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Sufrimiento

164 citas resueltas — Texto completo

Salmos (13citas)

Salmos — Sal 107,19

19Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias;

Salmos — Sal 6

1Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David. 2Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues. 3Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados, 4desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo? 5Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor. 6Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar? 7Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama; 8mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores. 9Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos. 10Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración. 11¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

Salmos — Sal 38

1Salmo De David. En memoria. 2Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues. 3Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí; 4nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado. 5Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí; 6mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura; 7encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día. 8Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne; 9entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón. 10Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti. 11Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta. 12Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan; 13y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes. 14Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca; 15sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios. 16Que en ti, Yahveh, yo espero, tú reponderás, Señor, Dios mío. 17He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!». 18Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí. 19Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado. 20Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian, 21los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco. 22¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí! 23Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!

Salmos — Sal 41

1Del maestro de coro. Salmo. De David. 2¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En día de desgracia le libera Yahveh; 3Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos; 4le sostiene Yahveh en su lecho de dolor; tú rehaces entera la postración en que se sume. 5Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!» 6Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?» 7Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera. 8A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja: 9«Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.» 10Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar. 11Mas tú, Yahveh, tenme piedad, levántame y les daré su merecido; 12en esto sabré que tú eres mi amigo: si mi enemigo no lanza más su grito contra mí; 13y a mí me mantendrás en mi inocencia, y ante tu faz me admitirás por siempre. 14¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!

Salmos — Sal 88

1Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema. De Hemán el indígena. 2Yahveh, Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche; 3llegue hasta tí mi súplica, presta oído a mi clamor. 4Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol; 5contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado: 6relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano. 7Me has echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos; 8sobre mí pesa tu furor, con todas tus olas me hundes. 9Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida, 10mi ojo se consume por la pena. Yo te llamo, Yahveh, todo el día, tiendo mis manos hacia ti. 11¿Acaso para los muertos haces maravillas, o las sombras se alzan a alabarte? 12¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición? 13¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido ?» 14Mas yo grito hacia ti, Yahveh, de madrugada va a tu encuentro mi oración; 15¿por qué, Yahveh, mi alma rechazas, lejos de mí tu rostro ocultas? 16Desdichado y agónico estoy desde mi infancia, he soportado tus terrores, y ya no puedo más; 17han pasado tus iras sobre mí, tus espantos me han aniquilado. 18Me envuelven como el agua todo el día, se aprietan contra mí todos a una. 19Has alejado de mí compañeros y amigos, son mi compañía las tinieblas.

Salmos — Sal 10,4

4(Nun.) el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.

Salmos — Sal 14,1

1Del maestro de coro. De David. Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.

Salmos — Sal 73,11

11Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?»

Salmos — Sal 13,2

2¿Hasta cuándo, Yahveh, me olvidarás? ¿Por siempre? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

Salmos — Sal 31,13

13dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.

Salmos — Sal 44,10-18

10Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas, 11nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer. 12Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado; 13vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio. 14De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes; 15mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos. 16Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante, 17bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza. 18Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza.

Salmos — Sal 73,17

17Hasta el día en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí:

Salmos — Sal 65,10

10Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:

Sapienciales (22citas)

Job — Job 14,1

1el hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de tormentos.

Eclesiástico — Eclo 40,1-9

1Grandes trabajos han sido creados para todo hombre, un yugo pesado hay sobre los hijos de Adán, desde el día que salieron del vientre de su madre, hasta el día del retorno a la madre de todo. 2Sus reflexiones, el miedo de su corazón es la idea del futuro, el día de la muerte. 3Desde el que está sentado en un trono glorioso, hasta el que en tierra y ceniza está humillado, 4desde el que lleva púrpura y corona, hasta el que se cubre de tela grosera, sólo furor, envidia, turbación, inquietud, miedo a la muerte, resentimiento y discordia. 5A la hora del descanso en la cama, el sueño de la noche altera el conocimiento. 6Poco, casi nada, reposa, y ya en sueños, como en día de guardia, se ve turbado por las visiones de su corazón, como el que ha huído ante el combate. 7A la hora de su turno se despierta, sorprendido de su vano temor. 8Para toda carne, del hombre hasta la bestia, mas para los pecadores siete veces más: 9Muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.

