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110 citas resueltas — Texto completo

Salmos (16citas)

Salmos — Sal 28,4

4Dales, Yahveh, conforme a sus acciones, y a la malicia de sus hechos, según la obra de sus manos trátales, págales con su misma moneda.

Salmos — Sal 37

1De David. Alef. No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia. 2Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan. 3Bet. Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz, 4ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón. 5Guimel. Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará; 6hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía. 7Dálet. Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas. 8He. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; 9pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra. 10Vau. Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está; 11mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz. 12Zain. El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él; 13el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día. 14Jet. Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta; 15su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos. 16Tet. Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío; 17pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh. 18Yod. Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna; 19no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura. 20Kaf. Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán. 21Lámed. Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da; 22los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados. 23Mem. De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace; 24aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene. 25Nun. Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan. 26En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición. 27Sámek. Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada; 28porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. Ain. Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada; 29los justos poseerán la tierra, y habitarán en alla para siempre. 30La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud; 31la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan. 32Espía el impío al justo, y busca darle muerte; 33en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado. 34Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás. 35He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Libano; 36pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró. 37Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz; 38pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada. 39La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia; 40Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.

Salmos — Sal 91

1El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday, 2diciendo a Yahveh: «¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!» 3Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta; 4con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad. 5No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela, 6ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía. 7Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte. 8Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos, 9tú que dices: «¡Mi refugio es Yahveh!», y tomas a Elyón por defensa. 10No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda; 11que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos. 12Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; 13pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón. 14Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le exaltaré, pues conoce mi nombre. 15Me llamará y le responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré. 16Hartura le daré de largos días, y haré que vea mi salvación.

Salmos — Sal 92

1Salmo. Cántico. Para el día de sábado. 2Bueno es dar gracias a Yahveh, y salmodiar a tu nombre, Altísimo, 3publicar tu amor por la mañana, y tu lealtad por las noches, 4al son del arpa de diez cuerdas y la lira, con un susurro de cítara. 5Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas, ante las obras de tus manos grito: 6«¡Qué grandes son tus obras, Yahveh, qué hondos tus pensamientos!» 7El hombre estúpido no entiende, el insensato no comprende estas cosas. 8Si brotan como hierba los impíos, si florecen todos los agentes de mal, es para ser destruidos por siempre; 9mas tú, Yahveh, eres excelso por los siglos. 10Mira cómo tus enemigos perecen, se dispersan todos los agentes de mal. 11Pero tú alzas mi frente como la del búfalo, derramas sobre mí aceite nuevo; 12mi ojo desafía a los que me acechaban, mi oído escucha a los malvados. 13Florece el justo como la palmera, crece como un cedro del Líbano. 14Plantados en la Casa de Yahveh, dan flores en los atrios del Dios nuestro. 15Todavía en la vejez producen fruto, se mantienen frescos y lozanos, 16para anunciar lo recto que es Yahveh: mi Roca, no hay falsedad en él.

Salmos — Sal 112

1¡Aleluya! Alef. ¡Dichoso el hombre que teme a Yahveh, Bet. que en sus mandamientos mucho se complace! 2Guímel. Fuerte será en la tierra su estirpe, Dálet. bendita la raza de los hombres rectos. 3He. Hacienda y riquezas en su casa, Vau. su justicia por siempre permanece. 4Zain En las tinieblas brilla, como luz de los rectos, Jet. tierno, clemente y justo. 5Tet. Feliz el hombre que se apiada y presta, Yod. y arregla rectamente sus asuntos. 6Kaf. No, no será conmovido jamás, Lámed. en memoria eterna permanece el justo; 7Mem. no tiene que temer noticias malas, Nun. firme es su corazón, en Yahveh confiado. 8Sámek. Seguro está su corazón, no teme: Ain. al fin desafiará a sus adversarios. 9Pe. Con largueza da a los pobres; Sade. su justicia por siempre permanece, Qof. su frente se levanta con honor. 10Res. Lo ve el impío y se enfurece, Sin. rechinando sus dientes, se consume. Tau. El afán de los impíos se pierde.

Salmos — Sal 49,17s

17No temas cuando el hombre se enriquece, cuando crece el boato de su casa. 18Que a su muerte, nada ha de llevarse, su boato no bajará con él.

Sal 73,4 heb — texto no disponible

Salmos — Sal 16,5s

5Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras; 6la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es preciosa para mí.

Salmos — Sal 18,1ss

1Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2Dijo: Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado). 3Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio.

