Job — Job 1-3
Capitulo 11Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. 2Le habían nacido siete hijos y tres hijas. 3Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente. 4Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. 5Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre. 6El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. 7Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» 8Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!» 9Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde? 10¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país. 11Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!» 12Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh. 13El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor, 14vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos; 15de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 16Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 17Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 18Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor. 19De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.» 20Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra, 21dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!» 22En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.
Capitulo 21El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. 2Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» 3Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle.» 4Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida! 5Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!» 6Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida.» 7El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. 8Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. 9Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!» 10Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios. 11Tres amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido, y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat. Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle. 12Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza. 13Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.
Capitulo 31Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día. 2Tomó Job la palabra y dijo: 3¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!» 4El día aquel hágase tinieblas, no lo requiera Dios desde lo alto, ni brille sobre él la luz. 5Lo reclamen tinieblas y sombras, un nublado se cierna sobre él, lo estremezca un eclipse. 6Sí, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año, ni entre en la cuenta de los meses. 7Y aquella noche hágase inerte, impenetrable a los clamores de alegría. 8Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar a Leviatán. 9Sean tinieblas las estrellas de su aurora, la luz espere en vano, y no vea los párpados del alba. 10Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor. 11¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre? 12¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿por qué hubo dos pechos para que mamara? 13Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz, 14con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades; 15o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas. 16O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz. 17Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos. 18También están tranquilos los cautivos, sin oír más la voz del capataz. 19Chicos y grandes son allí lo mismo, y el esclavo se ve libre de su dueño. 20¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma, 21a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro, 22a los que se alegran ante el túmulo y exultan cuando alcanzan la tumba, 23a un hombre que ve cerrado su camino, y a quien Dios tiene cercado? 24Como alimento viene mi suspiro, como el agua se derraman mis lamentos. 25Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo. 26No hay para mí tranquilidad ni calma, no hay reposo: turbación es lo que llega.