Proverbios — Prov 3,8

8medicina será para tu carne y regrigerio para tus huesos.

Proverbios — Prov 4,22

22Porque son vida para los que las encuentran, y curación para toda carne.

Proverbios — Prov 14,30

30El corazón manso es vida del cuerpo; la envidia es caries de los huesos.

Eclesiástico — Eclo 34,20

20Inmola a un hijo a los ojos de su padre quien ofrece víctima a costa de los bienes de los humildes.

Eclesiástico — Eclo 17,27

27¿Quién en el seol alabará al Altísimo si los vivientes no le dan gloria?

Job — Job 5,8

8Yo por mí a Dios recurriría, expondría a Dios mi causa.

Job — Job 8,5ss

5Mas si tú a Dios recurres e imploras a Sadday, 6si eres irreprochable y recto, desde ahora él velará sobre ti y restaurará tu morada de justicia. 7Tu pasado parecerá insignificante el lado de tu espléndido futuro.

Eclesiástico — Eclo 38

1Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor. 2Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe. 3La ciencia del médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado. 4El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña. 5¿No fue el agua endulzada con un leño para que se conociera su virtud? 6El mismo dio a los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas. 7Con ellas cura él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas. 8Así nunca se acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra. 9Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará. 10Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón. 11Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios. 12Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester. 13Hay momentos en que en su mano está la solución, 14pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida. 15El que peca delante de su Hacedor ¡caiga en manos del médico! 16Hijo, por un muerto lágrimas derrama, como quien sufre cruelmente, entona la lamentación; según el ceremonial entierra su cadáver y no seas negligente con su sepultura. 17Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho, haz el duelo según su dignidad, un día o dos, para evitar murmullos; después, consuélate de la tristeza. 18Porque de la tristeza sale la muerte, la tristeza del corazón enerva las fuerzas. 19En la adversidad permanece también la tristeza, una vida de miseria va contra el corazón. 20No des tu corazón a la tristeza, evítala acordándote del fin. 21No lo olvides: no hay retorno, a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo. 22«Recuerda mi sentencia, que será también la tuya: a mí ayer, a ti te toca hoy.» 23Cuando un muerto reposa, deja en paz su memoria, consuélate de él, porque su espíritu ha partido. 24La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de sosiego, el que se libera de negocios se hará sabio. 25¿Cómo va a hacerse sabio el que empuña el arado, y se gloría de tener por lanza el aguijón, el que conduce bueyes, los arrea en sus trabajos y no sabe hablar más que de novillos? 26Aplica su corazón a abrir surcos, y sus vigilias a cebar terneras. 27De igual modo todo obrero o artesano, que trabaja día y noche; los que graban las efigies de los sellos, y su afán se centra en variar los detalles; ponen todo su corazón en igualar el modelo y gastan sus vigilias en rematar la obra. 28También el herrero sentado junto al yunque, atento a los trabajos del hierro; el vaho del fuego sus carnes derrite, en el calor de la fragua se debate, el ruido del martillo le ensordece, y en el modelo del objeto tiene fijos sus ojos; pone su corazón en concluir sus obras, y sus vigilias en adornarlas al detalle. 29De igual modo el alfarero sentado a su tarea y dando a la rueda con sus pies, preocupado sin cesar por su trabajo, toda su actividad concentrada en el número; 30con su brazo moldea la arcilla, con sus pies vence su resistencia; pone su corazón en acabar el barnizado, y gasta sus vigilias en limpiar el horno. 31Todos éstos ponen su confianza en sus manos, y cada uno se muestra sabio en su tarea. 32Sin ellos no se construiría ciudad alguna, ni se podría habitar ni circular por ella. 33Mas para el consejo del pueblo no se les busca, ni se les distingue en la asamblea. No se sientan en sitial de juez, ni meditan en la alianza del juicio. 34No demuestran instrucción ni juicio, ni se les encuentra entre los que dicen máximas. Pero aseguran la creación eterna, el objeto de su oración son los trabajos de su oficio.