Salmos — Sal 27,1s

1De David. Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar? 2Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

Salmos — Sal 73,26

26Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!

Salmos — Sal 142,6

6Hacia ti clamo, Yahveh; digo: ¡Tú, mi refugio, mi porción en la tierra de los vivos!

Salmos — Sal 119,57

57Jet. Mi porción, Yahveh, he dicho, es guardar tus palabras.

Salmos — Sal 22

1Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David. 2Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos! 3Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí. 4¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel! 5En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste; 6a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos. 7Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo, 8todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza: 9«Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!» 10Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre; 11a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios. 12¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro! 13Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán; 14ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen. 15Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas. 16Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte. 17Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies. 18Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran, 19repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica. 20¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía, 21libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro; 22sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos! 23¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!: 24«Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel». 25Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó. 26De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. 27Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!» 28Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. 29Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. 30Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, 31le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad 32venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.

Salmos — Sal 16,9ss

9Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa; 10pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa. 11Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.

Salmos — Sal 49,16

16Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará.

Salmos — Sal 73,24

24me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás.

Sapienciales (21citas)

Job — Job 14,6

6aparta de él tus ojos, déjale, hasta que acabe, como un jornalero, su jornada.

Job — Job 7,1s

1¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra? ¿no son jornadas de mercenario sus jornadas? 2Como esclavo que suspira por la sombra, o como jornalero que espera su salario,

Proverbios — Prov 12,14

14Por el fruto de su boca, se harta de bien el hombre, cada cual recibe el salario de sus obras.

Job — Job 34,11

11que la obra del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a cada uno.

Eclesiástico — Eclo 51,30

30Ejecutad vuestra obra antes del momento fijado, y él os dará a su tiempo vuestra recompensa. Firma: Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.

Proverbios — Prov 20,22

22No digas: «Voy a devolver el mal»; confía en Yahveh, que te salvará.

Sabiduría — Sab 2,22

22no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables.

Eclesiástico — Eclo 1,13

13Para el que teme al Señor, todo irá bien al fin, en el día de su muerte se le bendecirá.

Eclesiástico — Eclo 7.26

26¿Tienes una mujer que te gusta? No la despidas, pero si la aborreces, no te confíes a ella.

Eclesiástico — Eclo 11,18-28

18Hay quien se hace rico a fuerza de engaño y avaricia, y esta es la parte de su recompensa: 19cuando dice: «Ya he logrado reposo, ahora voy a comer de mis bienes», no sabe qué tiempo va a venir, morirá y se lo dejará a otros. 20Manténte en tu quehacer y conságrate a él, en tu tarea envejece. 21No te admires de las obras del pecador, confía en el Señor y en tu esfuerzo persevera. Que es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de golpe al indigente. 22La bendición del Señor es la recompensa del piadoso, y en un instante hace florecer su bendición. 23No digas: «¿De qué he menester? o ¿qué bienes me vendrán todavía?» 24No digas: «Tengo bastante con ellos, ¿qué mal puede alcanzarme ahora?» 25Día de bienes, olvido de males, día de males, olvido de bienes. 26Que es fácil al Señor, el día de la muerte, pagar a cada uno según su proceder. 27El mal de una hora el placer hace olvidar, al final del hombre se descubren sus obras. 28Antes del fin no llames feliz a nadie, que sólo a su término es conocido el hombre.

Eclesiastés — Ecl 7,25

25He aplicado mi corazón a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como una necedad, y la necedad como una locura.

Eclesiastés — Ecl 8,12ss

12que el pecador haga el mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro temen, 13y que no le va bien al malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el rostro de Dios. 14Pues bien, un absurdo se da en la tierra: Hay justos a quienes les sucede cual corresponde a las obras de los malos, y malos a quienes sucede cual corresponde a las obras de los buenos. Digo que este es otro absurdo.

Eclesiastés — Ecl 9,9s

9Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol. 10Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te encaminas.

Eclesiástico — Eclo 2,18

18Caeremos en manos del Señor y no en manos de los hombres, pues como es su grandeza, tal su misericordia.

Eclesiástico — Eclo 51,20ss

20Hacia ella endurecé mi alma, y en la pureza la he encontrado. Logré con ella un corazón desde el principio, por eso no quedaré abandonado. 21Mis entrañas se conmovieron por buscarla, por eso he logrado una buena adquisición. 22Me dio el Señor una lengua en recompensa, y con ella le alabaré.

