica, 3dame oídos, respóndeme, en mi queja me agito. Gimo 4ante la voz del enemigo, bajo el abucheo del impío; pues vierten sobre mí falsedades y con saña me hostigan. 5Se me estremece dentro el corazón, me asaltan pavores de muerte; 6miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza. 7Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma para volar y reposar! 8Huiría entonces lejos, en el desierto moraría. 9En seguida encontraría un asilo contra el viento furioso y la tormenta. 10¡Oh, piérdelos, Señor, enreda sus lenguas!, pues veo discordia y altercado en la ciudad; 11rondan día y noche por sus murallas. Y dentro de ella falsedad y malicia, 12insidias dentro de ella, jamás se ausentan de sus plazas la tiranía y el engaño. 13Si todavía un enemigo me ultrajara, podría soportarlo; si el que me odia se alzara contra mí, me escondería de él. 14¡Pero tú, un hombre de mi rango, mi compañero, mi íntimo, 15con quien me unía una dulce intimidad, en la Casa de Dios! ¡Oh, váyanse en tumulto, 16caiga la muerte sobre ellos, vivos en el seol se precipiten, pues está el mal instalado en medio de ellos! 17Yo, en cambio, a Dios invoco, y Yahveh me salva. 18A la tarde, a la mañana, al mediodía me quejo y gimo: él oye mi clamor. 19En paz mi alma rescata de la guerra que me hacen: aunque sean muchos contra mí, 20Dios escucha y los humilla, él, que reina desde siempre. Pero ellos sin enmienda, y sin temor de Dios. 21Cada uno extiende su mano contra sus aliados, viola su alianza; 22más blanda que la crema es su boca, pero su corazón es sólo guerra; sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desnudas. 23Descarga en Yahveh tu peso, y él te sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo. 24Y tú, oh Dios, los hundirás en el pozo de la fosa, a los hombres de sangre y de fraude, sin alcanzar la mitad de sus días. Mas yo confío en ti.
Salmos — Sal 59
1Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de matarle. 2¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío, de mis agresores protégeme, 3líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame! 4Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahveh, 5sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira, 6tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. 7Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad. 8Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?» 9Mas tú, Yahveh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles. 10Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Dios mi ciudadela, 11el Dios de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan. 12¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Señor, nuestro escudo! 13Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean! 14¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra. 15Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad; 16vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo. 17Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia. 18Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Dios mi ciudadela, el Dios de mi amor.
Salmos — Sal 22,13s.17
13Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán; 14ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen. 17Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.
Salmos — Sal 69,4
4Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.
Salmos — Sal 6,7
7Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;
Salmos — Sal 22,2
2Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!
Salmos — Sal 102,6
6ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado.
Salmos — Sal 63,2
2Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.
Salmos — Sal 22
1Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David. 2Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos! 3Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí. 4¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel! 5En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste; 6a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos. 7Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo, 8todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza: 9«Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!» 10Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre; 11a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios. 12¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro! 13Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán; 14ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen. 15Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas. 16Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte. 17Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies. 18Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran, 19repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica. 20¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía, 21libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro; 22sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos! 23¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!: 24«Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel». 25Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó. 26De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. 27Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!» 28Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. 29Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. 30Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, 31le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad 32venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.
Sal 38. — texto no disponible
Salmos — Sal 4
1Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De David. 2Cuando clamo, respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tú me abres salida; tenme piedad, escucha mi oración. 3Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira? 4¡Sabed que Yahveh mima a su amigo, Yahveh escucha cuando yo le invoco. 5Temblad, y no pequéis; hablad con vuestro corazón en el lecho ¡y silencio! 6Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Yahveh. 7Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?» ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro! Yahveh, 8tú has dado a mi corazón más alegría que cuando abundan ellos de trigo y vino nuevo. 9En paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo, pues tú solo, Yahveh, me asientas en seguro.
Salmos — Sal 53,5
5¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y no invocan a Dios?
Salmos — Sal 42,4
4¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios?