Job — Job 2,9

9Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»

Proverbios — Prov 13,8

8El precio de la vida de un hombre es su riqueza; pero el pobre no hace caso a la amenaza.

Eclesiástico — Eclo 7,1

1No hagas mal, y el mal no te dominará,

Job — Job 13,22

22Arguye tú y yo responderé; o bien yo hablaré y tú contestarás.

Job — Job 23,7

7Reconocería en su adversario a un hombre recto, y yo me libraría de mi juez para siempre.

Proverbios — Prov 3,11s

11No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, 12porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido.

Job — Job 42,1-6

1Y Job respondió a Yahveh: 2Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable. 3Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro. 4(Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.) 5Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos. 6Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

Job — Job 38,2

2¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?

Sabiduría — Sab 4,17-20

17Ven la muerte del sabio, mas no comprenden los planes del Señor sobre él ni por qué le ha puesto en seguridad; 18lo ven y lo desprecian, pero el Señor se reirá de ellos. 19Después serán cadáveres despreciables, objeto de ultraje entre los muertos para siempre. Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin habla, los sacudirá de sus cimientos; quedarán totalmentes asolados, sumidos en el dolor, y su recuerdo se perderá. 20Al tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados, y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles.

Sabiduría — Sab 3,13s

13Dichosa la estéril sin mancilla, la que no conoce lecho de pecado; tendrá su fruto en la visita de las almas. 14Dichoso también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad ni fomenta pensamientos perversos contra el Señor; por su fidelidad se le dará una escogida recompensa, una herencia muy agradable en el Santurario del Señor.

Job — Job 1,11

11Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!»

Job — Job 2,5

5Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!»

Historicos (27citas)

Génesis — Gen 41,55

55Toda la tierra de Egipto sintió también hambre, y el pueblo clamó a Faraón pidiendo pan. Y dijo Faraón a todo Egipto: «Id a José: haced lo que él os diga.»

Exodo — Ex 2,23s

23Durante este largo período murió el rey de Egipto; los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios. 24Oyó Dios sus gemidos, y acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.

Exodo — Ex 14,10

10Al acercarse Faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron a Yahveh.

Jueces — Jue 3,9

9Los israelitas clamaron a Yahveh y Yahveh suscitó a los israelitas un libertador que los salvó: Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.

Números — Num 21,6-9

6Envió entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel. 7El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes,» Moisés intercedió por el pueblo. 8Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá.» 9Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.

Exodo — Ex 8,12-28

12Dijo Yahveh a Moisés: «Di a Aarón: extiende tu cayado y golpea el polvo de la tierra que se convertirá en mosquitos sobre todo el país de Egipto.» 13Así lo hicieron: Aarón extendió su mano con el cayado y golpeó el polvo de la tierra; y hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los ganados. Todo el polvo de la tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país de Egipto. 14Los magos intentaron con sus encantamientos hacer salir mosquitos, pero no pudieron. Hubo, pues, mosquitos sobre hombres y ganados. 15Dijeron los magos a Faraón: «¡es el dedo de Dios!» Pero el corazón de Faraón se endureció, y no les escuchó, como había dicho Yahveh. 16Yahveh dijo a Moisés: «Levántate muy de mañana, preséntate a Faraón cuando vaya a la ribera, y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a mi pueblo, para que me dé culto." 17Si no dejas salir a mi pueblo, mira que voy a enviar tábanos contra ti, contra tus siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las casas de los egipcios y hasta el suelo sobre el cual están se llenarán de tábanos. 18Pero exceptuaré ese día la región de Gosen, donde está mi pueblo, para que no haya allí tábanos, a fin de que sepas que yo soy Yahveh en medio de la tierra; 19haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este prodigio sucederá mañana.» 20Así lo hizo Yahveh, y un enorme enjambre de tábanos vino sobre la casa de Faraón y la casas de sus siervos; y toda la tierra de Egipto; la tierra fue devastada por los tábanos. 21Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón y les dijo: «Id y ofreced sacrificios a vuestro Dios en este país.» 22Moisés respondió: «No conviene que se haga así, porque el sacrificio que ofrecemos a Yahveh, nuestro Dios, es abominación para los egipcios. ¿No nos apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un sacrificio que para ellos es abominable? 23Iremos tres jornadas de camino por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios a Yahveh, nuestro Dios, según él nos ordena.» 24Contestó Faraón: «Os dejaré ir, para que ofrezcáis en el desierto sacrificios a Yahveh, vuestro Dios, con tal que no vayáis demasiado lejos. Rogad por mí.» 25Moisés respondió: «En cuanto salga rogaré a Yahveh, y mañana los tábanos se alejarán de Faraón, de sus siervos y de su pueblo; pero que no nos siga engañando Faraón, impidiendo que el pueblo vaya a ofrecer sacrificios a Yahveh.» 26Salió, pues, Moisés de la presencia de Faraón, y rogó a Yahveh. 27Hizo Yahveh lo que Moisés pedía, y alejó los tábanos del Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin quedar ni uno. 28Pero también esta vez endureció Faraón su corazón y no dejó salir al pueblo.