Job — Job 42,5s

5Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos. 6Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

Job — Job 19,25ss

25Yo sé que mi Defensor está vivo, y que él, el último, se levantará sobre el polvo. 26Tras mi despertar me alzará junto a él, y con mi propia carne veré a Dios. 27Yo, sí, yo mismo le veré, mis ojos le mirarán, no ningún otro. ¡Dentro de mí languidecen mis entrañas!

Sabiduría — Sab 3,1

1En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno.

Sabiduría — Sab 4,1

1Mejor es carencia de hijos acompañada de virtud, pues hay inmortalidad en su recuerdo, porque es conocida por Dios y por los hombres;

Sabiduría — Sab 2,21-24

21Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; 22no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables. 23Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; 24mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

Sabiduría — Sab 4,14ss

14Su alma era del agrado del Señor, por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no comprenden, ni caen en cuenta 15que la gracia y la misericordia son para sus elegidos y su visita para sus santos. 16El justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad del inicuo.

Historicos (19citas)

Génesis — Gen 2,15

15Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase.

Génesis — Gen 15,1

1Después de estos sucesos fue dirigida la palabra de Yahveh a Abram en visión, en estos términos: «No temas, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande.»

Deuteronomio — Dt 32,35

35A mí me toca la venganza y el pago para el momento en que su pie vacile. Porque está cerca el día de su ruina, ya se precipita lo que les espera.

Génesis — Gen 6,5ss

5Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, 6le pesó a Yahveh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. 7Y dijo Yahveh: «Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado, - desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo - porque me pesa harberlos hecho.»

Números — Num 5,11-30

11Yahveh habló a Moisés y le dijo: 12«Habla a los israelitas. Diles: Cualquier hombre cuya mujer se haya desviado y le haya engañado: 13ha dormido un hombre con ella con relación carnal a ocultas del marido; ella se ha manchado en secreto, no hay ningún testigo, no ha sido sorprendida; 14si el marido es atacado de celos y recela de su mujer, que efectivamente se ha manchado; o bien le atacan los celos y se siente celoso de su mujer, aunque ella no se haya manchado; 15ese hombre llevará a su mujer ante el sacerdote y presentará por ella la ofrenda correspondiente: una décima de medida de harina de cebada. No derramará aceite sobre la ofrenda, ni la pondrá incienso, pues es «oblación de celos», oblación conmemorativa para recordar una falta. 16El sacerdote presentará a la mujer y la pondrá delante de Yahveh. 17Echará luego agua viva en un vaso de barro y, tomando polvo del pavimento de la Morada, lo esparcirá sobre el agua. 18Pondrá el sacerdote a la mujer delante de Yahveh, le descubrirá la cabeza y pondrá en sus manos la oblación conmemorativa, o sea, la oblación de los celos. El sacerdote tendrá en sus manos las aguas de maldición y funestas. 19Entonces, el sacerdote conjurará a la mujer y le dirá: "Si no ha dormido un hombre contigo, si no te has desviado ni manchado desde que estás bajo la postestad de tu marido, sé inmune a estas aguas amargas y funestas. 20Pero si, estando bajo la potestad de tu marido, te has desviado y te has manchado, durmiendo con un hombre distinto de tu marido..." 21El sacerdote entonces proferirá sobre la mujer este juramento, y dirá el sacerdote a la mujer: "... Que Yahveh te ponga como maldición y execración en medio de tu pueblo, que haga languidecer tus caderas e infle tu vientre. 22Que entren estas aguas de maldición en tus entrañas, para que inflen tu vientre y hagan languidecer tus caderas." Y la mujer responderá: "¡Amén, amén!" 23Después el sacerdote escribirá en una hoja estas imprecaciones y las borrará con las aguas amargas. 24Hará beber a la mujer las aguas de maldición y funestas, y las aguas funestas entrarán en ella para hacérsele amargas. 25El sacerdote tomará entonces de la mano de la mujer la oblación de los celos, mecerá la oblación delante de Yahveh y la presentará en el altar. 26El sacerdote tomará de la oblación un puñado, el memorial, y lo quemará sobre el altar, y le hará beber a la mujer las aguas. 27Cuando le haga beber de las aguas, si la mujer está manchada y de hecho ha engañado a su marido, cuando entren en ella las aguas funestas le serán amargas: se inflará su vientre, languidecerán sus caderas y será mujer de maldición en medio de su pueblo. 28Pero si la mujer no se ha manchado, sino que es pura, estará exenta de toda culpa y tendrá hijos. 29Este es el rito de los celos, para cuando una mujer, después de estar bajo la potestad de su marido, se haya desviado y manchado; 30o para cuando un hombre, atacado de celos, recele de su mujer: entonces pondrá a su mujer en presencia de Yahveh y el sacerdote realizará con ella todo este rito.

