Salmos — Sal 18,6-16
6los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte. 7Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos. 8La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor); 9una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos). 10El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies; 11cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó. 12Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones; 13del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego. 14Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz; 15arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota. 16El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices.
Salmos — Sal 135,7
7Levantando las nubes desde el extremo de la tierra, para la lluvia hace él los relámpagos, saca de sus depósitos el viento.
Salmos — Sal 29
1Salmo. De David. ¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios, rendid a Yahveh gloria y poder! 2Rendid a Yahveh la gloria de su nombre, postraos ante Yahveh en esplendor sagrado. 3Voz de Yahveh sobre las aguas; el Dios de gloria truena, ¡es Yahveh, sobre las muchas aguas! 4Voz de Yahveh con fuerza, voz de Yahveh con majestad. 5Voz de Yahveh que desgaja los cedros, Yahveh desgaja los cedros del Líbano, 6hace brincar como un novillo al Líbano, y al Sarión como cría de búfalo. 7Voz de Yahveh que afila llamaradas. 8Voz de Yahveh, que sacude el desierto, sacude Yahveh el desierto de Cadés. 9Voz de Yahveh, que estremece las encinas, y las selvas descuaja, mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria! 10Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno. 11Yahveh da el poder a su pueblo, Yahveh bendice a su pueblo con la paz.
Salmos — Sal 77,19ss
19¡Voz de tu trueno en torbellino! Tus relámpagos alumbraban el orbe, la tierra se estremecía y retemblaba. 20Por el mar iba tu camino, por las muchas aguas tu sendero, y no se descubrieron tus pisadas. 21Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón.
Salmos — Sal 18
1Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2Dijo: Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado). 3Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio. 4Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos. 5Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial, 6los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte. 7Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos. 8La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor); 9una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos). 10El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies; 11cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó. 12Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones; 13del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego. 14Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz; 15arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota. 16El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices. 17El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas; 18me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo. 19Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí; 20me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba. 21Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos; 22porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios. 23Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado; 24he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado. 25Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos. 26Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha; 27con el puro eres puro, con el ladino, sagaz; 28tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros. 29Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas; 30con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla. 31Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen. 32Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios? 33El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable, 34que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie, 35el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce. 36Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta, 37mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos. 38Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado; 39los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies. 40Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores, 41a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian. 42Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde. 43Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso. 44De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven; 45los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen, 46los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios. 47¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado, 48el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas! 49Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas. 50Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré. 51El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.
Salmos — Sal 97,1-6
1¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte, alégrense las islas numerosas! 2Nube y Bruma densa en torno a él, Justicia y Derecho, la base de su trono. 3Delante de él avanza fuego y a sus adversarios en derredor abrasa; 4iluminan el orbe sus relámpagos, lo ve la tierra y se estremece. 5Los montes como cera se derriten ante el Dueño de la tierra toda; 6los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos ven su gloria.