Génesis — Gen 34,25

25Pues bien, al tercer día, mientras ellos estaban adoloridos, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, blandieron cada uno su espada y entrando en la ciudad sin peligro mataron a todo varón.

Josué — Jos 5,8

8Cuando acabó de circuncidarse toda la gente, se quedaron donde estaban en el campamento hasta que se curaron.

II Samuel — 2Sa 4,4

4Tenía Jonatán, hijo de Saúl, un hijo tullido de pies. Tenía cinco años cuando llegó de Yizreel la noticia de lo de Saúl y Jonatán; su nodriza le tomó y huyó, pero con la prisa de la fuga, cayó y se quedó cojo. Se llamaba Meribbaal.

Génesis — Gen 27,1

1Como hubiese envejecido Isaac, y no viese ya por tener debilitados sus ojos, llamó a Esaú, su hijo mayor: ¡Hijo mío!» El cual le respondió: «Aquí estoy.»

Génesis — Gen 48,10

10Los ojos de Jacob se habían nublado por la vejez y no podía ver. Acercóselos, pues, y él los besó y los abrazó.

Génesis — Gen 12,17s

17Pero Yahveh hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por lo de Saray, la mujer de Abram. 18Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: «¿Qué es lo que has hecho commigo? ¿Por qué no me avisaste de que era tu mujer?

Génesis — Gen 42,21

21Y se decían el uno al otro: «A fe que somos culpables contra nuestro hermano, cuya angustia veíamos cuando nos pedía que tuviésemos compasión y no le hicimos caso. Por eso nos hallamos en esta angustia.»

Josué — Jos 7,6-13

6Josué desgarró sus vestidos, se postró rostro en tierra delante del arca de Yahveh hasta la tarde, junto con los ancianos de Israel, y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas. 7Dijo Josué: «¡Ah, Señor Yahveh! ¿Por qué has hecho pasar el Jordán a este pueblo, para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiésemos empeñado en establecernos al otro lado del Jordán! 8¡Perdón, Señor! ¿Qué puedo decir ahora que Israel ha vuelto la espalda a sus enemigos? 9Se enterarán los cananeos y todos los habitantes del país: se aliarán contra nosotros y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Que harás tú entonces por tu gran nombre?» 10Yahveh respondió a Josué: «¡Arriba! ¡Vamos! ¿Por qué te estás así rostro en tierra? 11Israel ha pecado, también ha violado la alianza que yo le había impuesto. Y hasta se han quedado con algo del anatema, y lo han robado, y lo han escondido y lo han puesto entre sus utensilios. 12Los israelitas no podrán sostenerse ante sus enemigos; volverán la espalda ante sus enemigos, porque se han convertido en anatema. Yo no estaré ya con vosotros, si no hacéis desaparecer el anatema de en medio de vosotros. 13Levántate, purifica al pueblo y diles: Purificaos para mañana, porque así dice Yahveh, el Dios de Israel: El anatema está dentro de ti, Israel; no podrás mantenerte delante de tus enemigos hasta que estirpéis el anatema de entre vosotros.