Génesis — Gen 3,11ss

11El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» 12Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.» 13Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Y contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.»

Josué — Jos 7,5-12

5Los hombres de Ay les mataron como unos 36 hombres y los persiguieron más allá de la puerta hasta Sebarim, batiéndolos en la bajada. Entonces desfalleció el corazón del pueblo y se derritió como agua. 6Josué desgarró sus vestidos, se postró rostro en tierra delante del arca de Yahveh hasta la tarde, junto con los ancianos de Israel, y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas. 7Dijo Josué: «¡Ah, Señor Yahveh! ¿Por qué has hecho pasar el Jordán a este pueblo, para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiésemos empeñado en establecernos al otro lado del Jordán! 8¡Perdón, Señor! ¿Qué puedo decir ahora que Israel ha vuelto la espalda a sus enemigos? 9Se enterarán los cananeos y todos los habitantes del país: se aliarán contra nosotros y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Que harás tú entonces por tu gran nombre?» 10Yahveh respondió a Josué: «¡Arriba! ¡Vamos! ¿Por qué te estás así rostro en tierra? 11Israel ha pecado, también ha violado la alianza que yo le había impuesto. Y hasta se han quedado con algo del anatema, y lo han robado, y lo han escondido y lo han puesto entre sus utensilios. 12Los israelitas no podrán sostenerse ante sus enemigos; volverán la espalda ante sus enemigos, porque se han convertido en anatema. Yo no estaré ya con vosotros, si no hacéis desaparecer el anatema de en medio de vosotros.

Josué — Jos 7,24

24Entonces Josué tomó a Akán, hijo de Zéraj, con la plata, el manto y el lingote de oro, a sus hijos, sus hijas, su toro, su asno y su oveja, su tienda y todo lo suyo y los hizo subir al valle de Akor. Todo Israel le acompañaba.

Génesis — Gen 3,16-19

16A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará. 17Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. 18Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. 19Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

Génesis — Gen 6,18

18Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo.

Génesis — Gen 7,1

1Yahveh dijo a Noé: «Entra en el arca tú y toda tu casa, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación.

Génesis — Gen 19,12

12Los hombres dijeron a Lot: «¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a quienquiera que tengas en la ciudad,

II Samuel — 2Sa 6,12

12Se hizo saber al rey David: «Yahveh ha bendecido la casa de Obededom y todas sus cosas a causa del arca de Dios.» Fue David e hizo subir el arca de Dios de casa de Obededom a la Ciudad de David, con gran alborozo.

Ex 20.5s — texto no disponible

Exodo — Ex 34,7

7que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.»

Génesis — Gen 18,16-33

16Levantáronse de allí aquellos hombres y tomaron hacia Sodoma, y Abraham les acompañaba de despedida. 17Dijo entonces Yahveh: «¿Por ventura voy a ocultarle a Abraham lo que hago, 18siendo así que Abraham ha de ser un pueblo grande y poderoso, y se bendecirán por él los pueblos todos de la tierra? 19Porque yo le conozco y sé que mandará a sus hijos y a su descendencia que guarden el camino de Yahveh, practicando la justicia y el derecho, de modo que pueda concerderle Yahveh a Abraham lo que le tiene apalabrado.» 20Dijo, pues, Yahveh: «El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. 21Ea, voy a bajar personalmente, a ver si lo que han hecho responde en todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo.» 22Y marcharon desde allí aquellos individuos camino de Sodoma, en tanto que Abraham permanecía parado delante de Yahveh. 23Abordóle Abraham y dijo: «¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? 24Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? 25Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, y que corran parejas el uno con el otro. Tú no puedes. El juez de toda la tierra ¿va a fallar una injusticia?» 26Dijo Yahveh: «Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos en la ciudad perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos. 27Replicó Abraham: «¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! 28Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿Destruirías por los cinco a toda la ciudad?» Dijo: «No la destruiré, si encuentro allí a 45.» 29Insistió todavía: «Supón que se encuentran allí cuarenta.» Respondió: «Tampoco lo haría, en atención de esos cuarenta.» 30Insistió: «No se enfade mi Señor si le digo: "Tal vez se encuentren allí treinta".» Respondió: «No lo haré si encuentro allí a esos treinta.» 31Díjole. «¡Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor! ¿Y si se hallaren allí veinte?» 32Respondió: Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte.» Insistió: «Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: "¿Y si se encuentran allí diez?"» Dijo: «Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez.» 33Partió Yahveh así que hubo acabado de conversar con Abraham, y éste se volvió a su lugar.