Salmos — Sal 42-43
Capitulo 421Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré. 2Como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios. 3Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios? 4¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios? 5Yo lo recuerdo, y derramo dentro de mí mi alma, cómo marchaba a la Tienda admirable, a la Casa de Dios, entre los gritos de júbilo y de loa, y el gentío festivo. 6¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y 7mi Dios! En mí mi alma desfallece. por eso te recuerdo desde la tierra del Jordán y los Hermones, a ti, montaña humilde. 8Abismo que llama al abismo, en el fragor de tus cataratas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí. 9De día mandará Yahveh su gracia, y el canto que me inspire por la noche será una oración al Dios de mi vida. 10Diré a Dios mi Roca: ¿Por qué me olvidas?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo? 11Con quebranto en mis huesos mis adversarios me insultan, todo el día repitiéndome: ¿En dónde está tu Dios? 12¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!
Capitulo 431Hazme justicia, oh Dios, y mi causa defiende contra esta gente sin amor; del hombre falso y fraudulento, líbrame. 2Tú el Dios de mi refugio: ¿por qué me has rechazado?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo? 3Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas. 4Y llegaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría. Y exultaré, te alabaré a la cítara, oh Dios, Dios mío. 5¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!
Salmos — Sal 73
1Salmo. De Asaf. En verdad bueno es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón. 2Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran, 3celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos. 4No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo; 5no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados. 6Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre; 7la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda. 8Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia; 9ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra. 10Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan. 11Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?» 12Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza. 13¡Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia, 14cuando era golpeado todo el día, y cada mañana sufría mi castigo! 15Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a la raza de tus hijos; 16me puse, pues, a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos! 17Hasta el día en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí: 18oh, sí, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas. 19¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores! 20Como en un sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen. 21Sí, cuando mi corazón se exacerbaba, cuando se torturaba mi conciencia, 22estúpido de mí, no comprendía, una bestia era ante ti. 23Pero a mí, que estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado; 24me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás. 25¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. 26Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre! 27Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros. 28Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras.
Sal 7,4ss y 26 — texto no disponible
Salmos — Sal 25,2
2oh Dios mío. Bet. En ti confío, ¡no sea confundido, no triunfen de mí mis enemigos!
Salmos — Sal 55,24.
24Y tú, oh Dios, los hundirás en el pozo de la fosa, a los hombres de sangre y de fraude, sin alcanzar la mitad de sus días. Mas yo confío en ti.
Salmos — Sal 116,10
10¡Tengo fe, aún cuando digo: «Muy desdichado soy»!,
Salmos — Sal 23,4
4Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.
Salmos — Sal 119,143
143Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.
Salmos — Sal 140,14
14Sí, los justos darán gracias a tu nombre, los rectos morarán en tu presencia.
Salmos — Sal 22,25ss
25Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó. 26De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. 27Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»
Salmos — Sal 16
1A media voz. De David. Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio. 2Yo digo a Yahveh: «Tú eres mi Señor. mi bien, nada hay fuera de ti»; 3ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!». 4Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios. 5Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras; 6la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es preciosa para mí. 7Bendigo a Yahveh que me aconseja; aun de noche mi conciencia me instruye; 8pongo a Yahveh ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo. 9Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa; 10pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa. 11Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.
Salmos — Sal 23
1Salmo. De David. Yahveh es mi pastor, nada me falta. 2Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce, 3y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre. 4Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan. 5Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa. 6Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.
Salmos — Sal 25,14
14Sámek. El secreto de Yahveh es para quienes le temen, su alianza, para darles cordura.
Salmos — Sal 65,5
5Dichoso tu elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa, de las cosas santas de tu Templo!
Salmos — Sal 91
1El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday, 2diciendo a Yahveh: «¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!» 3Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta; 4con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad. 5No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela, 6ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía. 7Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte. 8Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos, 9tú que dices: «¡Mi refugio es Yahveh!», y tomas a Elyón por defensa. 10No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda; 11que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos. 12Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; 13pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón. 14Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le exaltaré, pues conoce mi nombre. 15Me llamará y le responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré. 16Hartura le daré de largos días, y haré que vea mi salvación.
Salmos — Sal 119,33ss
33He. Enséñame, Yahveh, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa. 34Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón. 35Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.
Salmos — Sal 73,24ss
24me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás. 25¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra. 26Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!
Salmos — Sal 27,10
10Si mi padre y mi madre me abandonan, Yahveh me acogerá.
Salmos — Sal 103,13
13Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes le temen;
Salmos — Sal 2,8
8Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.
Salmos — Sal 55,18
18A la tarde, a la mañana, al mediodía me quejo y gimo: él oye mi clamor.