Génesis — Gen 3,14-19

14Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 15Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.» 16A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará. 17Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. 18Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. 19Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

Exodo — Ex 21,13

13pero si no estaba al acecho, sino que Dios se lo puso al alcance de la mano, yo te señalaré un lugar donde éste pueda refugiarse.

Génesis — Gen 3,14

14Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

II Samuel — 2Sa 16,5

5Cuando el rey David llegó a Bajurim salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá. Iba maldiciendo mientras avanzaba.

Deuteronomio — Dt 8,5

5Date cuenta, pues, de que Yahveh tu Dios te corregía como un hombre corrige a su hijo,

II Macabeos — 2Mac 6,12-17

12Ruego a los lectores de este libro que no se desconcierten por estas desgracias; piensen antes bien que estos castigos buscan no la destrucción, sino la educación de nuestra raza; 13pues el no tolerar por mucho tiempo a los impíos, de modo que pronto caigan en castigos, es señal de gran benevolencia. 14Pues con las demás naciones el Soberano, para castigarlas, aguarda pacientemente a que lleguen a colmar la medida de sus pecados; pero con nosotros ha decidido no proceder así, 15para que no tenga luego que castigarnos, al llegar nuestros pecados a la medida colmada. 16Por eso mismo nunca retira de nosotros su misericordia: cuando corrige con la desgracia, no está abandonando a su propio pueblo. 17Quede esto dicho a modo de recuerdo. Después de estas pocas palabras, prosigamos la narración.

II Macabeos — 2Mac 7,31-38

31Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios. 32(Cierto que nosotros padecemos por nuestros pecados.) 33Si es verdad que nuestro Señor que vive, está momentáneamente irritado para castigarnos y corregirnos, también se reconciliará de nuevo con sus siervos. 34Pero tú, ¡oh impío y el más criminal de todos los hombres!, no te engrías neciamente, entregándote a vanas esperanzas y alzando la mano contra sus siervos; 35porque todavía no has escapado del juicio del Dios que todo lo puede y todo lo ve. 36Pues ahora nuestros hermanos, después de haber soportado una corta pena por una vida perenne, cayeron por la alianza de Dios; tú, en cambio, por el justo juicio de Dios cargarás con la pena merecida por tu soberbia. 37Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes de mis padres, invocando a Dios para que pronto se muestre propicio con nuestra nación, y que tú con pruebas y azotes llegues a confesar que él es el único Dios. 38Que en mí y en mis hermanos se detenga la cólera del Todopoderoso justamente descargada sobre toda nuestra raza.»

Génesis — Gen 50,20

20Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso.

Génesis — Gen 22

1Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El respondió: «Heme aquí.» 2Díjole: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.» 3Levantóse, pues, Abraham de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. 4Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde vosotros.» 6Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. 7Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió: «¿qué hay, hijo?» - «Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?» 8Dijo Abraham: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y siguieron andando los dos juntos. 9Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. 10Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11Entonces le llamó el Angel de Yahveh desde los cielos diciendo: ¡Abraham, Abraham!» El dijo: «Heme aquí.» 12Dijo el Angel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único.» 13Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. 14Abraham llamó a aquel lugar «Yahveh provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte "Yahveh provee"» 15El Angel de Yahveh llamó a Abraham por segunda vez desde los cielos, 16y dijo: «Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, 17yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos. 18Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz.» 19Volvió Abraham al lado de sus mozos, y emprendieron la marcha juntos hacia Berseba. Y Abraham se quedó en Berseba. 20Después de estas cosas, se anunció a Abraham: «También Milká ha dado hijos a tu hermano Najor: 21Us, su primogénito; Buz, hermano del anterior, y Quemel, padre de Aram, 22Késed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel.» 23(Betuel engendró a Rebeca.) Estos ocho le dio Milká a Najor, hermano de Abraham. 24Su concubina, llamada Reumá, también dio a luz a Tébaj, Gájam, Tájas, y Maaká.