Génesis — Gen 19,20ss

20Ahí cerquita está esa ciudad a donde huir. Es una pequeñez. ¡Ea, voy a escaparme allá - ¿verdad que es una pequeñez? - y quedaré con vida!» 21Díjole: «Bien, te concedo también eso de no arrasar la ciudad que has dicho. 22Listo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no entres allí.» Por eso se llamó aquella ciudad Soar.

Deuteronomio — Dt 7,9s

9Has de saber, pues, que Yahveh tu Dios es el Dios verdadero, el Dios verdadero, el Dios fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones a los que le aman y guardan sus mandamientos, 10pero que da su merecido en su propia persona a quien le odia, destruyéndole. No es remiso con quien le odia: en su propia persona le da su merecido.

Génesis — Gen 7,7

7Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio.

II Macabeos — 2Mac 7

1Sucedió también que siete hermanos apresados junto con su madre, eran forzados por el rey, flagelados con azotes y nervios de buey, a probar carne de puerco (prohibida por la Ley). 2Uno de ellos, hablando en nombre de los demás, decía así: «¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros padres.» 3El rey, fuera de sí, ordenó poner al fuego sartenes y calderas. 4En cuanto estuvieron al rojo, mandó cortar la lengua al que había hablado en nombre de los demás, arrancarle el cuero cabelludo y cortarle las extremidades de los miembros, en presencia de sus demás hermanos y de su madre. 5Cuando quedó totalmente inutilizado, pero respirando todavía, mandó que le acercaran al fuego y le tostaran en la sartén. Mientras el humo de la sartén se difundía lejos, los demás hermanos junto con su madre se animaban mutuamente a morir con generosidad, y decían: 6«El Señor Dios vela y con toda seguridad se apiadará de nosotros, como declaró Moisés en el cántico que atestigua claramente: "Se apiadará de sus siervos".» 7Cuando el primero hizo así su tránsito, llevaron al segundo al suplicio y después de arrancarle la piel de la cabeza con los cabellos, le preguntaban: «¿Vas a comer antes de que tu cuerpo sea torturado miembro a miembro?» 8El respondiendo en su lenguaje patrio, dijo: «¡No!» Por ello, también éste sufrió a su vez la tortura, como el primero. 9Al llegar a su último suspiro dijo: «Tú, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna.» 10Después de éste, fue castigado el tercero; en cuanto se lo pidieron, presentó la lengua, tendió decidido las manos 11(y dijo con valentía: «Por don del Cielo poseo estos miembros, por sus leyes los desdeño y de El espero recibirlos de nuevo).» 12Hasta el punto de que el rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del ánimo de aquel muchacho que en nada tenía los dolores. 13Llegado éste a su tránsito, maltrataron de igual modo con suplicios al cuarto. 14Cerca ya del fin decía así: «Es preferible morir a manos de hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él; para ti, en cambio, no habrá resurrección a la vida.» 15Enseguida llevaron al quinto y se pusieron a atormentarle. 16El, mirando al rey, dijo: «Tú, porque tienes poder entre los hombres aunque eres mortal, haces lo que quieres. Pero no creas que Dios ha abandonado a nuestra raza. 17Aguarda tú y contemplarás su magnifico poder, cómo te atormentará a ti y a tu linaje.» 18Después de éste, trajeron al sexto, que estando a punto de morir decía: «No te hagas ilusiones, pues nosotros por nuestra propia culpa padecemos; por haber pecado contra nuestro Dios (nos suceden cosas sorprendentes). 19Pero no pienses quedar impune tú que te has atrevido a luchar contra Dios.» 20Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el espacio de un solo día, sufría con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor. 21Animaba a cada uno de ellos en su lenguaje patrio y, llena de generosos sentimientos y estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía: 22«Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. 23Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes.» 24Antíoco creía que se le despreciaba a él y sospechaba que eran palabras injuriosas. Mientras el menor seguía con vida, no sólo trataba de ganarle con palabras, sino hasta con juramentos le prometía hacerle rico y muy feliz, con tal de que abandonara las tradiciones de sus padres; le haría su amigo y le confiaría altos cargos. 25Pero como el muchacho no le hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y la invitó a que aconsejara al adolescente para salvar su vida. 26Tras de instarle él varias veces, ella aceptó el persuadir a su hijo. 27Se inclinó sobre él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua patria: «Hijo, ten compasión de mí que te llevé en el seno por nueve meses, te amamanté por tres años, te crié y te eduqué hasta la edad que tienes (y te alimenté). 28Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia. 29No temas a este verdugo, antes bien, mostrándote digno de tus hermanos, acepta la muerte, para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en la misericordia.» 30En cuanto ella terminó de hablar, el muchacho dijo: «¿Qué esperáis? No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la Ley dada a nuestros padres por medio de Moisés. 31Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios. 32(Cierto que nosotros padecemos por nuestros pecados.) 33Si es verdad que nuestro Señor que vive, está momentáneamente irritado para castigarnos y corregirnos, también se reconciliará de nuevo con sus siervos. 34Pero tú, ¡oh impío y el más criminal de todos los hombres!, no te engrías neciamente, entregándote a vanas esperanzas y alzando la mano contra sus siervos; 35porque todavía no has escapado del juicio del Dios que todo lo puede y todo lo ve. 36Pues ahora nuestros hermanos, después de haber soportado una corta pena por una vida perenne, cayeron por la alianza de Dios; tú, en cambio, por el justo juicio de Dios cargarás con la pena merecida por tu soberbia. 37Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes de mis padres, invocando a Dios para que pronto se muestre propicio con nuestra nación, y que tú con pruebas y azotes llegues a confesar que él es el único Dios. 38Que en mí y en mis hermanos se detenga la cólera del Todopoderoso justamente descargada sobre toda nuestra raza.» 39El rey, fuera de sí, se ensañó con éste con mayor crueldad que con los demás, por resultarle amargo el sarcasmo. 40También éste tuvo un limpio tránsito, con entera confianza en el Señor. 41Por último, después de los hijos murió la madre. 42Sea esto bastante para tener noticia de los banquetes sacrificiales y de las crueldades sin medida.