Tobías — Tob 12,13

13Cuando te levantabas de la mesa sin tardanza, dejando la comida, para esconder un cadáver, era yo enviado para someterte a prueba.

Exodo — Ex 17,11ss

11Y sucedió que, mientras Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; pero cuando las bajaba, prevalecía Amalec. 12Se le cansaron las manos a Moisés, y entonces ellos tomaron una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó sobre ella, mientras Aarón y Jur le sostenían las manos, uno a un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta la puesta del sol. 13Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

Números — Num 11,1s

1El pueblo profería quejas amargas a los oídos de Yahveh, y Yahveh lo oyó. Se encendió su ira y ardió un fuego de Yahveh entre ellos y devoró un extremo del campamento. 2El pueblo clamó a Moisés y Moisés intercedió ante Yahveh, y el fuego se apagó.

Números — Num 32,30-33

30Pero si los que llevan armas no pasan con vosotros, tendrán su herencia entre vosotros en el país de Canaán.» 31Respondieron los hijos de Gad y los hijos de Rubén: «Lo que ha hablado Yahveh a tus siervos, eso haremos. 32Nosotros pasaremos armados delante de Yahveh al país de Canaán; pero danos la propiedad de nuestra herencia a este lado del Jordán.» 33Moisés dio a los hijos de Gad, a los hijos de Rubén y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sijón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán; el país con las ciudades comprendidas en sus fronteras y las ciudades colindantes.

Profeticos (30citas)

Isaías — Is 33,24

24y no dirá ningún habitante: «Estoy enfermo»; al pueblo que allí mora le será perdonada su culpa.

Isaías — Is 26,19

19Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras.

Isaías — Is 29,18

18Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán,

Isaías — Is 61,2

2a pregonar año de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran,

Isaías — Is 19,22

22Yahveh herirá a Egipto, pero al punto le curará. Se convertirán a Yahveh, y él será propicio y los curará.

Isaías — Is 57,18

18Sus caminos vi. Yo le curaré y le guiaré, y le daré ánimos a él y a los que con él lloraban,

Isaías — Is 53,4s

4¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. 5El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.

Lamentaciones — Lam 2,13

13Mem. ¿A quién te compararé? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Grande como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?

Isaías — Is 45,7

7yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, yo soy Yahveh, el que hago todo esto.

Isaías — Is 63,3-6

3- El lagar he pisado yo solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi vestimenta he manchado. 4¡Era el día de la venganza que tenía pensada, el año de mi desquite era llegado! 5Miré bien y no había auxiliador; me asombré de que no hubiera quien apoyase. Así que me salvó mi propio brazo, y fue mi furia la que me sostuvo. 6Pisoteé a pueblos en mi ira, los pise con furia e hice correr por tierra su sangre.

Amós — Am 3,6

6¿Suena el cuerno en una ciudad sin que el pueblo se estremezca? ¿Cae en una ciudad el infortunio sin que Yahveh lo haya causado?

Isaías — Is 7,18

18Aquel día silbará Yahveh al enjambre que hay en los confines de los ríos de Egipto, y a las abejas que hay en tierra de Asur;

Isaías — Is 3,11

11¡Ay del malvado! que le irá mal, que el mérito de sus manos se le dará.

Jeremías — Jer 12,1-6

1Tu llevas la razón, Yahveh, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los malos, y son felices todos los felones? 2Los plantas, y enseguida arraigan, van a más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero lejos de sus riñones. 3En cambio a mí ya me conoces, Yahveh; me has visto y has comprobado que mi corazón está contigo. Llévatelos como ovejas al matadero, y conságralos para el día de la matanza. 4(¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y la hierba de todo el campo estará seca? Por la maldad de los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.) Porque han dicho: «No ve Dios nuestros senderos.» 5- Si con los de a pie corriste y te cansaron, ¿cómo competirás con los de a caballo? Y si en tierra abierta te sientes seguro. ¿qué harás entre el boscaje del Jordán? 6Porque incluso tus hermanos y la casa de tu padre, ésos también te traicionarán y a tus espaldas gritarán. No te fies de ellos cuando te digan hermosas palabras.

Habacuc — Hab 1,13

13Muy limpio eres de ojos para mirar el mal, ver la opresión no puedes. ¿Por qué ves a los traidores y callas cuando el impío traga al que es más justo que él?

Habacuc — Hab 3,14-18

14Traspasas con tus dardos la cabeza de sus nobles que se lanzaban para dispersarnos con su estrépito, como si fuesen a devorar al desdichado en su escondrijo. 15Tú surcas el mar con tus caballos, el borbotar de las inmensas aguas. 16¡He oído y mis entrañas se estremecen, a esa voz titubean mis labios, penetra la caries en mis huesos, bajo mí tiemblan mis pasos! Tranquilo espero el día de la angustia, que va a subir sobre el pueblo que nos asalta. 17(Pues la higuera no volverá a echar brotes, ni habrá que recoger en las viñas. Fallará la cosecha del olivo, los campos no darán alimento, faltará el ganado menor en el aprisco, no habrá ganado mayor en los establos.) 18¡Mas yo en Yahveh exultaré, jubilaré en el Dios de mi salvación!

Jeremías — Jer 9,6

6Por ende, así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo voy a afinarlos y probarlos; mas ¿cómo haré para tratar a la hija de mi pueblo?

Jeremías — Jer 15,10-19

10¡Ay de mí, madre mía, porque me diste a luz varón discutido y debatido por todo el país! Ni les debo, ni me deben, ¡pero todos me maldicen! 11Di, Yahveh, si no te he servido bien: intercedí ante ti por mis enemigos en el tiempo de su mal y de su apuro. 12¿Se mella el hiero, el hierro del norte, y el bronce? 13Tu haber y tus tesoros al pillaje voy a dar gratis, por todos tus pecados en todas tus fronteras, 14y te haré esclavo de tus enemigos en un país que no conoces, porque un fuego ha saltado en mi ira que sobre vosotros estará encendido. 15Tú lo sabes. Yahveh, acuérdate de mí, visítame y véngame de mis perseguidores. No dejes que por alargarse tu ira sea yo arrebatado. Sábelo: he soportado por ti el oprobio. 16Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de corazón, porque se me llamaba por tu Nombre Yahveh, Dios Sebaot. 17No me senté en peña de gente alegre y me holgué: por obra tuya, solitario me senté, porque de rabia me llenaste. 18¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo, y mi herida irremediable, rebelde a la medicina? ¡Ay! ¿serás tú para mí como un espejismo, aguas no verdaderas? 19Entonces Yahveh dijo así: Si te vuelves por que yo te haga volver, estarás en mi presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Que ellos se vuelvan a ti, y no tú a ellos.

Jeremías — Jer 8,18.21

18Sin remedio el dolor me acomete, el corazón me falla; 21Me duele el quebranto de la hija de mi pueblo; estoy abrumado, el pánico se apodera de mí.

Jeremías — Jer 11,19

19Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tramaban maquinaciones: «Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»

Jeremías — Jer 15,18

18¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo, y mi herida irremediable, rebelde a la medicina? ¡Ay! ¿serás tú para mí como un espejismo, aguas no verdaderas?

Isaías — Is 52,14s

14Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana - 15otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.

Isaías — Is 53,3

3Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.

Isaías — Is 53,4

4¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.

Isaías — Is 53,6

6Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.

Isaías — Is 53,10

10Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano.

Isaías — Is 53,12

12Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebledes.

Isaías — Is 53,1

1¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló?

Isaías — Is 53,5

5El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.

Isaías — Is 25,8

8consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado.

Nuevo Testamento (29citas)

II Corintios — 2Cor 12,10

10Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.

Hebreos — Heb 12,2

2fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios.

Hebreos — Heb 11,26

26estimando como riqueza mayor que los tesoros de Egipto el oprobio de Cristo, porque tenía los ojos puestos en la recompensa.

II Corintios — 2Cor 7,4

4Tengo plena confianza en hablaros; estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.