Profeticos (11citas)

Jeremías — Jer 31,16

16Así dice Yahveh: Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque hay paga para tu trabajo - oráculo de Yahveh -: volverán de tierra hostil,

Isaías — Is 59,18

18Según los merecimientos así pagará: ira para sus opresores y represalia para sus enemigos. Dará a las islas su merecido.

Jeremías — Jer 31,29s

29En aquellos días no dirán más: «Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren de dentera»; 30sino que cada uno por su culpa morirá: quienquiera que coma el agraz tendrá la dentera.

Ezequiel — Ez 14,12-20

12La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 13Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo infidelidad, y yo extiendo mi mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío contra él el hambre para extirpar de allí hombres y bestias, 14y en ese país se hallan estos tres hombres, Noé, Danel y Job, ellos salvarán su vida por su justicia, oráculo del Señor Yahveh. 15Si yo suelto las bestias feroces contra ese país para privarle de sus hijos y convertirle en una desolación por donde nadie pase a causa de las bestias, 16y en ese país se hallan esos tres hombres: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos, pero el país quedará convertido en desolación. 17O bien, si yo hago venir contra ese país la espada, si digo: «Pase la espada por este país», y extirpo de él hombres y bestias, 18y esos tres hombres se hallan en ese país: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos se salvarán. 19O si envío la peste sobre ese país y derramo en sangre mi furor contra ellos, extirpando de él hombres y bestias, 20y en ese país se hallan Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos por su justicia.

Ezequiel — Ez 18

1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 2¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera? 3Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no repetiréis más este proverbio en Israel. 4Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá. 5El que es justo y practica el derecho y la justicia, 6no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su impureza, 7no oprime a nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento y viste al desnudo, 8no presta con usura ni cobra intereses, aparta su mano de la injusticia, dicta un juicio honrado entre hombre y hombre, 9se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor Yahveh. 10Si éste engendra un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de estas cosas 11que él mismo no había hecho, un hijo que come en los montes, contamina a la mujer de su prójimo, 12oprime al pobre y al indigente, comete rapiñas, no devuelve la prenda, alza sus ojos a las basuras, comete abominación, 13presta con usura y cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno después de haber cometido todas estas abominaciones; morirá sin remedio, y su sangre recaerá sobre él. 14Y si éste, a su vez, engendra un hijo que ve todos los pecados que ha cometido su padre, que los ve sin imitarlos, 15que no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, 16no oprime a nadie, no guarda la prenda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento, viste al desnudo, 17aparta su mano de la injusticia, no presta con usura, ni cobra intereses, practica mis normas y se conduce según mis preceptos, éste no morirá por la culpa de su padre, vivirá sin duda. 18Su padre, porque fue violento, cometió rapiñas y no obró bien en medio de su pueblo, por eso morirá a causa de su culpa. 19Y vosotros decís: «¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?» Pero el hijo ha practicado el derecho y la justicia, ha observado todos mis preceptos y los ha puesto en práctica: vivirá sin duda. 20El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo: al justo se le imputará su justicia y al malvado su maldad. 21En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. 22Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. 23¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh - y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? 24Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá. 25Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? 26Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha cometido muere. 27Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará su vida. 28Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá. 29Y sin embargo la casa de Israel dice: «No es justo el proceder del Señor.» ¿Que mi proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? 30Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya para vosotros más ocasión de culpa. 31Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel? 32Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.

Ezequiel — Ez 18,32

32Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.

Jeremías — Jer 12,1-5

1Tu llevas la razón, Yahveh, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los malos, y son felices todos los felones? 2Los plantas, y enseguida arraigan, van a más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero lejos de sus riñones. 3En cambio a mí ya me conoces, Yahveh; me has visto y has comprobado que mi corazón está contigo. Llévatelos como ovejas al matadero, y conságralos para el día de la matanza. 4(¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y la hierba de todo el campo estará seca? Por la maldad de los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.) Porque han dicho: «No ve Dios nuestros senderos.» 5- Si con los de a pie corriste y te cansaron, ¿cómo competirás con los de a caballo? Y si en tierra abierta te sientes seguro. ¿qué harás entre el boscaje del Jordán?

Lamentaciones — Lam 3,24

24«¡Mi porción es Yahveh, dice mi alma, por eso en él espero!»

Isaías — Is 53,10

10Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano.

Ezequiel — Ez 37

1La mano de Yahveh fue sobre mí y, por su espíritu, Yahveh me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. 2Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. 3Me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo dije: «Señor Yahveh, tú lo sabes.» 4Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahveh. 5Así dice el Señor Yahveh a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. 6Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.» 7Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. 8Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos. 9El me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.» 10Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército. 11Entonces me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. 12Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. 13Sabréis que yo soy Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. 14Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahveh, lo digo y lo haga, oráculo de Yahveh.» 15La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: 16Y tú, hijo de hombre, toma un leño y escribe en él: «Judá y los israelitas que están con él.» Toma luego otro leño y escribe en él: «José, leño de Efraím, y toda la casa de Israel que está con él.» 17Júntalos el uno con el otro de suerte que formen un solo leño, que sean una sola cosa en tu mano. 18Y cuando los hijos de tu pueblo te digan: «¿No nos explicarás qué es eso que tienes ahí?», 19les dirás: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que voy a tomar el leño de José (que está en la mano de Efraím) y las tribus de Israel que están con él, los pondré junto al leño de Judá, haré de todo un solo leño, y serán una sola cosa en mi mano. 20Los leños en los cuales hayas escrito tenlos en tu mano, ante sus ojos, 21y diles: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo recojo a los hijos de Israel de entre las naciones a las que marcharon. Los congregaré de todas partes para conducirlos a su suelo. 22Haré de ellos una sola nación en esta tierra, en los montes de Israel, y un solo rey será el rey de todos ellos; no volverán a formar dos naciones, ni volverán a estar divididos en dos reinos. 23No se contaminarán más con sus basuras, con sus monstruos y con todos sus crímenes. Los salvaré de las infidelidades por las que pecaron, los purificaré, y serán mi pueblo y yo seré su Dios. 24Mi siervo David reinará sobre ellos, y será para todos ellos el único pastor; obedecerán mis normas, observarán mis preceptos y los pondrán en práctica. 25Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, donde habitaron vuestros padres. Allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, para siempre, y mi siervo David será su príncipe eternamente. 26Concluiré con ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. 27Mi morada estará junto a ellos, seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 28Y sabrán las naciones que yo soy Yahveh, que santifico a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.

Daniel — Dan 12,1ss

1«En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro. 2Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno. 3Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Nuevo Testamento (27citas)

Apocalipsis — Ap 22,12

12Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su trabajo.

Romanos — Rom 2,6

6el cual dará a cada cual según sus obras:

II Timoteo — 2Tim 4,14

14Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le retribuirá según sus obras.