II Corintios — 2Cor 8,2

2Pues, aunque probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad.

Hebreos — Heb 5,7

7El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente,

Hechos — Hch 3,1-10

1Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona. 2Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. 3Este, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna. 4Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: «Míranos.» 5El les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos. 6Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazoreo, ponte a andar.» 7Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos, 8y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios. 9Todo el pueblo le vio cómo andaba y alababa a Dios; 10le reconocían, pues él era el que pedía limosma sentado junto a la puerta Hermosa del Templo. Y se quedaron llenos de estupor y asombro por lo que había sucedido.

Hebreos — Heb 3,14

14Pues hemos venido a ser partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio.

Apocalipsis — Ap 7,17

17Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.»

Apocalipsis — Ap 21,4

4Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado.»

Hebreos — Heb 2,18

18Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.

I Tesalonicenses — 1Tes 4,13

13Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza.

Hechos — Hch 14,22

22confortando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a perseverar en la fe y diciéndoles: «Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.»

I Timoteo — 1Tim 4,1

1El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas,

Gálatas — Gal 2,20

20y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

II Corintios — 2Cor 1,5

5Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación.

Filipenses — Flp 3,10

10y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte,

Hebreos — Heb 5,8

8y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia;

Hebreos — Heb 12,1s

1Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, 2fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios.

I Corintios — 1Cor 12,26

26Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo.

Romanos — Rom 12,15

15Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran.

II Corintios — 2Cor 1,7

7Es firme nuestra esperanza respecto de vosotros; pues sabemos que, como sois solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo seréis también en la consolación.

Romanos — Rom 8,17

17Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados.

II Corintios — 2Cor 4,10

10Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Filipenses — Flp 1,29

29Pues a vosotros se os ha concedido la gracia de que por Cristo... no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,

II Corintios — 2Cor 4,17

17En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna,

Hechos — Hch 5,41

41Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre.

I Pedro — 1Pe 4,13s

13sino alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria. 14Dichosos de vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

Colosenses — Col 1,24

24Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia,

Evangelio (43citas)

Juan — Jn 3,14

14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,

Mateo — Mt 9,36

36Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.

Mateo — Mt 14,14

14Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.

Mateo — Mt 15,32

32Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»

Lucas — Lc 7,13

13Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.»

Lucas — Lc 15,20

20Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.

Juan — Jn 11,21.32

21Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 32Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»

Juan — Jn 11,14

14Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto,

Juan — Jn 11,36s

36Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería.» 37Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?»

Mateo — Mt 11,4

4Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis:

Lucas — Lc 4,18s

18El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos 19y proclamar un año de gracia del Señor.

Lucas — Lc 10,19

19Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño;

Mateo — Mt 8,17

17para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

Marcos — Mc 15,17

17Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen.

Lucas — Lc 13,2ss

2Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. 4O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?

Juan — Jn 9,3

3Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios.

Mateo — Mt 5,5

5Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Juan — Jn 11,4

4Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Marcos — Mc 8,31

31Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.

Marcos — Mc 9,31

31porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.»

Marcos — Mc 10,33 p

33«Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles,

Mateo — Mt 17,17

17Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!

Mateo — Mt 12,34

34Raza de víboras, ¿cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

Mateo — Mt 23,33

33«¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?

Juan — Jn 1,11

11Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Lucas — Lc 19,41

41Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella,

Mateo — Mt 23,37

37«¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!

Juan — Jn 12,27

27Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!

Marcos — Mc 14,33s

33Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. 34Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.»

Lucas — Lc 22,44

44Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.

Mateo — Mt 27,46

46Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»

Juan — Jn 14,30

30Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder;

Juan — Jn 15,13

13Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.

Juan — Jn 17,1

1Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.

Juan — Jn 12,31s

31Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. 32Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»

Juan — Jn 11,52

52- y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Mateo — Mt 25,35.40

35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; 40Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."

Lucas — Lc 9,23

23Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

Lucas — Lc 2,35

35¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»

Lucas — Lc 24,26

26¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»

Juan — Jn 15,20

20Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán.

Mateo — Mt 10,24

24«No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo.

Mateo — Mt 24,8

8Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.