Romanos — Rom 12,17-20

17Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hobres: 18en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres; 19no tomando la justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera, pues dice la Escritura: Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor. 20Antes al contrario: si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza.

Hebreos — Heb 11,6

6Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.

Hechos — Hch 23,8

8Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mientras que los fariseos profesan todo eso.

I Corintios — 1Cor 15,12

12Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?

I Corintios — 1Cor 15,13-19

13Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. 14Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe. 15Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. 16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. 17Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados. 18Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron. 19Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres!

Hechos — Hch 24,14ss

14«En cambio te confieso que según el Camino, que ellos llaman secta, doy culto al Dios de mis padres, creo en todo lo que se encuentra en la Ley y está escrito en los Profetas 15y tengo en Dios la misma esperanza que éstos tienen, de que habrá una resurrección, tanto de los justos como de los pecadores. 16Por eso yo también me esfuerzo por tener constantemente una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres.

2Jn 8 — texto no disponible

II Pedro — 2Pe 2,13

13sufriendo daño en pago del daño que hicieron. Tienen por felicidad el placer de un día; hombres manchados e infames, que se entregan de lleno a los placeres mientras banquetean con vosotros.

Apocalipsis — Ap 18,6

6Dadle como ella ha dado, dobladle la medida conforme a sus obras, en la copa que ella preparó preparadle el doble.

I Corintios — 1Cor 9,24-27

24¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! 25Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. 26Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, 27sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.

Gálatas — Gal 5,7

7Comenzasteis bien vuestra carrera, ¿quién os puso obstáculo para no seguir a la verdad?

II Timoteo — 2Tim 4,7

7He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe.

Hechos — Hch 3,14ss

14Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino, 15y matasteis al Jefe que lleva a la Vida. Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. 16Y por la fe en su nombre, este mismo nombre ha restablecido a éste que vosotros veis y conocéis; es, pues, la fe dada por su medio la que le ha restablecido totalmente ante todos vosotros.

Colosenses — Col 2,12s

12Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos. 13Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y en vuestra carne incircuncisa, os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos.

I Corintios — 1Cor 9,17s

17Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. 18Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio.

Flp 1.21-26 — texto no disponible

Colosenses — Col 3,24

24conscientes de que el Señor os dará la herencia en recompensa. El Amo a quien servís es Cristo.

Romanos — Rom 8,17

17Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados.

II Timoteo — 2Tim 4,8

8Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación.

I Tesalonicenses — 1Tes 4,17

17Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor.

Filipenses — Flp 1,23

23Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor;

Apocalipsis — Ap 21,3s

3Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios - con - ellos, será su Dios. 4Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.»

Romanos — Rom 6,5-8

5Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; 6sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. 7Pues el que está muerto, queda librado del pecado. 8Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,

Colosenses — Col 3,1-4

1Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. 3Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. 4Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.

Romanos — Rom 5,9s

9¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera! 10Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!

Romanos — Rom 8,38s

38Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades 39ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

Evangelio (16citas)

Mateo — Mt 20,1-15

1«En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. 2Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, 4les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo." 5Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. 6Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: "¿Por qué estáis aquí todo el día parados?" 7Dícenle: "Es que nadie nos ha contratado." Díceles: "Id también vosotros a la viña." 8Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: "Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros." 9Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. 10Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. 11Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12diciendo: "Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor." 13Pero él contestó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. 15¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?".

Lucas — Lc 10,7

7Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.

Juan — Jn 4,36

36el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador.

Juan — Jn 9,2

2Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»

Mateo — Mt 22,22

22Al oír esto, quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.

Mateo — Mt 22,31s

31Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de Dios cuando os dice: 32Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos.»

Mateo — Mt 25,31-46

31«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. 32Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; 36estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." 37Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? 38¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? 39¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" 40Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." 41Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." 44Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" 45Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." 46E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

Mateo — Mt 16,27

27«Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Marcos — Mc 9.41

41«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.»

Mateo — Mt 6,1-16

1«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. 2Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. 3Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 5«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. 6Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 7Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. 8No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 9«Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; 10venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. 11Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; 12y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; 13y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. 14«Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. 16«Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.

Lucas — Lc 14,12ss

12Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. 13Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»

Lucas — Lc 23,43

43Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Juan — Jn 7,37s

37El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba 38el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.

Juan — Jn 6,26-35

26Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. 27Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.» 28Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» 29Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.» 30Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.» 32Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; 33porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» 34Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» 35Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

Juan — Jn 8,12

12Jesús les habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»

Juan — Jn 11,23ss

23Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará.» 24Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» 25Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá;